Partido Polish Boyfriend: el derbi del Cáucaso, entre bailes, bombas y estrellas

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En su momento Chechenia fue uno de los rincones más peligrosos del planeta. Ahora goza de una calma relativa gracias a un presidente que pasó de ser un líder guerrillero armado contra Moscú a ser el gran aliado de Moscú. Nunca ha sido fácil entender el Cáucaso, gran mosaico de identidades regionales. Al norte, Rusia. Al sur, tres estados: Georgia, Armenia y Azerbayán. Una zona donde se encuentran, en la puerta trasera de Europa, culturas y contradicciones. Una tierra sin libertades democráticas aunque con edificios lujosos. Con equipos de fútbol y presidentes activos en las redes sociales.

En el Cáucaso conviven decenas de naciones, pueblos, culturas y lenguas que no siempre tienen una región autónoma, una República o un estado que los defienda políticamente. Chechenia estalló en su momento, aunque finalmente Moscú encontró la forma de controlar la situación. Ahora, su polvorín se encuentra en el Daguestán, justo al lado. Y este fin de semana los equipos de Chechenia y el Daguestán juega un partido de liga en que se enfrentan vecinos de una tierra maravillosa a la vez que compleja. El conjunto checheno, antes llamado Terek de Grozni y ahora conocido como Akhmat, representa a los chechenos. El equipo de Daguestán, el Anzhi, no representa a una comunidad concreta pues la República del Daguestán tiene decenas de grupos étnicos mezclados. Se trata de la república más heterogénea de Rusia, donde ningún grupo étnico constituye una mayoría. Un rompecabezas.

Lunes 7 de mayo, 18:30h, Anzhi-Akhmat Grozni

Aquí los rusos son minoría. Aunque se anexionaron estas tierras a sangre y fuego entre los siglos XVIII y XIX, cuando el Imperio ruso crecía en todas direcciones incorporando tierras donde no había ni rusos, ni culturas parecidas. Por eso zonas como Chechenia o el Daguestán, musulmanas y con otras lenguas, siempre han sido un foco de inestabilidad. En las últimas tres décadas Chechenia ha visto dos guerras, muchos atentados y el Daguestán es ahora un lugar donde muchos jóvenes se unen a grupos islamistas y se marchan hacia sitios como Siria. No debería ser el lugar más ideal para jugar al fútbol, y pese a ello, por aquí han pasado hombres como Eto’o o Roberto Carlos. Aunque con trampa: en ocasiones los jugadores de estos clubes vivían en Moscú y solo visitaban su estadio para jugar un partido y volver.

Picture by Paul Gaythorpe/Focus Images Ltd +447771 871632.14/03/2013.Mbark Boussoufa of Anzhi Makhachkala takes a free-kick during the UEFA Europa League match at St. James's Park, Newcastle.
Boussoufa coincidió con Eto’o en el Anzhi. Foto: Focus Images Ltd.

En Rusia, el 65% de los clubes de Primera y Segunda pertenecen a gobiernos regionales o municipales. Así que el deporte es un arma política de estos gobiernos, normalmente aliados de Putin. La idea es clara: encontrar un político local que tenga poder para mandar en su tierra, aunque sea vasallo de Putin. Y Moscú lo premia con fondos económicos. Por eso Grozni, una ciudad que fue destrozada por dos guerras, ha sido reconstruida y hoy no queda rastro de la guerra. Por eso el gobierno local pone dinero al club, para que la población sienta que las cosas funcionan gracias a Putin y su aliado, Ramzan Kadyrov.

