Frenesí de fútbol en Santiago

Sampaoli Chile Focus

Uno de esos partidos que lo tiene todo. Uno de esos partidos que nadie quiere que se acabe; siquiera los hinchas de los equipos implicados, que quieren que todo siga pese a sufrir por la trascendencia del resultado. Un partido en el que el fútbol no solo hace disfrutar sino que consigue el mismo efecto que el agua provoca en el sediento y que la comida genera en el hambriento. Un duelo intenso, con ritmo, con ocasiones, con alternancias, divertido para quien lo ve relajado e igualmente divertido para quien intenta ordenar lo que excita por caótico. Un duelo de futbolistas que lo dan todo por su selección; tanto, que no hay forma de quedarse con solo uno. Un duelo de banquillos entre estrategas que demuestran que un retoque táctico repercute (y mucho) en ese juego del que todos disfrutan. Todas estas definiciones valen para el octavo partido de esta Copa América, el Chile 3-3 México que, lamentablemente, ya acabó en el Estadio Nacional de Santiago. Un duelo racheado en el que la anfitriona pasó de sufrir a hacer sufrir a un Tri pasional y conocedor de su potencial ofensivo frente a la defensa de Sampaoli. Un duelo en el que el argentino y Miguel Herrera han dejado claras sus idiosincrasias y su personalidad dirigiendo a 28 futbolistas distintos con un objetivo común: ganar. Solo faltó eso en el partido, que alguien ganara. El encuentro de 6 goles se puede dividir en cuatro partes diferenciadas.

La presión mexicana ahoga a una Roja confusa

El planteamiento inicial de México fue el menos sorprendente de los que cabía imaginar tras la lesión de Rafa Márquez. ‘El Piojo’ Herrera introdujo a Juan Carlos Valenzuela en su característica defensa de cinco y desplazó a Hugo Ayala al puesto del Kaiser de Michoacán. A mayores, el colchonero Raúl Jiménez partió de inicio en la delantera junto con Vicente Vuoso en un nuevo 5-3-2 con dos interiores muy diferentes entre sí junto al pivote Javier Güemez: Jesús Manuel ‘el Tecatito’ Corona y Juan Carlos Medina. Chile, sin embargo, sí que sorprendió pese a que Jorge Sampaoli había anunciado variantes con respecto al once inaugural. Miiko Albornoz se coló en la lista de titulares como central izquierdo y Eduardo Vargas hizo lo propio, aunque situándose de inicio como carrilero izquierdo. Mauricio Isla era su homólogo diestro en un asimétrico esquema con rombo en el centro del campo: Marcelo Díaz de ancla, Arturo Vidal y Jorge Valdivia de interiores y Charles Aránguiz de mediapunta tras Alexis Sánchez. Sampaoli era conocedor de que México saldría a presionar con ferocidad, más que ante Bolivia, porque Chile es muy exitosa si maneja la posesión a su ofensiva manera. El Tri cumplió con las expectativas y colocó a Vuoso y a Jiménez sobre los defensores chilenos, entre los cuales no había ningún central puro. Los problemas para sacar la pelota se hicieron evidentes, pues a Marcelo Díaz lo seguía o bien ‘Tecatito’ Corona o bien Medina. Chile no tenía otra que salir jugando con la pelota en largo. Y lo hacía desde la zona de Albornoz, que buscaba desesperadamente a Valdivia sin éxito por el bloqueo de líneas de pase del ‘Negrito’ Medina.

Esa presión fue asfixiante para una Chile cuyo planteamiento pasaba por salir jugando la pelota con el interior izquierdo. Sampaoli parecía haber preparado todo el partido sobre la base de un duelo individual en el que su jugador se imponía (en sus pronósticos) al del rival: Valdivia contra Güemez. Pero para que ese duelo indivudual se diese, la Roja debía llegar hasta el Mago, retrasado al puesto de interior para lanzar a su equipo y no tener que desgastarse tanto como en otros roles. Sin llegar al interior izquierdo, Chile no podría atacar más que con unos balones largos que Alexis no era capaz de bajar y que la propia Roja no está acostumbrada a lanzar. Y eso fue lo que pasó, pues Valdivia estaba situado en el perfil de un Medina que era, de los dos interiores mexicanos, el más centrocampista. El más dominador de la posición. En ese escenario, Chile se ahogaba. No podía salir jugando y no era capaz de atacar. México le había dejado la pelota para robársela con alevosía y para aprovecharse de la salida de balón de la ofensiva Roja. A mayores, al Tri le salían bien aquellas ocasiones que empezaban con saques en corto de José de Jesús Corona, pues aunque Alexis y los dos interiores (Valdivia y Vidal) se quedaban en altura para igualar numéricamente a los centrales, Gerardo Flores aprovechaba el carril izquierdo en el que no había carrilero puro chileno (Vargas) para llegar a campo contrario sin desestabilizar el centro del campo de presión de su equipo. Y a mayores, a México sí le salía bien el juego directo: tenía a Vuoso en la cancha, un delantero sabio a la hora de moverse para bajar balones en la zona del pivote rival (el saturado Marcelo Díaz), y tenía a dos hombres con buena planta como Vuoso y Jiménez ante Gonzalo Jara y Gary Medel, inferiores en estatura pese a su carácter peleón. No se notaba en absoluto que Isla y Vidal estaban dejando sin apenas influencia al ‘Tecatito’ Corona, quien sobresalió ante Bolivia y quien fue percibido como “hombre a atar en corto” por Sampaoli.

