Un banquillo de lujo

(Foto: Jimmy Baikovicius)

No os voy a mentir, no sabía muy bien cómo empezar a escribir sobre el Irak-Uruguay de esta noche. Porque de Irak hemos escrito mucho y ya hemos insistido bastante en el mérito que tiene su actuación en este Mundial sub-20. No obstante, su camino no acaba en Trabzon y su partido ante Ghana será el aperitivo previo a la final entre Francia y Uruguay. Quizás hubiera sido excesivo que llegaran a la final, porque es un equipo con muchos defectos cuyas virtudes son tremendamente simpáticas para el espectador neutral. Pero han llegado lejos y han competido por la final hasta el último instante.

El carisma y la calidad de varios de los iraquíes nos ha cautivado. Aunque, al mismo tiempo, uno de sus jugadores dispara desde 40 metros, otro suelta algún taconazo fuera de lugar y el portero se come más de un centro lateral por partido. No era un equipo para llegar a la final, pero quizás tampoco para ser semifinalista en un Mundial ideal en el que la lógica siempre se impone. Pero si esto sucediera siempre estas historias no tendrían cabida y Japón habría dejado fuera a Irak antes de empezar el torneo. Al fin y al cabo, Irak ha liderado un grupo complicado y ha peleado sus tres eliminatorias hasta el final pese a su fragilidad defensiva o su incapacidad para cerrar los partidos y controlarlos cuando está por delante en el marcador.

Por parte de los charrúas, podríamos hablar de su enorme capacidad para competir, para estar siempre metidos en el partido, de su sólida defensa o quizás de sus dificultades para definir en este último encuentro. Han tenido muchísimas ocasiones y sólo han metido una. Y todos sus penaltis excepto el primero, claro. Aunque quizás lo que nos queda, más allá de los tópicos y lo expuesto hasta ahora, es la cantidad de recursos de los que dispone. Sobre todo por su capacidad para adaptarse a los encuentros y modificar su dinámica en su favor de forma efectiva a través de las sustituciones. Los tres cambios de Verzeri fabricaron el gol del empate: balón de Rolán para que Avenatti lo bajara de cabeza hacia la incorporación de Gonzalo Bueno desde atrás. Uruguay empató de esta forma, cuando parecía que el tiempo corría demasiado rápido en su contra.

Así pues, Uruguay ha hecho muchísimos méritos para estar en la final. Sus partidos ante España e Irak no empezaron de la mejor manera, pero el conjunto sudamericano los fue llevando a su terreno, poco a poco. Acabaron definiéndose tras los 90 minutos, por pequeños detalles, pero, en las fases decisivas, cuando los partidos se acercan a su fin, la victoria siempre parece estar más cerca del bando charrúa que del rival. ¿Por qué sucede esto? Pues quizás porque la línea defensiva, con Cristóforo y Gino por delante, es extremadamente fiable. Porque Cristóforo roba y distribuye incluso en la prórroga, cuando todos están agotados, y Silva jamás se pone nervioso. O porque, cuando los adversarios ya están desgastados, dan entrada a un futbolista tan desequilibrante en el uno contra uno como Rolán y a otro tan superior en el juego aéreo como Avenatti. Pese a las dos últimas prórrogas, Uruguay competirá ante una Francia que llega muy fuerte.

Foto de portada: : Jimmy Baikovicius

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