Partido Polish Boyfriend: Los hijos de Hagi contra el equipo sin nombre

El Steaua de Bucarest es un club sumido en el caos. Foto: Focus images Ltd.

Cuentan que Gheorghe Hagi no soportaba más obedecer órdenes. Sus experiencias como entrenador no habían sido ni malas, ni buenas, aunque en ocasiones acaba enfadado con los directivos que se metían en su vestuario. Cuando entrenó en el Steaua, Hagi sabía que le tocaría lidiar con el tipo más polémico del fútbol rumano, Gigi Becali, ese empresario que ha pasado por la cárcel en dos ocasiones por corrupto, racista, homófobo y hortera; con sus fotos vestido de Conde rumano del siglo XIV en palacios de mal gusto. Becali le dijo que respetaría su trabajo si fichaba. Hagi fichó. Becali no cumplió su palabra y Hagi se largó despotricando del propietario del Steaua.

Hasta aquí, una historia más del fútbol rumano, siempre lleno de casos similares. Fue entonces, en 2009, cuando Hagi tomó una decisión: él, uno de los mejores jugadores de la historia de Europa, volvería a sus orígenes, a la ciudad dónde creció, Constanta, en la costa del Mar Negro. Hagi había debutado como jugador con 16 años en el Farul, equipo que el 2006 había sido subcampeón de Copa. Pero Hagi no pretendía volver al Farul, no. Volvía a los escenarios de infancia con la intención de crear su propio club de fútbol, pues no quería ser trabajador de nadie: sería su jefe en un club con una buena academia. Era su obsesión, armar una buena escuela de fútbol, como las que había visto en Barcelona o Madrid, y se gastó 11 millones de euros. Con algunos socios y algunos patrocinios, el año 2009 Hagi empezó a levantar su club de fútbol. Lo bautizó Viitorul, “Futuro” en rumano.

Fue un éxito. La Académia del club rápidamente empezó a ganar partido, ascensos y en poco tiempo, el juvenil y otros clubes ya eran los mejores del país. Algunos jugadores forjados en su ciudad deportivo incluso han llegado ya a la selección absoluta, como Cristian Manea, Florin Tănase o Răzvan Marin. Y este año, el equipo juvenil participó en la Champions juvenil, superando tres turnos antes de caer en octavos de final con el Porto. Los “niños de Hagi”, como se conocen a los jugadores del Viitorul, han revolucionado un fútbol normalmente mal organizado, lleno de clubes que desaparecen o se hunden. El mismo Farul, el club gran de Constanta, desapareció en 2016 después de una bancarrota. Sus hinchas lo han refundado en cuarta.

La venta del Razvan Marin al Standard de Lieja ha sido uno de los últimos grandes traspasos del Viitorul. Foto: www.rsca.be.
La venta del Razvan Marin al Standard de Lieja ha sido uno de los últimos grandes traspasos del Viitorul. Foto: www.rsca.be.

Pero Constanta no se ha quedado sin equipo en Primera, pues el Viitorul también tiene primer equipo. Ese 2009, compró una plaza en Cuarta División y ya en su primer año de vida, ascendió de Tercera a Segunda con Catalin Anghel de entrenador. En 2012 llegó el ascenso a Primera. Y en la temporada 2015/16, se metió en la Europa League, competición de la que fue eliminado por el Genk belga, con empate 0-0 en Rumanía y derrota 5-0 en Bélgica. Y todo, con la única plantilla formada casi exclusivamente por jugadores rumanos, casi todos forjados en las categorias inferiores de un club que durante estas primeras temporadas ha jugado como local en 4 ciudades diferentes y 5 estadios distintos, pues no tenía campo propio. Ahora tienen el estadio Viitorul, pequeñito, aunque sin el Farul en primera pueden usar su campo en ocasiones.

Pues bien, los chicos de Hagi, este año, luchan por ser campeones. Han ganado de la fase regular y ahora, en el play-off, se juegan el título, ocupando la segunda posición, a tres puntos, antes del duelo directo con el líder. El club presidido por Hagi aspira a todo con un entrenador llamado… Gheorghe Hagi. Sí, Hagi es el fundador, el presidente y el entrenador, pues relevó a Catalin Anghel, su ayudante ahora. Y en su momento decidió que debutaría un chico de 16 años, su hijo. Y le dio el brazalete de capitán con 17 años. Cosas de la familia. Esta temporada, Ianis Hagi fichó por la Fiorentina en uno de los numerosos traspasos del Viitorul, que saca tajada de estas operaciones.

El club de los Hagi

El caso es sorprendente. Un exjugador empeña casi toda su fortuna en una academia de fútbol. Y su primer equipo, con un presupuesto anual de unos 5 millones de euros, puede ser campeón de liga antes de llegar a los 10 años de vida. Igualmente, Hagi admite que busca un inversor nuevo, pues para seguir creciendo necesita más. Su idea es un empresario serio que ponga dinero, permitiendo que él sea accionista minoritario y presidente. Y entrenador si toca. Más allá de si puede ganar la liga, el éxito de la academia de Hagi es increíble, pues en las convocatorias de selecciones inferiores pueden aportar el 50% de los jugadores. Hagi ha conseguido crear su pequeño reino y en Bucarest lo deben escuchar. Así, cuando el hijo, Ianis, acusó al miembro de la Federación Zoltan Kovacs de insultar a los miembros del Viitorul, el padre amenazó con no ayudar más. Y Kovacs fue despedido.