CHIMEX1Planteamientos iniciales. A la izquierda, ataca Chile. A la derecha, ataca México.
Infografía: Share My Tactics.

Chile estaba confusa. No se explicaba cómo no era capaz de jugar con la pelota y cómo la intensa y destructiva México estaba haciendo tanto daño a su innovadora estructura táctica. Para intentar paliarlo, en el minuto 20 Aránguiz quiso intercambiar su posición en lo alto del rombo con Valdivia. Ambos se juntaron en el punto medio de su recorrido cuando estaban centrados en el césped del Nacional de Santiago. Y por esa zona pasaba un Marcelo Díaz psicológicamente avasallado por México que estaba intentando sacar la pelota jugada por dentro. Los tres se encontraron en una baldosa y casi chocan. En ese momento, México robó. Medina corrió aprovechando que Albornoz estaba en la banda asimétrica de Chile (Vargas se quedó a metros de él), centró y Vuoso marcó el 0-1 con un remate de ‘9’ puro. Ventaja mexicana trabajada hasta el momento. Pero el fútbol tiene arrebatos en los que no es meritocrático ni lógico. Por ello, en la siguiente jugada, en un córner a favor, la bajita Chile marcó de cabeza en el remate de un córner. Aránguiz sirvió el saque desde la esquina derecha y Vidal anotó el primero de sus goles aprovechando un fallo de marca del Tri. Con la emoción de la igualada, Aránguiz y Valdivia cesaron en su intento de intercambio de posición y Chile creyó en el plan inicial: buscar al trequartista de Palmeiras. Parecía que los saques de Claudio Bravo o los desplazamientos largos de los defensores, sin ser muy fuertes, sí constituían una forma de llegar por el aire a la zona del interior izquierdo. Y Valdivia empezó a insinuarle a Güemez lo que haría minutos después. Pero Chile no acababa de sentirse cómoda. Concedió un córner al borde de la media hora. Y en él, México anotó aprovechando su altura y neutralizando el imprevisto del 1-1: Raúl Jiménez saltó más que nadie en el área, se impuso a su par y cabeceó con suficiencia el saque del especialista Adrián Aldrete. Media hora y 1-2 merecido en Santiago.

Alexis tira de Chile como carrilero izquierdo

Justo a la media hora, justo tras el gol de Jiménez, Sampaoli ordenó el primer gran cambio táctico de la noche: Alexis y Vargas intercambiaron posiciones. El del Arsenal pasó a ser carrilero izquierdo después de varios minutos intentando bajar balones y ofrecerse en los huecos más interesantes para la Roja. Chile notó mucho el cambio al tener en la banda izquierda a un jugador que sí ayudaba a Albornoz frente a Flores y que se unía a Valdivia en ese intento de salida por el interior izquierdo. Al haber dos moradores en esa zona, Medina empezó a perder el control de su zona. A mayores, al ir México ganando, la presión del colectivo azteca se acrecentó. Vuoso y Jiménez querían empotrar contra el arco de Bravo a los zagueros chilenos, ‘Tecatito’ Corona se olvidó de la vigilancia de Vidal y de Isla y se unió a la presión por la banda izquierda mexicana, Medina subió a bloquear a Albornoz, Güemez salió en busca de Marcelo Díaz y los centrales “de banda” salían a morder a Valdivia y, en menor medida, a Vidal, cuando sus recepciones eran peligrosas. La confianza del resultado a favor precipitó a una pasional México e hizo más fácil que Chile encontrara con envíos en largo específicos al sector izquierdo bien a Valdivia o bien a Alexis. A diferencia de cuando el tocopillano estaba como delantero, él y Valdivia tenían más recorrido cuando bajaban el balón en ese momento. Lo tenían por el espacio dejado por Medina, Corona y Güemez en la medular azteca. En uno de esos envíos específicos, Alexis Sánchez decidió no enfrentarse a un Medina capaz de recuperar posición por su conocimiento de la demarcación y optó por cambiar la orientación del juego a la banda del ‘Tecatito’, quien tardaría más en retroceder. Por ahí corrió Isla, que bajó el balón del gunner a los 42 minutos de juego. El bianconero centró y encontró a su compañero de equipo Arturo Vidal en el área, como en el partido ante Ecuador. El liberado interior había aprovechado el hueco de Güemez para plantarse en el área y centrar a un Vargas que, como referencia, remató para empatar 2-2 antes del descanso.

