Partido Polish Boyfriend: de nacer en un foro de Internet a Primera en 5 años

Minsk (Foto: Andrea)

Bielorrusia sigue siendo un agujero para muchos. País hermético, ha sido noticia los últimos meses con el Nobel de Literatura ganado por Svetlana Alexiévich, quien entre otras cosas nos ha contado de forma desgarradora cómo la radiación de Chernóbil sigue destrozando familias mientras las autoridades callan. Pocos estados tienen tantas cicatrices en su territorio: fue escenario de algunas de las batallas más crudas de las dos Guerras Mundiales, de la soviético-polaca, de la Guerra Civil rusa, de matanzas, pogromos y Chérnobil.

El país busca un camino hacia la modernidad. Zona históricamente rural, ocupada siempre por rusos, polacos o lituanos, para muchos ni siquiera tenía personalidad propia. Aunque la tiene, pero confusa: por su suelo han pasado todas las guerras, por lo que se mantiene una relación compleja con el pasado, y el gobierno de Aleksandr Lukashenko sigue usando símbolos comunistas. Un país con viejas placas, monumentos o memoriales que recuerdan poblaciones que habitaron aquí como polacos, judíos, lituanos, alemanes. Sus lenguas ya no se escuchan. Y el bielorruso no tiene peso: le ha faltado su espacio, a la sombra de la lengua rusa. Alexiévich escribe en ruso, por ejemplo.

A nivel deportivo, Bielorrusia tampoco suele ser un país protagonista, más allá de alguna medalla en deportes de invierno o atletismo. Aleksandr Lukashenko invirtió mucho dinero en su disciplina preferida, el hockey sobre hielo; aunque no se han obtenido grandes resultados. En fútbol, deporte popular (aunque no del gusto del presidente), la selección no se mete en fases finales y el histórico Dinamo de Minsk, ese que llegó a ganar una liga soviética en un episodio aislado de gloria, no consigue recuperar su lugar central pese a que ahora se levanta su nuevo estadio y ha jugado la Europa League. Ahora manda el BATE Borisov, un club marginal que gracias al empresario Anatoly Kapsky gana ligas (ya suma 10 consecutivas), juega la Champions y se ha ganado el respeto de Lukashenko, que participó en la ceremonia para poner la primera piedra del nuevo campo del BATE hace años.

Sea como sea, el país busca el equilibro entre tradición y modernidad. Y en el fútbol abundan clubes sin demasiada historia. El campeón, el BATE, era el equipo de una fábrica de automóviles y tractores de Borisov, ciudad de provincias. Fue fundado en 1973 y refundado en 1996. Sus rivales en Primera se crearon, todos, después del 1960, con la excepción del Dinamo de Minsk, de 1927. Incluso uno, el Shakhtyor Saligorsk, fue creado en 1961 en una ciudad… creada en 1958. Sí, la ciudad fue construida junto a un complejo minero e industrial diseñado por el gobierno soviético, por decreto. Un país joven que tiene cuatro equipos en Primera nacidos en el siglo XXI: FC Minsk (2006), Isloch (2007), Gorodeya (2004) y el nuevo invitado, el más joven: el FC Krumkachy, club fundado en 2011 con un nombre curioso. Krumkachy quiere decir “los cuervos”. Sí, visten de negro.

Este club es diferente a todo, detrás no se esconden industriales o políticos. El club fue creado gracias a un grupo en el foro de la página web del periódico deportivo ‘PressBall’, donde nació la idea de crear un equipo amateur que empezó en la última categoría con 11 jugadores fuera de forma. O sea, once tipos, en pijama, en casa, pasaron de charlar sobre fútbol a crear un club. Y el periódico PressBall les dio cobertura. Eran, de algún modo, sus hijos. En Minsk, la capital, donde juega el equipo de los cuervos, la gente tiene necesidad de cosas nuevas, de diversión, de cosas frescas. Y mucha gente se interesó por la nueva entidad, que encadenó dos ascensos en dos años. Finalmente, en 2014, el equipo ascendió a Segunda. Y aquí la cosa cambió. En una categoría más o menos profesional, los cuervos empezaron a perder los partidos. Eran casi un grupo de amigos contra rivales con mayor estructura.

