Partido Polish Boyfriend: Dos históricos hundidos condenados a no poder ser rivales

Mostar - Clàudia Rius

En 1986, el Velež Mostar ganó la copa yugoslava. En la final, derrotó al Dinamo de Zagreb por 3-1. Dos años después, la copa yugoslava la ganó el Borac de Bania Luka derrotando al Estrella Roja. O sea, dos campeones de Copa bosnios en tres años. En los años 80, los equipos de Bosnia vivían días felices. La mitad de las 10 finales de copa yugoslava de esa década tuvieron representación bosnia y la final de 1982, por ejemplo, enfrentó a dos de sus clubes, el Velež Mostar contra el Zeljeznicar de Sarajevo. Además, en 1985 el FK Sarajevo ganó la liga. Muchos bosnios jugaban en la selección. Sumado a los Juegos Olímpicos de 1984 en Sarajevo, el escenario era positivo. Pese al poder del fútbol serbio y croata, Bosnia tenía su espacio.

30 años después de esa final de Copa, el Velež juega en Segunda división bosnia. Y el Borac de Bania Luka también. De ganar títulos con toda Yugoslavia unida, a ni poder jugar en Primera de la liga bosnia. Los dos descendieron a segunda esta última temporada. Y el Velež, además, ocupa de momento zona de descenso a Tercera, arruinado. Los dos equipos, pues, juegan en Segunda. Aunque no pueden ser rivales. Es literalmente imposible. ¿Cómo es eso? Sencillo: en Bosnia existen dos grupos de segunda división diferentes y jugar en uno u otro no depende de la situación geográfica. Depende de la política. El Borac, equipo serbio, no puede ser rival del Velež, equipo bosniaco de la comunidad musulmana de la ciudad de Mostar. Justo el fin de semana de un referéndum que amenaza con romper el equilibrio en Bosnia, el destino de ambos equipos permite seguir el curso de la historia reciente de esta tierra.

Las cicatrices de la guerra aún se perciben en cada aspecto del día a día en Bosnia. Y el enfrentamiento entre las tres comunidades, la bosníaca (musulmanes), la serbia (ortodoxos) y la croata (católicos) obligó a buscar equilibrios extraños diseñando un estado con una presidencia de la República tripartita. O sea, tenemos tres copresidentes, uno para cada nación. La organización interna, pues, siempre es compleja y el fútbol también refleja esta realidad. Ahora tenemos una sola primera división, aunque hace 20 años teníamos tres ligas diferentes. En 1994, en plena guerra, se fundó una liga de fútbol de equipos bosníacos. Ese mismo año, se creó una liga de fútbol de clubes croatas. Separados, enemistados. Y un año más tarde, en 1995, los serbios de Bosnia crearon su liga. Durante un puñado de años, pues, en Bosnia se jugaban tres ligas diferentes, con tres campeones.

Srebrenica.
Las cicatrices de la guerra aún se perciben en cada aspecto del día a día en Bosnia. Foto: Clàudia Rius.

La cosa empezó a evolucionar en 1998, cuando se organizó por primera vez un play-off final entre los mejores clasificados de las ligas bosníacas y croatas. Sistema que se jugó en 1998 y en 2000. En el año 2000, las diferentes federaciones de las tres comunidades no se podían negar a seguir jugando solas. La UEFA les abrió la puerta a jugar con normalidad sus competiciones si creaban una liga conjunta. La primera liga unificada del fútbol bosnio, finalmente, nació en el año 2000, aunque los equipos serbios no participaron en ella hasta la edición de la temporada 2002/03. Dentro de los acuerdos se pactó esta bicefalia en la segunda división. Un grupo, ese con el Borac, con los equipos de la llamada República Srpska, la zona de mayoría serbia, y otro grupo para la Federación de Bosnia-Herzegovina, con clubes croatas y bosníacos, como el Velež. Las dos entidades que, unidas, forman Bosnia.

El Velež, unido en la miseria

¿Cómo ha acabado en Segunda el histórico Velež? Su historia es la historia de su ciudad, Mostar, y de su puente, cómo no. Mostar, destino turístico de primer nivel, gira alrededor de su puente. El puente de Stari Most, construido por los turcos en el siglo XVI, el símbolo de la ciudad. Y fue el símbolo de Bosnia. Es más, toda Bosnia, como todos los Balcanes, ha sido siempre comparada con un gran puente entre oriente y occidente. Los siglos de dominación de esta zona por el Imperio Otomano convirtieron a los Balcanes en una zona de mestizaje, de cruce de culturas. Millones de súbditos del Imperio Otomano, de ojos azules y rubios, se convirtieron al islam. Otros siguieron fieles a sus iglesias. Los croatas, católicos; los serbios, ortodoxos. Bosnia ha sido siempre una zona de convivencia entre religiones y culturas. Así que también era un polvorín. Dos puentes han simbolizado esta tierra. El de Višegrad, famoso por la famosa novela “Un puente sobre el Drina” de Ivo Andrić, Nobel de Literatura yugoslavo, y el de Mostar. El de Mostar estalló en mil pedazos en 1993. La imagen de la destrucción de este monumento fue tan simbólica como el libro de Andrić. Las tropas croatas lo bombardearon. Sin puente, el río dejó de unir. Ahora el puente se ha reconstruido, aunque la ciudad sigue dividida.