Alexis Sánchez Chile FocusAlexis Sánchez fue carrilero izquierdo en el último cuarto de hora del primer tiempo.
Foto: Focus Images Ltd.

Sampaoli cambia a defensa de cuatro

Chile dejó claro pronto que el Alexis carrilero era una medida provisional, de esas que evitan hacer sustituciones o grandes reformas tácticas en pleno transcurso de la primera parte. Tras las arengas en los vestidores, Chile reanudó el partido con un nuevo esquema: 4-4-2 en rombo. Alexis y Vargas volvían a ser pareja de no-delanteros como en el Mundial de Brasil, Albornoz e Isla ejercían como laterales puros y el rombo del centro del campo se mantenía tal cual. El punto débil de este sistema era que Jara y Medel quedaban en uno contra uno desde el principio con Vuoso y Jiménez, dos puntas que presionaban igual que en la primera mitad y que podían hacer mucho daño por su superioridad física. Sampaoli estaba dispuesto a arriesgar en defensa para mantener su plan A: Valdivia contra Güemez. Ahora bien, se tenía que librar del efecto que provocaba la presión de la México de Herrera.

Para ello, Marcelo Díaz empezó a ejercer de señuelo. Chile, que seguía teniendo una posesión cedida con gusto por el Tri, amagaba con salir jugando con el pivote del Hamburgo. Este recibía y Vuoso y Jiménez, “primeros defensores” de México, se echaban encima (1). Solo ellos dos, pues México había comprendido que se excedió con la presión posterior al 1-2 y apreció el valor del orden defensivo al encajar el 2-2. Al despegarse los dos delanteros, México se quedaba con un trío de centrocampistas despegados de las bandas. Así era fácil que Díaz o los centrales enviasen la pelota a los laterales aprovechando que Vuoso y Jiménez nunca llegarían a abrirse al estar atareados siguiendo al ’21’ de la Roja. No por falta de voluntad, sino por falta de tiempo. Isla y Albornoz conducían y se adentraban en campo contrario, con lo que Medina y ‘el Tecatito’ Corona reaccionaban y se acercaban a los costados (2). En ese momento, Sampaoli conseguía explicar con sus futbolistas el plan inicial: Güemez se quedaba solo mientras que Arturo Vidal y, sobre todo, Valdivia, estaban habilitados por dentro (3). El pase de Isla/Albornoz era sencillo: la línea estaba en el espacio entre los arietes y la zona de los interiores, para entonces despegados de su posición de partida.

CHIMEX2Los ataques de la Chile con defensa de cuatro. Infografía: Share My Tactics.

En el momento en el que el interior chileno recibía (Valdivia más que Vidal), México ya iba tarde al resto de la jugada de ataque. Así, Chile dio la vuelta al partido y fue superior en toda su segunda mitad. Valdivia tenía un duelo individual ante Güemez que superar para poder avanzar. Lo ganó siempre y dio pases hasta convertirse en jugador con más pases acertados del partido (51 de 60). Los pases solían ir hacia las posiciones de los algo abiertos Alexis y Vargas, pero también al profundo Arturo Vidal, a los laterales que iniciaron el ataque y que podían profundizar ante los carrileros aztecas o hacia un Aránguiz que tiene buen giro y buen avance hacia el área (más partiendo en lo alto del rombo de la Roja). Chile disponía de muchas ocasiones. Entre ellas, una en la que un Alexis caído a la derecha asistió al Vidal más llegador y este fue derribado por Valenzuela en un claro penalti. El propio Vidal retó a José de Jesús Corona y le ganó desde los once metros. 3-2 en el minuto 55. Chile mandaba en Santiago. Chile dominaba el caos y no al revés, como al comienzo del encuentro. Atendiendo solo al juego, Chile había recuperado lo que Sampaoli pidió en la previa del partido: “la mística del Mundial”.

