Partido Polish Boyfriend: rebelión en una final de copa centenaria

The Oval Glentoran (Justin)

Convertido en un rincón periférico del fútbol europeo, Irlanda del Norte vive el día a día llorando ese pasado glorioso, jugando Mundiales, presumiendo de tradición y mirando con envidia a sus vecinos, más competitivos. Aunque la selección ha mejorado en los últimos años, la liga local es vetusta, con estadios viejos, entidades centenarias y un nivel no demasiado alto.

Eso sí, el fútbol en Irlanda del Norte tiene la magia del pub cerca del campo con fotos de los años 30, los hinchas fieles, los libros con fotos de copas ganadas en el siglo XIX y ese orgullo del hincha medio borracho que te mira bromeando, cuando te dice que cuando en España no existía ni un solo club, ellos ya ganaban títulos. La copa local, por ejemplo, se creó en 1881, cuando toda la isla de Irlanda era aún británica (en 1906, por primera vez, la ganó un club de Dublín, el Shelbourne, pues entonces Irlanda del Norte era superior en el fútbol a la actual República de Irlanda).

Con finales jugadas en tres siglos, la Copa de Irlanda del Norte vive este año una de sus ediciones más polémicas. El Glentoran de Belfast y el Portadown se citan en una final de pronóstico incierto, pues el rendimiento de los dos clubes es similar en la liga: se han metido entre los seis primeros (al final de la fase regular la liga se divide en dos grupos, como en Escocia, con los seis primeros juntos y los otros seis por abajo). Ninguno de los dos equipos ha podido competir con el Crusaders, ya campeón. El Portadown, uno de los clubes más grandes del interior de Irlanda de Norte, suele luchar por títulos (suma 4 ligas, 3 copas y 2 copas de la liga), aunque no tiene la constancia del Glentoran, gigante de Belfast con sus 23 ligas y 21 copas. Solamente el Linfield tiene más ligas que los ‘Glens’. Su último título fue la Copa, en 2013.

La final, igualmente, llega muy caliente, pues grupos de hinchas de los dos clubes han pedido boicotear la final. Incluso han pedido a las entidades que no jueguen la final. Y como los clubes se han negado, piden a los hinchas no ir. Aunque, al final, muchos hinchas pueden ir. Lo contamos.

Windsor Park (The Andrew Stewart Show II)Así es el Windsor Park (Foto: The Andrew Stewart Show II)

La final se suele jugar en Windsor Park, el estadio de la selección con más capacidad. Y así debía ser este año, hasta que encontraron unos fallos en la estructura de una tribuna, llamada ‘The Kop’ como en Anfield, de este centenario estadio. El Glentoran propuso jugar en el estadio Kingspan, estadio de rugby con capacidad para 9.000 personas, pero la Federación decidió jugar precisamente en el estadio del Glentoran, The Oval (foto cabecera), un curioso estadio, con dos tribunas muy elevadas, con más de 100 años de historia. El típico estadio que ha sufrido con el paso de los años hasta que la Federación no permitió ocupar algunas de sus tribunas por falta de seguridad. Actualmente, unas 5.300 personas pueden ver partidos en un recinto que antes permitía la presencia de 55.000 personas, todas de pie. La Federación ha invertido dinero y se ha llegado, con una grada provisional, a las 8.000 plazas en The Oval para la final. Pero los hinchas creen que falta espacio.

El cambio de estadio llegó cuando ya se vendían entradas, así que unos centenares de hinchas se pueden quedar sin entrada. Y eso que muchos ya se negaron a comprarlas cuando se anunció que la única forma de comprar entradas era en la web Ticketmaster, pagando una pequeña tasa por cada entrada comprada. En un fútbol orgulloso de su tradición, esta decisión se tomó como una ofensa y, finalmente, los dos clubes vendieron algunas entradas en sus tiendas oficiales. Las que sobraron acabaron en la web, aunque al final se vendieron más entradas, pues no se sabía nada del cambio de campo. Por eso los hinchas protestan, indignados por la decisión de la Federación de no intentar jugar en el estadio Kingspan. Curiosamente, las hinchadas han protestado por separado, pues los dos consideran que ellos son los grandes perjudicados en este caso.

Foto de portada: Justin

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