El puente, símbolo de unión, pasó a ser símbolo de separación. Cuando estalló la guerra y las repúblicas yugoslavas se atomizaron, Bosnia, al ser la zona con más variedad demográfica, se convirtió en el peor campo de batalla. Los radicales croatas la querían toda para ellos. Los radicales serbios, toda para ellos. Los bosníacos, de confesión musulmana, optaron por pedir ser independientes y no depender ni de unos ni de otros. Cada grupo pedía las mismas tierras para ellos. Mucha gente fue desplazada. Como el Velež Mostar. El club dejó de jugar en su estadio y acabó exiliado. El Velež Mostar era uno de los mejores equipos de la zona durante los años 60, 70 y 80. Ganó dos copas y jugó en Europa. El estadio de Bijeli Brijeg, construido en 1971, era una caldera donde no era fácil ganar. Aquí perdieron equipos ingleses o soviéticos durante los años 70 y 80. El Velež era el equipo de la ciudad, donde jugaban musulmanes, croatas y serbios. Aunque todo cambió con la guerra de los Balcanes, cuando la ciudad quedó dividida en dos. Al oeste del río, croatas católicos. Al este, los musulmanes.

El estadio de Bijeli Brijeg quedó en la zona croata, pese a ser el feudo del Velež, el club más amado en la comunidad bosníaca. Así que el equipo se quedó sin su estadio. Las autoridades croatas entregaron el estadio a otro club, el Zrinjski, entidad fundada en 1905 por jóvenes nacionalistas croatas, que durante los años del comunismo fue vista como un símbolo del radicalismo croata y eliminada. Con el fin de Yugoslavia, los croatas desempolvaron sus símbolos y el Zrinjski fue refundado en 1991. Ahora es incluso más exitoso que el Velež y juega en su viejo estadio con las gradas llenas de croatas, muchos de ellos radicales de extrema derecha. El Velež juega en el este de la ciudad, en el improvisado estadio de Vrapčići, con sus ultras, de extrema izquierda. Obviamente, los que gritan son los que llaman más la atención y ocultan que aún hoy muchos croatas de la ciudad prefieren al Velež y muchos ciudadanos pasan de los dos equipos.

Mostar. Foto: Clàudia Rius.
Mostar. Foto: Clàudia Rius.

Sea como sea, si el Zrinjski tiene empresarios locales detrás y se nutre de la economía de la zona croata, bien conectada con el estado croata, el Velež sufre. Nunca ha acabado entre los tres primeros de la liga bosnia, vive de su pasado y finalmente descendió, sin dinero. La hinchada del Velež ha pedido en diferentes momentos poder volver a su estadio de Bijeli Brijeg, pero asume que no sucederá en breve y por eso este verano ha inaugurado un terreno de césped artificial al lado de su nuevo campo de Vrapčići. Una pequeña alegría en un verano duro, pues además del descenso se vivió una reunión de socios en el céntrico Hotel Bristol en que uno de los puntos del programa era la posible desaparición por falta de dinero. Lleno de deudas, el club se quedó sin presidente ni directiva y solamente el amor de su gente salvó la situación. Sea como sea, el Velež devuelve deudas y juega con un equipo joven que pugnará por evitar otro descenso. Lejos quedan esos años 80 en los que tenía hinchas entre croatas, serbios o musulmanes y era símbolo de unión. Ahora lucha por sobrevivir en un exilio a 7 kilómetros del centro de la ciudad, en un estadio que aprenden a amar. Aunque sientan como suyo el campo donde no pueden jugar. Este fin de semana, el Velež, símbolo de su nueva realidad, juega contra el Sloga de Simin Han, equipo de una población de 1.300 habitantes. Y el Zrinjski lidera la liga. Eso duele en el Velež.

El Borac, un luchador en el exilio

Si el Velež se siente exiliado, el Borac sabe a la perfección como es eso de vivir exiliado. Bania Luka, con sus 185.000 habitantes, es la capital de facto de la República Srpska, la entidad política de los serbios de Bosnia. Formalmente la capital es Sarajevo, aunque, en realidad, es Bania Luka el epicentro político de esta República que amenaza con pedir la independencia o unirse con Serbia cada cierto tiempo. El Borac fue siempre el equipo más grande de la comunidad serbia de Bosnia con sus éxitos en años 90. Entonces, el 50% de la población era serbia. Ahora son el 87%. La guerra modificó la demografía, aunque el Borac siempre se ha sentido un club serbio. Así lo deja claro su escudo, con los colores de la bandera serbia. Borac, en serbio, significa luchador. Y sí, al club le ha tocado luchar. Fundado en los años 20, en sus inicios era un equipo identificado con movimientos de izquierda. Con sindicatos y asociaciones progresistas, aunque poco a poco quedó encasillado como la institución de los serbios de la zona.