El impacto de los cambios

México no podía permitir que Chile lo dominase tanto, pues el combinado anfitrión estaba deleitando a los suyos con ocasiones como para hacer de un encuentro igualado al inicio una goleada. Miguel Herrera reaccionó y volvió a hacerlo de forma pasional: a los 63 minutos retiró a Medina y dio entrada a Javier Aquino. El extremo se colocó en la banda derecha de un esquema que pasó a ser en la práctica un 5-1-4: Güemez se quedó solo ante Valdivia, Vidal y Aránguiz. Sobre el papel, esa sustitución era difícil de comprender. Pero el fútbol volvió a tener un arrebato y México volvió a disponer, tras muchos minutos de asedio, una jugada directa. Adrián Aldrete sirvió un pase daleyblindesco desde su propio campo y Vuoso, que no estaba en fuera de juego, conquistó la espalda de Jara y remató para el 3-3, a la postre definitivo. El gol no fue causado por el cambio, pero sí lo legitimó y premió, de forma indirecta, el atrevimiento y el carácter del ‘Piojo’ Herrera.

Poco después del gol, se empezó a apreciar que Chile gozaba de más ventaja que antes del 3-3 con la soledad de Güemez en la zona clave del planteamiento Sampaoli. Aldrete cayó lesionado poco después de su excelente asistencia y Herrera tuvo que gastar un cambio introduciendo a Carlos Salcedo, que se colocó en la zona de un Julio Domínguez adaptado al carril izquierdo. En ese momento, Isla se quedó sin oposición real no al inicio de su carrera sino al final de esta, en sus recepciones tras la creación de Valdivia y sus compañeros de medular. A la vez que el cambio de Salcedo, Sampaoli realizó su primer movimiento, condicionado por la inercia positiva y “mundialista” del partido en el minuto 70: quitó a Marcelo Díaz y dio entrada a Eugenio Mena. La Roja recuperó el esquema de hace un año en Brasil: 3-5-2 con Alexis y Vargas en el ataque, con dos carrileros puros como Mena e Isla y con Albornoz de central izquierdo. Aránguiz pasó a ser el mediocentro en un contexto de partido en el que México estaba demasiado atareada defendiendo como para presionar. Chile era la Chile del Mundial y la Chile de Sampaoli, la que ataca mucho y se defiende atacando. Ese retroceso del de Internacional, además, configuró el centro del campo en una “V”. Valdivia y Vidal siguieron haciendo daño en la zona de Güemez. Chile iba a por todas.

Brazil v ChileInternational Friendly
Arturo Vidal. Foto: Focus Images Ltd.

México detectó que la soledad de Güemez era demasiado perjudicial para sus intereses. Herrera intentó solucionarlo para el cuarto de hora final de partido, pero al hacerlo convirtió su esquema en más asimétrico de lo visto al principio del partido con Chile. Quitó al ‘Tecatito’ Corona, mucho menos influyente que ante Bolivia, e introdujo a Mario Osuna, un pivote. México quedó configurada en una especie de 5-4-1 anómalamente asimétrico, pues Raúl Jiménez era el hombre teóricamente caído a banda izquierda y el supuesto homólogo de un desconectado Aquino. El desconocimiento de la posición del colchonero le llevó a no defender ni una sola vez en un costado en el que Isla se convirtió en rey y en el que Vidal y Aránguiz se ofrecían para construir. Osuna, mediocentro perfilado a la izquierda, debía parar la hemorragia bilocándose, pero sus esfuerzos para intentar multiplicarse no eran efectivos porque Alexis cayó a ese costado y la superioridad generada sobre el parche de Julio Domínguez fue mayúscula. Para no solo dominar por la banda derecha y encontrar el gol de la victoria en un monólogo final chileno, Sampaoli introdujo a Mauricio Pinilla por Vargas y a Jean Beausejour por Albornoz. Dicho de otra forma, refrescó la banda izquierda para percutir por ella con dos suplentes descansados (Mena-Beausejour) y osó a utilizar juego directo con la altura de Pinilla (185cm) por si los constantes ataques posicionales no producían ocasiones de gol. Chile vio anulado un tanto en este tramo final de partido y tuvo ocasiones para marcar otros. Pero no entró ninguna y México salió con un punto de un encuentro en el que se adelantó por dos veces. Chile se quedó con ganas de más en un grupo muy abierto que ahora colidera con Bolivia. Hubo frenesí de fútbol en Santiago.

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2 comments

Tremendo partido, bellísimo duelo en la pizarra como muestra este fantástico artículo de David. Hace tiempo que no se veía un Chile más cercano a lo que era con Bielsa como en este segundo tiempo de puro “rock” (al estilo Klopp).
En la selección chilena me sobra Marcelo Díaz, ya que el manejo, si está Valdivia, es para el jugador del Palmeiras. Y los dos en cancha disminuyen demasiado la velocidad de Chile y creo que no aporta nada en el control. Para mí o es uno o el otro pero nunca juntos a pesar de jugar en distintas posiciones y tener un estilo muy diferente de fútbol.

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