Partido ‘Polish boyfriend’: El líder y el gigante de la liga rumana

Niculae mudó al Astra de Ploiesti hacia Giurgiu (Foto: Ivelin Mincov)

Tiempos extraños en el fútbol rumano. En 2009 la liga la ganó el Unirea Urziceni, un club desconocido, casi sin hinchada, gracias al dinero de su propietario, Dumitru Bucşaru. El Unirea ganó la liga, jugó la Champions y en dos años se esfumó. Bucşaru, un hombre de negocios, vendió casi todos sus jugadores al Steaua pues tenía deudas con el polémico propietario de este club, Gigi Becali. En 2011 el Unirea desapareció.

El fútbol rumano ha visto como durante las últimas temporadas el dinero de magnates con negocios muchas veces dudosos se convertía en el factor clave para ganar títulos. El club con más hinchas, el Steaua, vive atado al destino de Becali, el empresario que ha sido acusado de mil delitos y siempre se sale con la suya. Acusado de mantener relaciones con la mafia, de ser homófobo, racista y violento, Becali mueve los hilos del Steaua pese a que de niño era hincha del Dinamo. Becali, metido en política, intenta evitar sentencias en contra por casos de corrupción mientras su Steaua ha recuperado cierta grandeza con buenas temporadas en Europa y el título de liga de la temporada anterior. En su momento Becali casi perdió el club, pero transfirió las acciones a una sociedad que controla su familia y sigue a lo suyo. Un día sale en la prensa por tirar un vaso de vino a un humorista en un restaurante. Otro, por definir a un jugador negro como “un mono”. Otro, por alabar líderes fascistas de la Segunda Guerra Mundial. En 2012, fue protagonista de un caso relacionado con la corrupción en el fútbol por el que el Manager General del Steaua, Mihai Stoica, fue la cárcel. Se acusaba a diferentes personalidades del fútbol rumano de sacar tajada de traspasos de jugadores pactados entre clubes rivales. Uno de los nombres del caso era el de Ioan Niculae.

Ioan Niculae es otro de estos hombres de negocios que marcan el destino del fútbol rumano. Antes del parón navideño, su equipo, el Astra Giurgiu, se enfrenta con el equipo de Becali, el Steaua, por segunda vez en una semana. Un calendario curioso, pues los dos partidos son de liga ya que el Steaua recupera partidos atrasados que pospuso para poder centrarse en la Champions. El Astra, después del partido de este miércoles, aún lidera sorprendentemente la clasificación y el Steaua, con dos partidos menos, sabe que si se pone las pilas puede atrapar a su rival. El miércoles ya ganó por 3-1 en Bucarest y, con tres puntos menos, si gana otra vez este fin de semana, ya será colíder. Si pierde, el Astra tendrá un colchón de 6 puntos contra un rival con dos encuentros por jugar. Es un partido sin rivalidad histórica, sólo deportiva. El Steaua, el equipo con más títulos y más hinchas del país, contra un equipo sin títulos y con pocos hinchas. El Astra, para muchos hinchas, no deja de ser otro “Unirea”.

En los años 30 se fundó un club llamado Astra en Ploiesti, la ciudad famosa por sus refinerías de petróleo. Durante años existió una fuerte rivalidad entre los dos equipos de la ciudad, el Petrolul y el Astra. Pese a todo, el equipo grande, el que ganó títulos y llenaba estadios, era el Petrolul. En 1998 el Astra subió por primera vez a Primera y la rivalidad se recuperó. Pero, cosas de la vida, en 2003 se decidió fusionar los dos clubes. A los hinchas la idea no les gustó, especialmente a los del Astra, que eran los que más perdían con la fusión.

Nicolov mudó al Astra de Ploiesti hacia Giurgiu (Foto: Ivelin Mincov)
Niculae mudó al Astra de Ploiesti hacia Giurgiu (Foto: Ivelin Mincov)
Finalmente, en 2005, el empresario Ioan Niculae escuchó la llamada de los hinchas del Astra y después de dos años en blanco, se fundó un nuevo Astra con la intención de mantener vivo el viejo club. Bueno, esa era la intención de los hinchas. En 2012, Niculae decidió trasladar el club del que es legítimo dueño a la ciudad de Giurgiu, en la frontera con Bulgaria, en el Danubio. A unos 130 kilómetros al sur de Ploiesti. Su ciudad natal, por cierto.

Con su dinero, el Astra se pasó a llamar ‘Astra Giurgiu’ y fichando jugadores de todo el mundo lidera la tabla. La última temporada debutó en competiciones europeas y este año quiere más pese a jugar con las gradas casi vacías. Algunos hinchas de Ploiesti aún siguen al club pese a la distancia. Otros han perdido la fe. En Giurgiu, ciudad de 50.000 habitantes, el Astra aún no acaba de enamorar y la mayor parte de los partidos se juegan con unos 5.000 aficionados en las gradas. Poco para el líder de la liga rumana. Con la visita del Steaua la cosa será diferente gracias a la afición visitante. Afición que ya sabe lo que es ver cómo su equipo, que fue campeón de Europa, se tiene que jugar los títulos contra equipos salidos del bolsillo de un empresario. Veremos qué sucede con el Astra. Si sigue los pasos del Unirea o arraiga a 130 kilómetros de la ciudad donde nació.

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1 comments

Toni ¿Se sabe algo del Otelul Galati? ¿Y del Vaslui? Me encantan tus descripciones socio-políticas!!! ¡¡Seguid así!! jejeje

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