Partido Polish Boyfriend: Fútbol en la ultraperiferia de Europa

Madeira (John6536)

De los tres máximos goleadores de la selección portuguesa, ninguno ha nacido en el continente europeo. Uno, Eusebio, era africano. El segundo máximo goleador, Pauleta, nació en las Islas Azores. Y Cristiano Ronaldo, cómo no, en Madeira.

Esta es una historia de islas. De las islas portuguesas, siempre apartadas, siempre protagonistas. Sus futbolistas han conseguido llegar lejos; sus equipos, no tanto. Reflejo de la realidad de unas islas que dependen del dinero del turismo, pues la vida lejos de Lisboa no es fácil. Si Portugal sufre por las crisis, las islas, aún más. Siempre marginadas, y con una cultura muy marcada después de siglos aisladas, con un dialecto propio y su folklore, viven un desencanto total con el gobierno, con sus jóvenes marchándose fuera (existe una fuerte comunidad de gente de Azores en Estados Unidos) y pocas opciones de trabajo. Incluso el gobierno, rescatado económicamente en su momento por la Unión Europea, tuvo que rescatar a las islas Azores en 2012, con un préstamo financiero por valor de 135 millones de euros. En 2011, se había vivido el mismo caso con Madeira, en este caso con 1.500 millones de euros, cifra muy alta porque se descubrieron casos de corrupción con dinero desviado a cuentas favorables a algunos políticos. Los incendios de los últimos años en Madeira han acabado de tocar la moral de los isleños.

Pese a todo, la anterior temporada, la 2015/16, Madeira pudo presumir de ver a tres de sus equipos en Primera. Con 111.000 habitantes, Funchal, la capital, disfrutó con los derbis entre el Nacional de Madeira, el União de Madeira y el Marítimo de Funchal. De estos, uno, el União, perdió la categoría. Y este fin de semana juega contra el Santa Clara, el principal club de las islas Azores.

Cristiano Ronaldo of Real Madrid celebrates after scoring the winning penalty during the UEFA Champions League Final at San Siro, Milan, Italy. Picture by Kristian Kane/Focus Images Ltd 07814482222 28/05/2016
Cristiano Ronaldo es el jugador más célebre nacido en Madeira. Foto: Focus Images Ltd.

Los equipos de las islas sufren porque les tocan viajes largos, tienen más gastos que otros y menos público potencial, aunque los millares de ciudadanos nacidos en las islas que viven en el continente los suelen acompañar. Entre los ciudadanos de las islas siempre se tiene la sensación de vivir medio olvidados. En un estado con una profunda crisis económica como Portugal, la situación más allá de sus costas es compleja. Madeira, más cercana, vivió años de euforia hace un siglo, en los años 20, aunque luego tuvo que esperar hasta los 70 para ver a sus equipos entre los mejores. Fueron esos años en los que el político Alberto Jardim propuso fusionar las tres entidades para poder aspirar a ganar títulos en nombre de la isla. Cómo no, la idea fracasó. En su origen, los hinchas del Nacional eran de clase alta, mientras que los del Marítimo eran los pescadores. El Unión tenía sus aficionados fuera de Funchal, en las poblaciones de la zona alta de la isla, y también entre gente de dinero de la capital. Aunque los tópicos, con el tiempo, se han difuminado y ser de un club u otro, al final, suele decidirse por tradición familiar. El União (Unión en portugués) rompió en 2015 una racha de 20 años sin jugar en Primera gracias a un lento renacer. La falta de dinero de un club tradicionalmente ligado a clases altas llevó al União hasta ligas regionales, sufriendo mucho en el Estádio do Centro Desportivo da Madeira, fuera de Funchal, en Riberia Brava. Inaugurado en 2007, el pequeño campo marca una nueva época en este club que se niega a compartir recinto con sus vecinos. Ahora vuelve a ser un campo de Segunda.