El derbi del Cáucaso llega con el Akhmat checheno ya salvado, en el centro de la tabla. Y el Anzhi de Makhachkala luchando porque puede descender. En el partido de ida en Grozni, empataron a uno con gol visitante en el minuto 90, justo cuando ya había abandonado el palco el hombre que controla el Akhmat, Ramzan Kadyrov, el presidente de Chechenia. Kadyrov presenció ese partido con un gato en su regazo. Kadyrov es un personaje. Cuando ganó las últimas elecciones locales con el 98% de los votos, se puso una armadura medieval. Organiza combates de boxeo y lucha libre en que suele participar. Persigue opositores y musulmanes, cuelga vídeos donde dispara armas pesadas y lo bautiza todo con el nombre de su padre.

El estadio del club se llama Estadio Akhmat Kadyrov, su padre. Y el club se bautizó así, Akhmat, en honor al primer Presidente de Chechenia, asesinado el año 2004 precisamente en el estadio de fútbol de Grozni, cuando una bomba estalló durante un desfile militar. Cosas del destino, en los años 80 y 90 Akhmat Kadyrov era un líder de las guerrillas separatistas chechenas. Barbudo y armado con un AK-47, mató a centenares de soldados rusos desde los montes. Era uno de los grandes enemigos de Rusia, que perdió por momentos el control de Chechenia, especialmente entre los años 1994 y 1996. Luego, en la segunda guerra chechena, en 1999, Putin, listo, utilizó la vieja táctica de comprar al enemigo al que no puedes derrotar y Kadyrov se pasó a su bando. Akhmat Kadyrov, con su hijo a su lado, pasó a perseguir a sus viejos compañeros de armas, asesinó a líderes islamistas y se convirtió en el primer Presidente Checheno, jurando fidelidad a Putin a cambio de mucha libertad para operar en su tierra. Y con dinero fresco de Moscú, empezó a reconstruir un país que pudo sacar pecho con su cultura chechena, sin romper con Rusia. Putin pedía estabilidad y respetar su autoridad. A cambio, Kadyrov se convirtió en un dictador de facto en Chechenia. Después de ser asesinado, su hijo continúa la obra ordenando que se respete la cultura chechena, la bandera rusa y la religión musulmana. El lujo es compatible con pistolas de oro en palacio o con pedir ser musulmanes piadosos. Es compatible organizar fiestas con artistas internacionales y que el presidente diga que le parece genial un grupo de tipos que lanza pintura a las mujeres que no visten como musulmanas conservadoras.

Y en medio, el fútbol. En 2004, el Terek ganó la Copa cuando en la zona aún se escuchaban disparos y Akhmat Kadyrov era asesinado. En 2008, se estabilizó como club de Primera. La guerra aún era un recuerdo cercano y el fútbol era un arma para dejar claro que Moscú seguía mandando en Chechenia: si se jugaba la liga, era sinónimo de orden. Aunque es un equilibro complejo. Durante los primeros años, los jugadores del club no podían vivir en Grozni. Vivían en Moscú o en zonas más cercanas como Sochi. Y cuando llegaban a Grozni, lo hacían controlados por centenares de militares. Poco a poco, el gobierno tiránico de Kadyrov puso orden y ahora los jugadores ya viven en Grozni. Aunque pocos hinchas visitantes se desplazan. La mayor parte de hinchadas de equipos rusos se encuentran controladas por radicales de derechas racistas, que en ocasiones agreden a trabajadores caucásicos en Moscú o San Petersburgo. La derecha radical rusa no quiere a los caucásicos en sus ciudades aunque tampoco quiere que puedan ser independientes.

Kadyrov llegó a ser jugador del Terek a mediados de los años 90, cuando se llegó a jugar un torneo que fingía ser una liga chechena independiente. Eran los años en los que los Kadyrov luchaban por una Chechenia independiente. Después de aliarse con Putin, Kakdyrov presidió el club hasta el año 2011. Ahora lo controla. Como lo controla todo, en Chechenia. Hace dos años, Kadyrov decidió bautizar el club con el nombre de Akhmat, ya en el nuevo estadio inaugurado, después de unas obras que costaron más de 300 millones de euros. Un estadio en que suele organizar partidos amistosos con viejas leyendas como Maradona, Romario o Dunga, pues Kadyrov quiere aparentar una imagen de felicidad en la que los deportes gozan de un papel central. En este vídeo, Kadyrov baila danzas tradicionales después de un amistoso en honor al anivesario de Putin. En Chechenia el presidente baila y no hay guerra. Aunque se han asesinado opositores y se persigue a los homosexuales, con denuncias de que han sido encarcelados sin juicio.

