Del Bernabéu a la pantalla

Goal 2 - Kuno Becker

A pesar de la existencia de numerosos ejemplos que lo desmienten, la relación entre fútbol y cine acostumbra a creerse particularmente infructuosa. Buena parte de la responsabilidad de esta situación es achacable al mal ojo de productores que, suponiendo que la condición masiva del fenómeno deportivo es extrapolable a las taquillas, han intentado puntualmente utilizar este tirón como trampolín para empresas improbables. Uno de los ejemplos más llamativos y cercanos nos remonta a 2005. Con el Real Madrid perdido en un desierto deportivo e institucional, vagando lejos de la élite europea durante varios años consecutivos, un Florentino Pérez próximo al fin de su primera etapa decidió emprender una estrategia de marketing inédita para lavar la cara de un club irreconocible, que en apenas tres años había pasado de alzar su tercera Champions en menos de un lustro a verse vapuleado en todas las competiciones. En consonancia con la discutible política a la hora de confeccionar las plantillas, convertir las oficinas del Santiago Bernabéu en un monstruoso estudio de cine sonaba como una gran idea para potenciar la imagen de una entidad dañada, cuyas desmedidas aspiraciones estaban cayendo guillotinadas por los resultados.

Dos días antes de la prometedora exhibición del recién aterrizado Robinho en Cádiz, Real, la película llegaba a los cines españoles por todo lo alto. El coste de la producción, dedicada a recrear las andanzas de cinco personajes de diferentes continentes y estratos sociales conectados por su pasión merengue, ascendió a más de seis millones de euros. Un evento para el que se convirtió expresamente el estadio de La Castellana en una gigantesca sala de proyección, con capacidad para más de tres mil espectadores, daba fe de las esperanzas puestas en el producto. Sin embargo, toda esta pirotecnia resultó inútil. Lo que se concibió inicialmente como un estreno global masivo no tardó en ser abortado por sus malos resultados en las taquillas nacionales, en las que apenas se dieron cita treinta millares de curiosos. Después de ser objeto de uno de los fracasos comerciales más sonados del año, el salto al cine del club más mediático del mundo sólo pudo ver la luz en las salas de mercados asiáticos como Japón, Corea del Sur o Tailandia.

 

Pese a este revés, los escarceos del club con la pantalla grande en aquella época aciaga no terminaron ahí. La trilogía Goal!, proyecto mastodóntico auspiciado por la FIFA para contar la epopeya de un joven humilde de Los Ángeles en su ascenso a la gloria del fútbol mundial, también escogió el Santiago Bernabéu como escenario principal de sus hazañas. Lo hizo en su segunda entrega, en la que las imágenes de la eliminación real ante el Arsenal de Henry en octavos de Champions de 2006 fueron maquilladas como la victoria en una ficticia final celebrada en casa. Si el proyecto pareció empezar a torcerse con el temprano abandono del prestigioso Michael Winterbottom (24 Hour Party People) aduciendo “diferencias creativas”, su estreno no hizo más que confirmar los peores presagios. Tras una primera parte que no funcionó como se esperaba y una posterior coproducción que supuso un desastre, el último capítulo de la trilogía vio la luz únicamente en el mercado doméstico para cumplir el expediente. El camino, eso sí, dejó excentricidades para el recuerdo, como ver a Carmelo Gómez y Steve McManaman compartir el banquillo blanco en la pantalla, o a los actores Kuno Becker y Alessandro Nivola permitirse el lujo de participar en un entrenamiento real con Raúl o Ronaldo.

 

Por fortuna, también hubo lugar para un intento que huyó de la frivolidad. El 23 de abril de 2005, en un partido que medía en casa al Real Madrid con el Villarreal de Riquelme o Forlán, los artistas visuales Douglas Gordon y Philippe Parreno captaron a través de diecisiete cámaras todas las acciones de un crepuscular Zinedine Zidane en el campo, mezcladas después con la banda sonora de Mogwai, en un ejercicio que evoca la magnitud de su figura a ras de césped. Como si hubiera existido un guión premeditado, el francés acabó siendo el protagonista indiscutible de aquel encuentro. Después de asistir a Ronaldo en el primer gol de la victoria de su equipo con un movimiento espectacular, una oportuna expulsión tras una tangana en el descuento posibilitó el más cinematográfico de los finales: el estadio, en pie, aplaudía entregado a su héroe. El singular resultado de este trabajo, Zidane: Un retrato del siglo XXI, sirve para recordar a los suspicaces que el lenguaje fílmico tiene infinitas vías para expresar un mismo sentimiento.

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