Partido ‘Polish Boyfriend’: la guerra santa de Cracovia

Wisla Cracovia Foto-Michal

La ciudad de Cracovia se quedó fuera de la última Eurocopa. Pese a ser una de las ciudades más bonitas y turísticas del este de Europa, no fue elegida como sede del torneo. Y eso que es una ciudad de fútbol. La herida aún escuece en la ciudad, aunque eso no evitó que ahora tenga dos de los estadios más modernos de la región. Cracovia es cultura, historia, turismo. Y es fútbol.

Es difícil encontrar un ciudadano de Cracovia que no tenga sus preferencias futbolísticas. El Wisla, bautizado así por el río que cruza el país de sur a norte, es el equipo con más hinchas. Muchos consideran el Legia de Varsovia-Wisla como el gran clásico del fútbol polaco, aunque muchos discuten esta afirmación pues este fútbol se articula sobre una base de rivalidades complicada que rompería la simplificación de resumirlo todo en un partido. El Wisla piensa en grande y sueña con ser el gran equipo polaco (en muchos periodos lo ha conseguido), así que cuando se juega el derbi, les molesta que sus vecinos se le suban a las barbas.

Cracovia - europeancitizen

Cracovia. Foto: europeancitizen

El derbi de Cracovia es el Wisla-Cracovia. En polaco, la ciudad se conoce como “Kraków”, pero el otro equipo de la ciudad se llama así, “Cracovia“, igual que en castellano, pues se bautizó la entidad con la forma latina de la urbe.

Optar por el latín era una declaración de intenciones, pues es el idioma de la liturgia católica y Cracovia muchas veces ha sido controlada por Rusia, tierra ortodoxa. Cuando se fundó este club, el Imperio ruso, el germánico y el austrohúngaro controlaban Polonia. Se dividían la tierra como un pastel. Así que bautizar un equipo podía ser un acto reivindicativo. Creabas el “Cracovia” con un nombre latín y te reafirmabas como católico y polaco contra los imperios que controlaban tu tierra. Bautizabas otro como “Wisla” y decías lo mismo, pues este río cruza la tierra polaca y la une. Las heridas del pasado siempre están vivas en Polonia (se vio durante el Polonia-Rusia de la última Eurocopa). El estadio del Cracovia, por ejemplo, se bautizó con el nombre del gran héroe militar polaco contra los rusos, el mariscal Pilsudski.

Los dos equipos fueron entidades de éxito ya desde los primeros años de la liga polaca, en la década de los años 20. Con una Polonia ya independiente después de la Primera Guerra Mundial, el Wisla y el Cracovia ganaron ligas, dieron jugadores a la selección e iniciaron una rivalidad terrible.

Los hinchas del Cracovia se llaman a sí mismos los “Pasy” (rayados) en honor a su camiseta, con los colores de la bandera polaca. Los del Wisla los llaman “judíos” pues se suele considerar que la comunidad judía apoyaba en parte al Cracovia. Cracovia fue una de las capitales culturales de la comunidad judía del este de Europa, pero en el Holocausto la mayor parte de ellos fueron asesinados en la vecina Auschwitz. En los 20 y 30 era muy normal que las estrellas deportivas del Cracovia fueran judíos, como Leon Sperling. Y aunque existían clubes ya desaparecidos fundados por judíos como el Makabbi y el Jutrzenka, muchos miembros de la comunidad seguían al Cracovia, un equipo más grande.

La comunidad judía de Cracovia, ahora pequeña, publicó en los años 90 un informe en que alertaba del antisemitismo de la sociedad polaca, recordando como algunos supervivientes de Auschwitz fueron luego asesinados por polacos que no querían que volvieran a sus casas. En el informe se citaban los cánticos de la hinchada del Wisla contra los judíos, imitando el sonido de las cámaras de gas. Cuando los ultras del Wisla llaman “judíos” a los del Cracovia, lo hacen como insulto, pues.

En verdad, casi no quedan judíos entre la hinchada del Cracovia. A algunos incluso les molesta esta definición pues se sienten orgullosos de ser católicos.

