Sin complejos

Ehsan Hajsafi Irán Steindy

Atrevimiento. Osadía. Picaresca. Audacia y ambición ofensiva como para generar buenos ataques y finalizar. Estos atributos eran los que les han faltado en los últimos tiempos tanto a Irán como a Baréin. Pese a que entre ambas selecciones hay una notable diferencia en lo técnico, ambos equipos se han presentado en los últimos tiempos como bloques defensivos con mala relación con el gol. Irán firmó partidos épicos en el pasado Mundial. Mereció puntuar ante un gigante como Argentina, pero cuando necesitó gol para superar su grupo no pudo conseguirlo y cayó ante Bosnia y Herzegovina. Fue una clara señal para el renovado Carlos Queiroz: tenía que añadirle ataque al equipo. Algo que también debía hacer Baréin, que pese al baile de seleccionadores que ha vivido desde hace unos años, ha sido un equipo compacto pero de poco gol. A los isleños les faltaba atreverse más en los grandes partidos. Y han probado a hacerlo en Melbourne ante el Team Melli, un rival de entidad. Se han olvidado de complejos y han intentado construir ocasiones de gol desde campo propio. Consiguieron generarle ocasiones a una Irán que, aun siendo igual de ordenada y de solidaria sin pelota, ha querido poseer como pocas veces desde que llegó Queiroz. A su manera, también se ha quitado sus complejos. Y lo ha hecho para ser pragmática, como no podía ser de otra manera. Siempre atacando por los flancos para hacer daño con sus hombres más reconocidos en el mundo del fútbol. En términos de posesión y de pases, el partido estuvo igualado durante bastante tiempo. Pero las mejores ocasiones fueron iraníes. Y la forma de trasladar la sensación de superioridad al marcador fue con dos goles en dos córneres. El balón parado, que normalmente iguala a ricos y pobres, a buenos y a malos, esta vez fue meritocrático. Irán ya tiene los primeros 3 puntos. Primer paso dado en el camino hacia la Final de Sídney.

Irán contiene a Baréin y la ataca por bandas

La Irán de Carlos Queiroz es también la Irán de Javad Nekounam y la Irán de Ando Teymourian. El indisoluble doble mediocentro es una seña de identidad de la Irán de esta década. Como no podía ser de otra manera, el de Osasuna y el de Tractor Sazi compartieron línea en el centro del campo desde el inicio y regularon al equipo cuando no tenía la pelota. Irán replegaba a baja altura, sin excesiva presión, cuando Baréin intentaba construir. Los rojos sacaban la pelota jugada por el carril central gracias a los ofrecimientos de su icónico mediocentro Abdulwahab Ali Al-Saifi y de su compañero de línea, el creativo Sayed Dhiya. Una vez llegado el balón a su altura, Baréin abría las jugadas a las bandas por una lógica decisión de su seleccionador, Marjan Eid: si alineaba a alguien en la media punta para continuarlas por dentro, este sería absorbido por los destructores Nekounam-Teymourian. Optó pues por un 4-4-2 en el que sus laterales, los discretos Waleed Al-Hayam y Abdulla Omar, no subían por la amenaza de un contragolpe iraní. Pero sí estaban esperando balones cerca de la banda dos volantes de clara tendencia interior como el polémico y desequilibrante Faouzi Aaish y como Sami Al-Husaini. La calidad individual del primero, que es de los pocos que juegan fuera de Baréin (Al-Sailiya catarí), llevó al equipo a utilizar más la banda izquierda. Con el balón en esa zona, era fundamental para Irán el trabajo de Teymourian ayudando al ofensivo lateral –volante adaptado– Vouria Ghafouri, debutante en partido oficial con la selección pese a sus 27 años. Sin embargo, el control de la banda no impidió que Aaish encontrase en alguna ocasión al más móvil de los puntas bareiníes, Ismaeel Abdul-Latif, descolgado por dentro para recibir un pase. Entre estas conexiones y alguna acción de juego directo o centro al área, Baréin intimidó a Alireza Haghighi.

IRNBHR2Baréin en fase ofensiva. Irán, replegada. Infografía: Share My Tactics.

Sin embargo, estas conexiones de Baréin fueron tan puntuales como comprensibles. Eran la reacción de los árabes a una fase ofensiva iraní mucho más arriesgada y productiva que en el Mundial. Irán quiso la pelota y quiso atacar, lo cual no implica olvidarse de replegar sin balón. E Irán empezó a atacar sacando la pelota jugada de campo propio con acercamiento de Nekounam a los centrales: el joven (22) debutante Morteza Pouraliganji y Jalal Hosseini. La falta de líneas de pase ante el repliegue de Baréin, conceptualmente parecido al iraní aunque a mucha más altura, motivó el abandono de este método de elaboración por el centro. Para ser profundo, el Team Melli tuvo que confiar en sus laterales. En la derecha, el ya mencionado Ghafouri, un lateral de largo recorrido y de buen retorno a campo propio. En la izquierda, Mehrdad Pouladi, destacado en el Mundial y asentado en ese puesto tras muchos meses –era interior en sus inicios– pese a los problemas para su convocatoria por su servicio militar. Ambos jugadores recogían la pelota de los zagueros e iniciaban la carrera ante los volantes bareiníes, que hacían por ayudar atrás pero que eran superados. Pouladi y, sobre todo, Ghafouri llegaban a campo contrario y se asociaban con Masoud Shojaei y Askhan Dejagah, respectivamente, los jugadores más desequilibrantes del partido. A veces, los mismos laterales acababan de recorrer la banda para servirle centros a un Reza Ghoochannejhad que falló varias ocasiones claras en el remate de estos o previo pase de Masoud o Dejagah. Irán era profunda por bandas. En especial, por la derecha, donde Ghafouri tuvo una actuación de mucho impacto.