Su Akhmat, el club bautizado en honor de su padre, se mantiene en primera entre situaciones raras. Por ejemplo, durante un partido contra el Rubin, el presidente checheno gritó por megafonía, en mitad del encuentro después de una expulsión: “el árbitro está vendido, es un gilipollas”. Si el Akhmat seguirá en primera, el Anzhi no lo tiene claro. Ese equipo que durante dos años fue capaz de fichar algunos de los mejores jugadores del planeta, ahora sufre por su futuro. Estos últimos años, el Daguestán se ha convertido en una de las zonas más peligrosas de Rusia, con bombas, desapariciones de activistas y violencia.

En su momento, el empresario local Suleyman Kerimov, hombre de Putin, intentó imitar el modelo del Terek, aunque gastando aún más dinero. Por eso llegaron Hiddink como entrenador y jugadores como Eto’o, Willian, Kokorin, Zhirkov o Roberto Carlos. Kerimov hizo fortuna en Moscú invirtiendo en el sector de la banca o el gas, entrando en la política cuando se convirtió en uno de los principales diputados del Daguestán en la Duma. Convertido en el hombre fuerte de Putin en su tierra natal, en la que no vivía aunque invertía dinero, creó una fundación privada para liderar inversiones especialmente en la capital, la ciudad de Makhachkala. La idea era demostrar que trabajando unidos con Moscú todo funcionaría. Y así entró en el fútbol. El Anzhi se había fundado en los años 90 sobre la base de otros clubes locales. El nombre quiere decir “perla” en uno de los idiomas locales, el cumuco. En Daguestán se hablan más de 20 lenguas.

Hiddink dirigió al Anzhi. Foto: Focus Images Ltd.
Hiddink dirigió al Anzhi. Foto: Focus Images Ltd.

En 2011, Kerimov lo compró y empezó a fichar estrellas. El club jugó dos finales de Copa y en 2011 acabó tercero en Primera, su mayor éxito. Rasul Khabullayev, portavoz del club, admitió en 2011 que “el fútbol juega un papel muy positivo en nuestra sociedad. Permite potenciar la economía y ayuda a estabilizar nuestra región. Necesitamos modelos positivos y el Anzhi quiere ser uno”. Kerimov se llegó a gastar en una temporada 250 millones de euros, aunque en 2014 anunció que el presupuesto se reducía y muchas estrellas marcharon. Finalmente, en 2016 lo vendió al empresario Osman Kadiyev.

¿Qué sucedió? No existe una explicación clara. Parece que Kadiyev perdió interés. Oficialmente se habló de problemas de salud de este empresario que suele pasar temporadas largas en la costa azul, cerca de Niza. Y también que perdió dinero en alguna operación internacional, cosa que provocó que llegara a ser detenido en el aeropuerto de Niza por evasión fiscal, aunque pudo salir airoso de este incidente. Más peso tuvo que la situación en Daguestán empeoró. Milicias islamistas, enfrentamientos entre comunidades, represión policial… Moscú decidió que más que facilitar inversiones como en Chechenia, era mejor la mano dura y que se hablara poco de una región que sigue siendo un sitio muy peligroso. Con Kadiyev, el Anzhi tiene menos potencial económico y se puede convertir en un club ascensor, con descensos y ascensos. El equipo suele pasar semanas en Moscú, lejos de una ciudad insegura. Y todo, con un nuevo propietario que ha sido relacionado con el crimen organizado.

Foto de portada: MarcadorInt.

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