Le pregunté a un hincha del Cracovia por este tema y casi se ofendió. “Nada de judíos. Si usamos símbolos judíos es para joder al Wisla”, me argumentó. Aunque luego, en el barrio judío, le pregunté la misma cuestión al chico que trabajaba en la tienda de una sinagoga, y me dijo que “sigo al Cracovia, cómo no. Los del Wisla son muy nazis”. La realidad siempre es compleja.

Polonia no es fácil de entender y su pasado aún duele. Dentro del Cracovia, equipo con muchos menos hinchas que el Wisla, se entiende el pasado de formas diversas. Su hincha más famoso fue Karol Wojtyla, el Papa Juan Pablo II, que recibió al club muchas veces en el Vaticano y tenía una bufanda en su oficina. Wojtyla, que de joven fue portero, recordaba como en la grada católicos y judíos animaban juntos, y que eso le gustaba. Hoy, algunos ultras del club usan símbolos fascistas. Otros, estrellas de David. Más como provocación al Wisla que por fe judía, pues son católicos.

El Cracovia, con su nuevo estado inaugurado en 2012 diseñado por el estudio Lamela de España, bajó a Segunda en 2012 y este año ha vuelto, luchando por jugar en Europa gracias al dinero de diferentes patrocinadores. Con menos hinchas disfruta compitiendo contra el Wisla, y en 2010 celebró con locura empatar 1-1 en el minuto 93 con un autogol en la penúltima jornada, dejándolo sin opciones de ganar la liga.

Los del Cracovia llaman “perros” a los hinchas del Wisla, pues así se conocía a la policía secreta comunista durante los años del Telón de Acero. Y el Wisla, el club fundado con ideas nacionalistas, fue controlado por la policía durante los años del comunismo, con los privilegios que eso suponía. Los del Wisla se llaman a sí mismos “Biala Gwiazda” (Estrella blanca) por el escudo. Son una de las hinchadas más numerosas de Polonia y, como sucede en casi toda la liga polaca, tienen unos aficionados radicales que casi controlan por completo la grada. En los últimos años, el fenómeno del hooliganismo no ha dejado de crecer en Polonia y Cracovia ha visto la muerte de diferentes jóvenes en incidentes entre ultras del Wisla y el Cracovia. La policía no puede controlar la situación y muchos de los asesinatos muchas veces ya no tienen a ver con el fútbol. Drogas, negocios turbios… Cracovia, tan bonita, tiene una cara oscura y fea.

La rivalidad es tan fuerte que durante los años 40 los equipos jugaban amistosos con la ciudad ocupada por los nazis, y los alemanes tenían que intervenir pues los hinchas y jugadores se pegaban. En tiempos del comunismo, el Cracovia se perdió en categorías regionales, con el Wisla usado por el poder como arma política. Pero cuando se jugaba el derbi anualmente en un torneo amistoso entre los dos equipos, las peleas volvían. Así que las autoridades prohibieron los partidos.

Con los estadios separados sólo por 700 metros (y los dos renovados totalmente los últimos años) la rivalidad es una de las más sentidas. El derbi se conoce como la “guerra santa” y con el retorno del Cracovia a Primera ha vuelto con toda su fuerza.

El Wisla, campeón de liga en ocho ocasiones desde 1999, ha visto como estos últimos años el Legia o el Lech le han pasado por delante. Y como el Cracovia, siempre más pequeño, le quita una liga con ese partido de 2010. Este año, el Wisla, entrenado por Francisjek Smuda, anda segundo persiguiendo al Legia. El Cracovia sueña con meterse en Europa… y la guerra santa no se para. Sigue.

Foto de portada: Michal.
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4 comments

Lo digo sin acritud ninguna, ya sabes que tengo la mejor opinión de tus artículos… pero, la verdad, eso de que “Cracovia muchas veces ha sido controlada por Rusia”, me chirría bastante. Muchas regiones históricamente polacas son ahora rusas, o bielorrusas, o ucranianas, y gran parte de Polonia formó parte del imperio ruso… pero lo que es Cracovia, concretamente, jamás; fue Austria la que se adueñó de esa ciudad y esa región durante un siglo aproximadamente, no Rusia. Y tanto antes como después siempre ha formado parte del estado polaco, del que fue primera capital.

Saludos

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