Partido Polish Boyfriend: Rumanía, una liga jugada en los juzgados

Christopher Voitus - Rapid de Bucarest. CC BY-SA 3.0.

En la temporada 2010/11, la ciudad de Galati vivió una fiesta. Su equipo, el Otelul, ganó la liga rumana y ese mismo 2011 el Manchester United, el Benfica y el Basilea visitaron Bucarest –el estadio del Otelul es pequeño y jugó en el estadio nacional sus partidos europeos– en encuentros de la fase de grupos de la Champions. Y los tres ganaron antes de volver a casa, ya que los locales no pudieron sumar ni un punto; aunque los hinchas se sintieron igualmente felices de poder ver a esos equipos. Ese mismo curso, el Ajax, el Legia y el Hapoel de Tel Aviv también se desplazaron a Bucarest para jugar contra el Rapid, club que fue capaz de llegar a los cuartos de final de la UEFA en 2006, cuando perdió precisamente contra otro equipo rumano, el Steaua, después de empatar los dos partidos (0-0 como visitante y 1-1 como local).

Si en 2012 el Otelul y el Rapid jugaban en Europa, este fin de semana se enfrentan… en Segunda División. El Rapid lidera la tabla y busca el ascenso. Realidad opuesta a la del Otelul: penúltimo, podría bajar a Tercera. En cuatro años, de ganar la liga y debutar en la Champions, a las puertas de Tercera. Y todo, como no, por las deudas y la quiebra de una sociedad que gastó demasiado en sus sueños de grandeza y ahora juega con una de las plantillas más jóvenes de Europa. Todos los jugadores tienen menos de 20 años y son rumanos. Incluso tienen ficha en el primer equipo dos chicos de 15 años. El resultado es un equipo que ha ganado 1 partido de los últimos 19 y parece destinado a encadenar su segundo descenso consecutivo.

El Otelul nunca ha sido un gigante, aunque en la UEFA 88/89 derrotó por 1-0 a la Juve antes de ser goleado en el partido de vuelta por 5-0. Con la caída del régimen de Ceaucescu, el Otelul se fundó otra vez y pudo consolidar su sitio en Primera, con el título de campeón de liga de la temporada 2010/11 como punto culminante. Ahora, se intentan levantar de nuevo aunque nada les sale bien. Incluso una sentencia judicial los obligó a modificar su escudo, pues lo habían modernizado en los años 90 copiando el del Barça. Y el club blaugrana se quejó consiguiendo el cambio antes, precisamente, del descenso del conjunto rumano.

Las decisiones judiciales se han convertido en un actor más en el fútbol rumano. Por eso el Steaua perdió su nombre. La última temporada ya contamos los problemas del Steaua y CFR Cluj en este artículo. Con la caída del comunismo, los clubes pasaron a ser controlados por empresarios que buscaban ganar dinero y no siempre encontraron la forma. Las bancarrotas se han convertido en una cosa normal. Y, mientras equipos históricos se hunden, aparecen clubes sin historia capaces de ganar la liga en 2009, como el Unirea Urziceni, y desaparecer en 2015. Todo en 15 años.

La última temporada, la Primera División rumana decidió pasar de 18 equipos a 14, por lo que 6 bajaron. El Otelul, uno de ellos, aunque en su caso también hubiera perdido la categoría con solo dos descensos. El Rapid de Bucarest fue otro de los clubes descendidos, aunque se hubiera salvado con la reglamentación habitual. Igualmente, el Rapid, campeón de liga en tres ocasiones, ha sufrido los mismos problemas que otros tantos equipos rumanos: se gastó mucho y ahora las deudas ahogan a una entidad histórica. En el caso del Rapid, la bancarrota se ha declarado en dos ocasiones en las últimas 5 temporadas, aunque tres cambios de propietario parecían solucionar hasta las cosas… hasta que se veía que estos no tenían capacidad para hacer milagros.

En la temporada 2013/1,  por ejemplo, el club jugó en Segunda y lo hizo de una forma bizarra. Sufrió la bancarrota y no le dieron permiso para jugar en Primera. El club presentó un recurso y, aunque la justicia europea no e dio la razón al equipo de Bucarest –la misma justicia que si decretó que el Universitatea de Cluj podía jugar en Primera pese a no haber recibido la licencia–, la Federación se inventó un play-off sin demasiado sentido el 13 de julio entre el Rapid y el Concordia de Chiajna, el club que había evitado el descenso por la mínima. Ganó el Rapid por 2-1 y fue inscrito en Primera. Aunque el Concordia presentó una denuncia en la justicia ordinaria, ganó el caso y envió al Rapid a Segunda cuando ya se habían jugador dos jornadas. Ese año, en el infierno de Segundo, se consiguió el ascenso.

Ahora, el Rapid lidera la tabla de su grupo de Segunda después del segundo descenso en tres años y parece listo para volver a Primera con tres españoles en la plantilla, Fran Cruz, Miguel Luque y Rafa Jordá. El club confía en poder recuperar su sitio en la máxima categoría, aunque deberá devolver algunas deudas para poder conseguir el permiso de la Federación y recuperar el sitio histórico de un club vinculado siempre con los trabajadores de los ferrocarriles. Y el club más amado por la comunidad gitana de Rumania, cosa que ha provocado incidentes racistas contra sus hinchas y sus jugadores en las últimas temporadas.

Detrás del Rapid, por cierto, lucha por ascender el Dunarea de Calarasi, un equipo dela frontera con Bulgaria refundado en 2005 y sin demasiada historia. Nuevos actores de una liga jugada en los campos y también en los juzgados. La Segunda rumana tiene dos grupos y los 6 primeros de cada grupo pugnan después por una sola plaza. El reto, volver a Primera para jugar contra el Steaua u otro club sin demasiado palmarés que ahora lidera la tabla: el Astra.

Foto de portada: Christopher Voitus – Rapid de Bucarest. CC BY-SA 3.0.

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