El rival en esta carrera por ser campeones es el FCSB. O sea, el Steaua. O no. Ya contamos en su momento el caos de este club. Estas últimas temporadas, en Rumanía, se repite una fórmula: el Steaua, pese a sus problemas, luchando por ser campeón con un invitado sorpresa. En 2016 fue el Astra Giurgiu, club que llevaba cuatro años en esta ciudad del sur del país, y en 2015 casi gana la liga un club en bancarrota, el Targu Mures.

Este año, el rival es el Viitorul. Y el Steaua lucha con dignidad pese a no ser el Steaua. Ahora es el FCSB. El caso es bizarro. El 3 de diciembre del 2015, el Steaua, el club más laureado del país, el club con más hinchas, el campeón de Europa en Sevilla… perdió los derechos de marca sobre su nombre en un caso que revolucionó el fútbol local. O sea, el Steaua ya no puede llamarse Steaua y está jugando con el nombre ‘FCSB’. Tampoco puede usar el viejo escudo y se ha inventando uno, muy feo, para salir del paso. El club que nació como equipo del ejército se separó en su momento de la entidad deportiva controlada por el Ministerio de Defensa, en 1998, y cinco años más tarde fue comprado por el empresario Gigi Becali. O sea, existía un club polideportivo propiedad del ejército comunista. Con el fin del comunismo, pasó a ser propiedad del nuevo Ejército, hasta que Becali compró la sección de fútbol, establecida como entidad independiente. Pues bien, esta separación ha generado sus problemas, pues Becali no compró el derecho de usar el nombre Steaua. Una denuncia trasladada a la justicia rumana en 2011 por el Clubul Sportiv Armatei Steaua Bucuresti (Club Deportivo del Ejército) reclamaba la patente y derechos de explotación del nombre de “Steaua”. Este club polideportivo, propiedad del ejército, tiene sus derechos. El Steaua era su sección de fútbol cuando ganó una Copa de Europa. Solamente en 1998, la sección de fútbol se separó de esta entidad para cumplir mejor con la reglamentación de la UEFA. Por tanto, los derechos se los quedó la entidad deportiva y ahora los reclama. La familia Becali, propietaria del Steaua, logró que la justicia le diese la razón en primera instancia, pero el Tribunal Superior de Justicia de Rumanía aceptó la apelación del otro Steaua. Al darle la razón el Tribunal Superior de Justicia de Rumanía al CSA, el Steaua no puede lucir su escudo sobre la camiseta ni usar el nombre de Steaua. Justo después de la noticia, el club quedó en estado de shock y jugó un partido de liga con el nombre de “equipo local” y unas camisetas compradas en un negocio, sin los colores de siempre.

El Steaua de Bucarest es un club sumido en el caos. Foto: Focus images Ltd.
El Steaua de Bucarest ha perdido el nombre de “Steaua”. Foto: Focus images Ltd.

En Rumanía muchos creen que detrás de este caso se encuentran motivos políticos, pues el histórico presidente del club, Gigi Becali, llegó a sentarse en el Parlamento Europeo entre 2009 y 2012. Becali llegó a entrar en prisión por corrupción y abuso de poder en un intercambio de tierras con el Ministerio de Defensa de Rumanía en 1999 que perjudicó las arcas del Estado rumano. Sea como sea, el club juega como FCSB. Y Becali, en libertad desde hace unos años, intenta aprovechar las manifestaciones de millares de rumanos contra la corrupción (los manifestantes consiguieron parar un proyecto de ley que no penalizaba determinados crímenes de corrupción), para limpiar su imagen. Becali, el tipo que era pastor con 16 años y se hizo rico en operaciones sucias, el tipo que ha pisado la cárcel, bajó entre los manifestantes como si fuera uno de ellos. Algunos lo aplaudieron, otros lo insultaron. Después apareció vestido con un traje típico de campesino rumano en una manifestación contra el aborto y contra los homosexuales.

El caso es tremendo, pues el Ministerio de Defensa ha anunciado que creará su propio club de fútbol: el Steaua. Ellos sí tienen los derechos y el Coronel Cristian Petrea ya preside un proyecto que pretende federar un Steaua en cuarta la próxima temporada. La prensa ha pedido a casi todos los famosos que se posicionen: ¿defienden al Steaua o al FCSB? La mayor parte de hinchas considera que este FCSB es el verdadero Steaua, aunque también se manifiestan opositores de Becali. Incluso han pedido a Hagi su opinión. No se ha mojado, aunque ha suavizado su relación con Becali.

Ahora, este FCSB, el club que los rumanos consideran como el verdadero Steaua, pugna con el Viitorul por la liga. La capacidad de Rumanía de dejar historias sorprendentes no se agota.

Foto de portada: Focus Images Ltd.

Related posts

5 comments

Primero que nada, enhorabuena por el artículo. Ha quedado lindísimo.

Ahora, les contaré una anécdota curiosa que acaba de ocurrirme:
Yo vivo en ahora en Tijuana, México. El verano pasado, el roommate de mi mejor amigo se fue a Taiwán a hacer una maestría. Estando allá en Taiwán se hizo novio de una compañera de clases rumana que es (wait for it…) ¡sobrina de Hagi!.
De eso me acabo de enterar hace unos minutos cuando mi amigo me preguntó si sabía yo quién era Hagi. Yo, que acababa de leer este artículo, básicamente lo parafraseé. Y como premio por responder con tanto detalle, la novia de mi amigo me acaba de prometer un autógrafo de Hagi.
En otras palabras, ¡gracias, chicos!

Muy bueno como siempre, Toni. Estuve hace un tiempo en Bucarest y la realidad tan distinta me impactó muchísimo…Rumania es un pais altamente peculiar, sin lugar a dudas. Saludos de Portugal.

Deja un comentario

*