Partido Polish Boyfriend: Un club desastroso camino de ganar la liga rumana

Târgu Mureș (Tomaso Mainardi)

En agosto, cuando empezó la liga rumana, en las apuestas sobre qué equipo sería campeón, se daba como favorito al Steaua y se pagaban 151/1 por el Târgu Mureș, club sin estabilidad económica y con un proyecto destinado a sufrir por evitar el descenso. Unos meses más tarde, cuando faltan cuatro jornadas, el Târgu Mureș lidera la tabla y se puede convertir en el campeón más sorprendente de la toda la historia del fútbol rumano, superando incluso ese año que ganó el ya desaparecido Unirea Urziceni. Este club, por lo menos, tenía un millonario detrás. El Târgu Mureș, no.

La victoria del Târgu Mureș en la liga rumana se pagaba a 151/1.

Târgu Mureș, ciudad en el centro de Rumanía, se encuentra en una de las zonas más divididas a nivel demográfico. Aunque la frontera con Hungría queda lejos, es en algunas zonas del centro, en el llamado País Székely, donde viven más húngaros dentro de Rumania. En esta ciudad, la mitad de la población, más o menos, habla húngaro. La otra mitad, rumano. El país Székely, en la zona este de Transilvania, ocupa los condados de Harghita, Covasna y algunas partes de Mureş. La ciudad, pues, está en las puertas de esta zona en que el fútbol suele tener poco peso ya que la principal entidad deportiva es el equipo de hockey hielo Hoki Sport Club Csikszereda, símbolo del nacionalismo húngaro local.

El país Székely (Foto: Adam Gor)El país Székely (Foto: Adam Gor)

Târgu Mureș (Marosvásárhely en húngaro) nunca ha destacado por sus deportes. El Târgu Mureș actual es la refundación, en 2008, de una entidad que ya ha sufrido dos bancarrotas. En total, con un nombre u otro, este club nunca ha ganado nada. Nada de nada. Y la anterior temporada consiguió el ascenso por sorpresa, gracias, en parte, al buen trabajo del entrenador Adrian Falub, responsable de dos ascensos del club, en 2010 y en 2014.

Falub lideró la nueva temporada del club con la idea de intentar evitar ser uno de los seis equipos que pierden la categoría esta temporada, pues la liga rumana deja de tener 20 equipos y se reduce. En septiembre, después de las primeras jornadas, el Târgu Mureș se encontraba bien posicionado, fuera del descenso. Aunque eso no evitó la destitución de Falub, en principio, por el nivel de juego del equipo. Aunque la directiva admitió tensiones sobre la forma de trabajar. En su lugar, la directiva fichó a Cristian Pusai, pese a la oposición del director deportivo, Daniel Stanciu. Los dos, entrenador y director deportivo, se pelearon durante los dos meses de gestión de Pusai, quién fue despedido por Stanciu. Aunque Stanciu, en diciembre, se largó al Dinamo de Bucarest. Antes de Navidad, un recién ascendido había destituido a dos entrenadores y perdido a su director deportivo. Y ojo, el equipo ocupaba la cuarta posición en la tabla.

Dentro del club, las sensaciones eran extrañas. Se podía soñar con jugar en Europa, aunque el club seguía siendo un desastre, sin dinero. Por ejemplo, se dejaron de pagar sueldos y en enero uno de los mejores jugadores, Claudui Bumba, fue vendido al Astra Giurgiu por 200.000 euros. Aunque este club, cuando ya tenía al bueno de Bumba entrenando, no pudo pagar el traspaso y el extremo volvió al Târgu Mureș. En la liga rumana, los impagos son normales.

El tercer entrenador fue Liviu Ciobotariu, defensa mundialista en 1998 que se ha pasado las últimas temporadas saltando de club en club sin demasiada suerte. Ciobotariu llegó a un club con vacíos de poder, sin sueldos pagados al día y, pese a todo, con opciones de jugar en Europa. Cierto, el nivel de la liga es bajo, pues los buenos jugadores se largan y las crisis de las entidades permite que un grupo motivado pueda superar en la tabla a rivales más fuertes. Sea como sea, Ciobotariu llegó para mantener el rumbo… y el Târgu Mureș se sale. Este 2015, ha ganado 11 de 13 partidos, empatando los otros dos. El Târgu Mureș llegó a estar 13 puntos por detrás del Steaua y, de repente, lo ha superado. Ciobotariu trabaja con un equipo en que encontramos jugadores como Bumba, que fue vendido y ha vuelto, o el veterano Ianis Zicu, un jugador que en 2004 fue fichado por el Inter de Milán antes de acabar en la liga coreana. A sus 31 años, se paseó durante el primer tramo de temporada y el club, directamente, le dijo que lo despedía. Zicu prometió trabajar duro y ha metido cinco goles en las últimas jornadas. Faltan cuatro jornadas, le saca dos puntos, sueña con liga y le ganó el duelo directo en Bucarest por 0-1 con gol de Zicu. Zicu, acusado de estar gordo, celebró el gol mostrando su barriga.

Sí, la temporada del Steaua es muy complicada, pues perdió los derechos sobre su nombre y escudo en un caso que ya contamos. Aunque nada puede sorprender más que la crisis de resultados de los capitalinos y la explosión del Târgu Mureș. Cierto, el Steaua vendió jugadores claves como Lucian Sanmartean, Lukasz Szukala y el goleador Claudiu Keseru. Pero su declive ha sorprendido.

El máximo goleador del nuevo líder es Ousmane N’Doye, centrocampista senegalés de 37 años, con 12 goles en 20 jornadas. El caso de N’Doye es puro bizarrismo. Nunca ha sido un gran goleador. No es ni delantero, a diferencia de su hermano Dame (Hull City). A sus 37 años, su nueva casa es Rumanía, pues ya encadena seis clubes consecutivos. El último antes del Târgu Mureș fue el AFC Săgeata Năvodari, club de segunda que, directamente, desapareció sin dinero. N’Doye acabó en Târgu Mureș. Ahora marca goles y sigue dejando fuera de juego a la mayoría de la gente. N’Doye vive acompañado de la leyenda de ser la béstia negra del Steaua, pues siempre que juega contra ellos, con el club que sea, no pierde. Después de ganar al Steaua con el Târgu Mureș en el partido del sorpasso, mostró una camiseta con la frase “Steaua no me puede derrotar”. Y ojo, jugó el partido con unas botas con dos nombres escritos: el suyo y ese de uno de sus mejores amigos, Gigi Becali. Sí, el propietario del Steaua. Incluso lo invitó a su fiesta de aniversario, aunque luego se mofa de su club con sus goles.

Ahora, el club juega en el campo del Gaz Metan Mediaş, el rival más cercano, aunque no forma parte del país Székely y no existe demasiada rivalidad. El calendario no sería ni fácil ni complicado. Sea como sea, un club que no ha pagado los sueldos enteros en los últimos cinco meses sueña con la liga. Sería una locura.

Foto de portada: Tomaso Mainardi

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