Así, con el estallido de la guerra, el Borac tomó partido. Cuando eslovenos, croatas o bosníacos querían romper Yugoslavia, el Borac decidió seguir jugando como fuera en la liga yugoslava para dejar claro que seguía las órdenes del gobierno de Belgrado. ¿Pero cómo podía jugar la liga yugoslava el Borac, cuando toda Bosnia estaba en llamas? En la ciudad se vivieron enfrentamientos, asesinatos, combates y cuando se salía de Bania Luka, feudo serbio, se tardaba poco en encontrar la línea del frente. La solución fue crear el “Borac Belgrado” en 1992. Era una solución doble: permitía jugar en Serbia y permitía competir en la liga yugoslava, que en 1992, oficialmente, ya había quedado reducida a clubes serbios y montenegrinos. La UEFA y la FIFA no hubieran aceptado ver un club bosnio compitiendo en esa liga porque en 1991 estas entidades prohibieron la práctica del fútbol en Bosnia como consecuencia de la guerra. Así que la nueva institución, con sede en Belgrado, era el viejo Borac. Durante tres años, los jugadores hacían el viaje entre Bania Luka y Belgrado, siguiendo diferentes rutas. Primero jugaron en cualquier campo libre, en poblaciones cercanas a Belgrado como Sid, Valjevo o Kotsolac, hasta que fijaron su campo en la ciudad de Bac.

La fórmula, potente a nivel simbólico pues dejaba clara la voluntad de muchos serbios de Bosnia de seguir unidos a Serbia de alguna forma, fue un desastre a nivel logístico. En 4 años en Borac sufrió tres descensos y sus jugadores se largaron a clubes serbios. En 1995, el Borac llegó a competir en dos torneos diferentes, en la quinta división serbia y en la recién creada liga serbia de Bosnia, jugando de nuevo en su campo, en Bania Luka. Ese primer año, el equipo juvenil jugó la liga en Bosnia y el primer equipo, en Yugoslavia. Poco después, el fútbol bosnio se organizó y el Borac dejó de jugar en Bac. Se centró en la liga bosnia y la ganó en 2011.

El descenso del año pasado fue un golpe fuerte, aunque el proyecto parece destinado a volver a Primera. Convertido en un símbolo nacionalista serbio, el Borac jugará esta semana contra otro club llamado Borac. Este, de la ciudad de Samac. Y aunque pueda parecer lo contrario, este Borac fue fundado antes. En los años 10 y 20 fue normal ver nuevos equipos llamados así. Solían ser clubes de tendencia socialista. Ahora sus gradas son pobladas de jóvenes nacionalistas, de derechas. Los tiempos cambian. Y los viejos clubes cambian de piel. Y de división.

Sábado 23 de septiembre, 15:30h: Borac Banja Luka-Borac Samac

El partido se juega un día antes del referéndum organizado por la República Sprska de forma unilateral sobre si el 9 de enero será considerado día de fiesta nacional. El 9 de enero es una festividad ortodoxa, aunque también fue el día 9 de enero de 1992 cuando los serbios de Bosnia, como respuesta a la proclama de independencia de Bosnia, se declararon a la vez independientes del nuevo estado bosnio. Una fecha significativa en la escalada de violencia. Para muchos observadores internacionales, sería un paso más de la República Sprska hacia una propuesta para pedir la independencia, creando un nuevo estado que, ahora mismo, no gozaría del apoyo de la mayor parte de la comunidad internacional. Milorad Dodik, primer ministro de la República Sprska, afirmó que “Kosovo fue arrebatado de forma ilegal a los serbios. Si Kosovo pidió ser independiente, no existe ninguna razón por la cual la República Sprska no pueda ser independiente si así se decide”. El frágil equilibrio bosnio se puede romper. En muchos aspectos, las comunidades, no han caminado juntas. Y la segunda división ha reflejado más la realidad que la Primera.

Foto de portada: Clàudia Rius.

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5 comments

Algún día la historia reconocerá el maltratao que se ha hecho a Serbia y a los serbios por la comunidad internacional tras la guerra. Totalmente incomprensible que se cree un país nuevo con una zona claramente serbia dentro de él, o que muchos estados reconozcan a otro país nuevo formado por la invasión de albaneses en una zona histórica serbia.

Por si queda alguna duda, lo que era el 50% y ahora es el 87% es la proporción de serbios en la llamada República Srpska, no en todo Bosnia (en el texto queda algo ambiguo). ¿Motivos? Sencillos, a los bosniacos que no los mataron les hicieron la vida imposible hasta que acabaron cediendo y marchándose de estos territorios.

Enhorabuena por el artículo.

Increíble este artículo… Como hacen para mezclar tantos hechos históricos de la política con los del fútbol? Supongo que la investigación debe haberles tomado semanas……

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Hay un errorcito de tipeo por ahí: Pusieron “dejaba clara la voluntat” 🙂

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