Brasil sedujo durante 45 minutos

Dani Alves Ben Tavener Brasil

Brasil dejó sensaciones agridulces en su estreno en la Copa América ante Ecuador. Es, la de Dunga, una selección plagada de bajas, con mucha menos calidad de la que uno le atribuiría a un equipo que viste esa camiseta -los JJOO celebrados allí son el objetivo claro del país y la sensación es que no se toman demasiado en serio esta atípica competición – por lo que no se espera mucho de ellos, pero cuenta con una serie de futbolistas de una jerarquía competitiva tal que siempre que se encuentren sobre un campo de fútbol pueden hacer suyo el encuentro. Y, dirigidos por un entrenador que les ordena de forma bastante coherente, no se les puede descartar para nada. Su carta de presentación en el Rose Bowl de Pasadena en forma de 45 minutos de engrasado fútbol fue bastante potente, aunque un tibio segundo periodo obliga a ser cautos con el entusiasmo.

Ecuador salió al césped de California con su identidad característica, imponiendo un ritmo asfixiante a través de su superioridad física y su encendida presión. Mas Brasil resolvió la papeleta con brillantez, dio la impresión de que Dunga había preparado bien a los suyos para ese escenario. Brilló un inspirado Dani Alves a la hora de dar un salida calmada a los suyos, liderando la gestión de pelota y llevando el peso con mucho poso de la primera fase de balón brasileña a través de su indiscutible calidad asociativa. Filipe emuló su función en el sector izquierdo, algo más incisivo que el ex del Barça, el primer pase de Marquinhos siempre es fino y, por delante, tanto Willian en derecha como Coutinho en izquierda ofrecían unos apoyos interiores y triangulaciones que ayudaban a que los de Dunga penetraran con sus combinaciones en la valiente estructura de la Tri. Si los dos mediapuntas de la Premier ejercían de centrocampistas más relacionados con el pase y la sensibilidad en sus toques, tanto Elías como Renato Augusto y Jonas rompían al espacio para castigar los rivales que se juntaban sobre ellos. Casemiro, mediocentro, se encontraba bastante solo en la salida de balón, su función era la de llevar el balón arriba a través de pocos toques y luego colaborar en una presión colectiva que fue muy eficaz. Brasil gustó en el primer periodo, aunque Bolaños, Montero y Valencia siempre intimidan al contraataque.

En el segundo periodo, quién sabe si por motivos de cansancio o por orden táctica de Gustavo Quinteros, Ecuador retrocedió su bloque y fue mucho menos agresivo a la hora de ir buscar a Brasil, trató de esperar más que de ejercer una defensa activa, lo que desnudó las debilidades de los de Dunga. Entonces se vio a un equipo mucho menos inspirado cuando lo que tocaba era romper el repliegue rival, cuyo ataque posicional naufragó en su intento de hacer sufrir a Dreer. Incluso debió subir al marcador un centro de Miler Bolaños que Alisson se metió de forma bastante incomprensible, pero el línea interpretó que el balón había salido – una decisión que recuerda al inolvidable gol anulado a Morientes ante Corea del Sur – y levantó la bandera. Fue un 0-0 en el que pudimos ver un Ecuador fiel a su sofocante juego de transiciones y en el que comprobamos que a Brasil nunca se le puede descartar para nada.

Foto de portada: Tavener

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