Hasta que llegó Oleg Dulub, un exjugador del Dinamo de Minsk que aceptó el reto de entrenar al Krumkachy. Dulub había destacado como futbolista y como técnico, entrenando en clubes importantes del país como el Dinamo o el Neman Grodno. Ahora buscaba un lugar para poder exponer sus ideas… y es un enfermo de las estadísticas. Le encanta el deporte americano, sigue el hockey hielo y su película favorita es Moneyball. Y Dulub, con el permiso de los amigos que dirigen el club, se puso manos a la obra. Le tocó trabajar fuerte para poder dar estructura al club: pidió cesiones a entidades grandes y convenció al presidente, uno de esos once locos del foro, que debía renunciar a jugar partidos. Aunque la última temporada, Denis Shunto, el presidente, aún se vistió de corto en dos duelos.

Dulub sumó a la causa a jugadores de diferentes sitios, como dos viejos internacionales bielorrusos camino de los cuarenta años: Sergey Kovalchuk, un goleador que parecía descartado para jugar en Primera como Sergey Koshel; el portero Kostyukevich, un tipo que abandonó el fútbol joven por problemas de salud y hacía de ayudante de Dulub. Hasta que se tuvo que poner un día debajo los palos de nuevo. Poco a poco, la gente empezó a llenar las gradas del viejo campo Olimpiyskiy, en el centro de Minsk. Con capacidad para 600 personas oficialmente, empezó a tener más de mil en las gradas. En Internet se hablaba del club y la masa social creció gracias a la presencia de Dulub en los medios de de comunicación, los resultados, la imagen desenfada y el fichaje de la masajista Yuliya Skshinetskaya, que apareció también en la televisión con vestidos cortos. Y todo, acompañada por su marido, el capitán del equipo: Aleksander Skshinetskiy.

Con Dulub, el Krumkachy consiguió el ascenso a Primera durante la última temporada. El día del triunfo por 2-0 sobre el Dnepr Mogilev, uno de los clubes históricos del país, las 1.500 entradas se acabaron cinco días antes del partido. El ascenso generó un debate: según muchos analistas o directivos era la prueba del mal momento de un fútbol que permite que un club casi sin estructura ascienda. Otros dijeron que era una historia fresca, especialmente porque absolutamente todos los equipos del país tienen algún porcentaje de ingresos gracias a donaciones públicas, ya sean de regiones o municipios. Excepto los cuervos. Al ser el único club que no ha buscado el apoyo de políticos, muchos jóvenes se han sumado su causa. Aunque el ascenso implicó buscar más dinero. Después de una campaña de peticiones por las redes, la principal marca de cerveza, Krinitsa, firmó un contrato de tres años de patrocinio. Cerveza, eso sí, propiedad del estado. “Es el patrocinador ideal, fútbol y cerveza, eso es el esíritu del Krumkachy”, dijo el presidente Denis Shunto. El Krumkachy es un club diferente. En 2014 entrenó con ellos Mikhail Gabrovski, uno de los jugadores más famosos del país. Con un matiz: es jugador de hockey sobre hielo y entonces, después de dejar los Washington Capitals, no tenía equipo. Ahora juega en los New York Islanders.

Cada día, los cuervos suman más fans en las redes. Y en su campo, claro. Este fin de semana, el club ha debutado en casa en Primera en la segunda jornada de liga con nuevas cara como Vyacheslav Hleb, hermano de Aleksandry autor de un gol en la victoria por 2-1. El estadio, con una nueva grada, no se ha llenado, aunque se han superdo los 1500 hinchas. En la primera jornada el club empató en el campo del Belshina, con el centrocampista Yevgeniy Shikavka marcando el primer gol del club en Primera. Ahora llegó el debut en casa contra uno de los clubes veteranos, el Neman Grodno, de 1963. Campeón de copa en 1993 y subcampeón de liga en 2002. El club ya existía cuando no habían nacido los fundadores del Krumkachy. O sea, el club suma 4 puntos de 6. Un buen debut.

El Krumkachy ya juega en Primera. Y Shunto afirma que la idea es conseguir ser la entidad “más popular del país”. De un foro de internet a Primera en menos de cinco años. Nada mal, ¿verdad?

Foto de portada: Andrea

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2 comments

Bueno,un equipo mas de esos pequeños (Eibar,Gazelec,Carpi,Darmstard,Ingoldstad,Bournemouth,etc)que estan llegando a primera con buen trabajo y sin “Dinero”.Como siempre gran articulo.

Siempre quedará esa duda de qué pensarían esos jugadores “de pijama” con la llegada de Dulub… Una historia bonita y con tintes surrealistas, como Bielorrusia misma. Gracias, Toni.

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