IRNBHR1Irán en fase ofensiva. Infografía: Share My Tactics.

Durante el primer tiempo, ambos equipos atacaron, pero solo Irán hizo daño (gol anulado incluido). En el descuento, Ehsan Hajsafi (foto de portada), mediapunta como en el Mundial, recibió un balón tras despejar Sayed Jaafar un córner en contra de su Baréin. Hajsafi, desde el borde del área y escorado ligeramente al perfil izquierdo, controló con la zurda y, sin moverse del sitio, sin perder ni un instante, remató con la diestra, su pierna menos buena. Mandó la pelota a la escuadra. Ganó la altura suficiente como para hacerse imparable. Golazo en el descuento y victoria parcial y merecida al descanso.

Baréin no baja los brazos

La selección del archipiélago no se rindió pese al mazazo anímico que supone un gol en contra en el descuento. Salió de los vestuarios con una premisa clara: empatar. Porque los bareiníes nunca tuvieron complejo de inferioridad y quisieron tratar a Irán de tú a tú. En el primer minuto, un error defensivo casi provoca el 2-0 de Ghoochannejhad. Pero eso no impidió que Baréin se agitase y diese varios pasos hacia delante. El método de ataque era el mismo, el ya descrito, pero empujar a Irán hacia su campo fue contraproducente por tres motivos. En primer término, porque Irán es una selección acostumbrada a defender mucho y durante mucho tiempo en campo propio. En segunda instancia, porque concentrar a Irán en un espacio más reducido iba a complicarle los movimientos y las recepciones a Aaish, a Abdul-Latif y al irregular Al-Husaini cerca del área de Haghighi. El último motivo es extrapolable a cualquier partido de fútbol: cuando un equipo avanza buscando el empate deja espacios en campo propio. En este caso concreto, Dejagah, Masoud, Hajsafi y Ghoochannejhad estaban dispuestos a ocuparlos y a castigar a Baréin por su osadía. Con un mayor dominio del balón, los rojos intentaron atacar sin éxito salvo por algún leve desajuste defensivo iraní. En un balón largo que Al-Hayan sirvió desde el lateral izquierdo, el delantero nigeriano nacionalizado Jaycee John Okwunwanne estuvo a punto de empatar. Una gran parada del guarda-redes del Penafiel Alireza Haghighi salvó a Irán de encajar un gol producto del juego directo rival. Los de Queiroz tenían que reaccionar.

Dejagah Irán SteindyDejagah fue el hombre más desbordante de Irán espoleado por Ghafouri. Foto: Steindy.

Pese a estar siendo amenazada por Baréin, Irán volvió a atacar como en la primera mitad. Y ante la progresiva desaparición de Masoud, Ghafouri y Dejagah se convirtieron en los hombres más peligrosos para un Al-Hayam que supo resistir con la ayuda de su central, el veterano (34) Mohamed Husain, titular en el campeón saudí Al-Nassr. Aunque de esas acciones Irán no sacase excesivo provecho, iba minimizando a Baréin, la cual poco a poco se dio cuenta de que no podría empatar el partido. Las jugadas persas empezaron a ser más peligrosas que las suyas. Para evitar que esto fuera a más, Marjan Eid hizo dos cambios ofensivos. En primer lugar, cambió al desgastado Al-Hayam por un lateral más ofensivo como Rashed Al-Hooti. Y en segundo lugar, cambió a Abdul-Latif, absorbido por Pouraliganji, y metió a Abdulwahab Al-Malood, un mediapunta. Pasó a un 4-2-3-1 que, con Irán comprimida y con un mediapunta fresco, podía servir para hender al equipo de Queiroz. Apenas 5 minutos después de este doble cambio, Irán marcó el 2-0 definitivo. Lo hizo en un córner que Teymourian sirvió desde la esquina derecha y Masoud metió en el arco de Jaafar. Tras ese gol, Baréin sí tuvo que bajar los brazos e Irán se dejó llevar. En un contexto muy favorable, Queiroz dio minutos a dos jóvenes muy prometedores que cuentan en sus respectivos clubes europeos: el volante Alireza Jahanbakhsh (21; NEC Nijmegen) y el delantero Sardar Azmoun (20; Rubin Kazan), que debutaba en partido oficial. Aparecieron en alguna acción aislada, pero el partido estaba resuelto y su impacto no fue el máximo posible. Con este 2-0 contundente, una cómoda y ofensiva Irán se postula como candidata a la Copa de Asia. Tendrá que medirse el jueves a otro gallito del torneo como los Emiratos Árabes Unidos, que también ganaron y convencieron en su primer encuentro. Baréin, por su parte, le tendrá que plantar la misma cara que a Irán a su vecina Catar para intentar sumar los primeros tres puntos de la Copa.

Foto de portada: Ehsan Hajsafi, por Steindy.

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