Si Madeira ha conseguido crear un espacio para sus equipos, más lejos, en las Azores, la situación es diferente. Las nueve islas del archipiélago son de gran belleza, y convierten las Azores en un buen destino turístico. Aunque hay poca salida laboral y sus jóvenes se marchan. A diferencia de Madeira, el transporte es más escaso porque la distancia es mayor. Y aquí encontramos muchas islas, repartiendo la población y dificultando la creación de estructuras. En total, unas 250.000 personas viven en estas islas descubiertas por los portugueses sobre la década de 1420. Los franceses las quisieron conquistar, aunque fracasaron y las Azores fueron punta de lanza de portugueses y españoles en sus rutas hacía América o África. En las Azores, tierras lejanas, se creó poco a poco, con el paso de los siglos, una cultura muy propia. Tanto que incluso en los años 70 nació un grupo armado de extrema derecha que pedía la independencia de las islas con bombas y armas. El independentismo tiene poca fuerza tanto en las Azores como en Madeira (Alberto João Jardim, presidente de Madeira durante muchos años, formó parte de un grupo armado clandestino de izquierdas en los 70 que pedía una Madeira independiente), pero sí tiene vigencia la sensación de formar parte de una realidad diferente.

A nivel deportivo, solamente un equipo aguanta. El Santa Clara, de la capital, Ponta Delgada, en la isla de São Miguel. Os Açoreanos, como se conoce esta entidad, ha conseguido encontrar su sitio en la segunda división lusa, compitiendo cada dos semanas en el continente. Ningún otro club de las islas juega en una categoría que no sea regional, aunque el Praiense y el Angrense, de la isla Terceira, y el Operário y el Sporting Ideal, de São Miguel, militan en Tercera. Por eso, el Santa Clara se queda toda la gloria y casi se siente como el representante de todas las Azores. El club ascendió por primera vez a Primera en 1999, una epopeya que se celebró con locura en Ponta Delgada. Entonces el entrenador era Manuel Fernandes, delantero internacional luso de los años 80. Y el capitán era el pequeño Paulo Figueiredo. Ese jugador que saltó a la fama cuando aceptó ser internacional con Angola y jugó el Mundial del 2006. Y todo, gracias a la casualidad que había nacido en Luanda cuando su padre, militar, servía en la entonces colonia portuguesa. La primera experiencia del Santa Clara en Primera acabó con descenso.

Una temporada más tarde ya estaban de vuelta, y esta vez salvaron la categoría, sacando un empate en casa contra el Benfica, derrotando al Porto y empatando en Lisboa contra el Sporting de Portugal. Fue la mejor temporada de su historia. Con Carlos Manuel, otro entrenador con pasado internacional, en el banquillo, y el español Toñito en la plantilla, el Santa Clara incluso se apuntó a la Intertoto ese 2002, superando un turno contra el Shirak armenio, antes de perder por 5-1 y 1-4 con los checos del Teplice. Esa temporada 2002/03 fue la última del club en Primera hasta la fecha.

En las últimas temporadas, el Santa Clara no ha conseguido luchar por el ascenso, aunque siempre es el objetivo. Pese a su fama local, el club también ha protagonizado sus polémicas, como cuando en medio de la crisis, en 2014, el Gobierno Regional anunció una donación de medio millón de euros al equipo, justo cuando se despedían trabajadores y muchos ancianos no podían cobrar su pensión. Desde el Gobierno se defendió la necesidad de ver el Santa Clara en Primera, porque eso generaría dinero y trabajo para la capital, aunque el Santa Clara no ascendió. Este año lucha por ello, aunque las últimas jornadas ha encadenado malos resultados. Y así llega su partido en Funchal, en el duelo contra el União. Los dos únicos clubes de Segundo que no juegan en el continente. Juegan en unas islas geográficamente africanas, aunque políticamente europeas y calificada por parte de la Unión Europea como «región ultraperiférica».

Foto de portada: John6536.

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1 comments

Interesante artículo.
Este agosto estuve en Madeira y aproveche para ver un Nacional-Benfica en Funchal. La ciudad no se ha visto muy afectada por los incendios, pero justo la parte más alta de Funchal ha quedado totalmente arrasada, y justamente ahí es donde está el estadio de Nacional. No fue mucha afición local, me atrevo a decir que el 90% de aficionados eran del Benfica. Está claro que el Maritimo es más importante. Aún así vale la pena ir, ni os imaginais donde esta el estadio, no se ni como el autobus del Benfica pudo subir hasta allá arriba.

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