Honor a Gareca

Gareca - Luciano Signorelli

Corría el minuto 20 de partido y Gareca estaba logrando toda una proeza. La Chile de Sampaoli, el equipo imprevisible por excelencia, el conjunto dinámico y flexible que aterroriza por su endemoniado ritmo y desequilibrio frenético, era contenida con relativa comodidad por su selección. La estructura que había diseñado con audacia el técnico argentino estaba logrando que los jugadores de la Roja se desesperasen ante su incapacidad de practicar el fútbol que les hace sentirse cómodos. En un 4-4-2 medio, los peruanos impedían con su presión cualquier recepción a las espaldas de sus mediocentros, se anticipaban con agresividad ante los intentos de apoyo de los centrocampistas chilenos y desnaturalizaban el inconfundible juego de la selección local, que se volvía lento, parsimonioso y discontinuo. Si Chile vive de un passing game vertiginoso y dinámico que logra que el balón se mueva continuamente de un lado a otro a toda velocidad, Perú estaba bloqueando las opciones de dar el siguiente pase de la primera línea de la Roja y obligándola a buscar balones largos absolutamente improductivos. Además, la Blanquirroja descolgaba a Farfán y a Paolo Guerrero, una pareja absolutamente complementaria que, ante la histórica inspiración de este último, lograba generar peligro cada vez que salía al contraataque. Hasta que Zambrano dijo basta.

Perú Globovision

 El inicio de partido fue dominado con rotundidad por Perú. Foto: Globovisión

El todavía defensor del Eintracht de Frankfurt cometió dos acciones infantiles y dejó a su equipo con diez hombres. Aquello desvirtuó completamente a los Incas, obligándoles a retroceder e incrustarse en su área y permitiendo que el núcleo irradiador del juego chileno (Valdivia) entrara mucho más en contacto con el balón y se alineara con los sectores aliados centrales (Alexis y Vargas). Perú, en definitiva, dejó de ser un ente compacto francamente complejo de penetrar y se limitó a una resistencia épica cerca de su área, mientras que Chile se acercó a la frontal y encontró los espacios que había echado en falta durante todo el partido para asociarse a toda velocidad, mover el balón con dinamismo e incorporarse con muchísimos hombres rompiendo hacia la meta de Gallese. La expulsión provocó que Chile se reencontrara con el juego que siente. Emergió el Mago Valdivia cerca del área rival, que con su incomparable cambio de ritmo y finura técnica en el gesto final lideró la reacción de su equipo y el gol acabó llegando con cierta fortuna, pero también con reconocido merecimiento. Chile estaba desbordando a la meritoria selección peruana y parecía que la emocionante película que habíamos estado viendo había llegado a su irremediable desenlace, que el final ya era del todo previsible y podíamos abandonar la sala. Nos equivocábamos.

Paolo Guerrero Perú - Globovisión

 Guerrero lideró una resistencia emocionante de Perú. Foto: Globovisión

Tras el descanso, Perú salió del túnel de vestuarios con una actitud verdaderamente sorprendente. En vez de reconstruir su estructura y continuar defendiéndose a la espera de aprovechar un contraataque o una falta que le permitiera explotar su superioridad área, saltó con la firme intención de tener el balón, de protagonizar el discurso del encuentro. Y vaya si supo hacerlo. La selección de Gareca fue capaz de, con 10 hombres, desarrollar con paciencia ataques posicionales complejos, secuencias de pases largas hasta que aparecieran los espacios que permitieran aprovechar la desorganización chilena. Aquel tramo de partido puso de manifiesto que la frenética selección chilena tiene problemas a la hora de bajar el frenético ritmo que impone al partido y de alternar con periodos de control cuando le compensa. La Blanquirroja consiguió volcar el campo hacia Claudio Bravo. Todo nacía del tiempo que le daba a su equipo un Paolo Guerrero cuya épica actuación es difícil de describir para quien no viera el partido: Perú le exigía -especialmente tras la expulsión de Zambrano – una autosuficiencia notable a su delantero, ya que el resto del equipo estaba incrustado atrás y el delantero del Flamengo se valió por sí mismo para generar auténtico pánico en la defensa de Chile. Finísimo técnicamente y a la vez radiante físicamente en el juego aéreo, las recepciones de espaldas, en los giros, en las conducciones y en las descargas, se valió por sí mismo para desplegar las posesiones incas. También sobresalió por la banda derecha un inconmensurable Luis Advíncula, cuyas exuberantes apariciones desde el sector derecho fueron un constante dolor de cabeza para la Roja. Perú resistió con corazón, tesón y valentía y el Dios del juego se lo recompensó con un afortunado gol que sin duda hacía justicia con el desarrollo del partido. Empate.

Jay Rodriguez Eduardo Vargas Inglaterra Chile Focus

Vargas fue el héroe de la selección chilena. Foto: Focus Images Ltd

Antes de que los peruanos pudieran suspirar de alivio y preguntarse qué tipo de discurso iban a seguir de ahora en adelante, una pérdida en salida del héroe Guerrero propició que a Vargas le llegara un balón muerto, y el del QPR se sacó un trallazo descomunal que perforó la escuadra de Gallese. Uno de los goles de la competición. Aquello hizo añicos psicológicamente a la selección de Gareca, que a partir de ese momento sí empezó a claudicar. Se notó el cansancio y la inferioridad numérica, se comenzó a desvertebrar tácticamente en pos de un desesperado intento de gol y eso lo aprovechó Chile para hacerles correr aún más con su apoteósico movimiento de balón. Los cambios de Gareca, lógicamente ofensivos, debilitaron a la estructura defensiva de su selección y Perú ya no conseguía recuperar el balón, por lo que Chile consiguió controlar el encuentro con firmeza durante los últimos minutos. Acabó pereciendo Perú, las circunstancias eran demasiado adversas y el rival fiero, pero se fue de esta Copa América con un agudo aroma a trabajo bien hecho. Honor a Gareca.

Foto de portada: Luciano Signorelli

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4 comments

Gran planteamiento de Gareca, que le ha dado solidez al juego de Perú, un logor ya de por sí considerable. Un brindis (con Pisco peruano, el de verdad) a su salud. ¡Arriba el Perú!

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