El campo más bonito de mi vida

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Debo reconocer que hasta hace relativamente pocos años todo lo que no fuera fútbol de élite me producía bastante pereza. Mi razonamiento era que, como pasa con los restaurantes o los hoteles, uno siempre busca la mejor calidad y que si ya de por sí hay partidos peñazo en el fútbol de 5 estrellas, todo lo que se situara por debajo tenía que ser irremediablemente malo. Mirándolo fríamente, un partido de fútbol es muy largo y da para notables momentos de aburrimiento; de hecho supone la friolera proporción del 6,25% del día. Durante ese 6,25% podríamos haber visto obras maestras como Reservoir Dogs, Trainspotting o Antes del Amanecer; podríamos aprovechar para leer todo lo que siempre decimos que tenemos pendiente pero que nunca encontramos tiempo para hacerlo, podríamos llamar a mamá y decirle que la queremos o simplemente podríamos echarnos una siesta antológica. Sin embargo nos da por seguir con fervorosa devoción e irracional atención partidos larguísimos sin ninguna garantía de lo que veamos nos vaya a gustar.

La misma irracionalidad me guió al campo del Saint Peter’s FC para presenciar el Gotland-Ynys Mon. Era una decisión aparentemente sin sentido, pues ninguno de los dos equipos se jugaba nada, era el encuentro más alejado de la ciudad y el taxi me costaría un dineral. No sé si fue porque Ryan Booth me había ganado con su perfecta pronunciación el día anterior, por rememorar un antiguo viaje a la capital de Gotland (Visby) en mi época Erasmus o simple instinto. El caso es que sabía que estaba acertando por completo en mi elección y quedé totalmente convencido cuando Vinnie– el taxista del que ya os hablé– me advirtió que el campo del Saint Peter me iba a gustar.

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Llevaba más razón que un santo el bueno de Vinnie: caminito de tierra estrechísimo hasta llegar al parking y luego una vista preciosa del césped verde, muy dignamente conservado pese al sofocante calor que hacía. En una banda, la grada más cuca -perdonad por el vocablo tan poco futbolístico- que haya visto jamás se iba llenando de seguidoras de Gotland en bikini y de los incondicionales ya conocidos de Ynys Mon. En la otra, unas casetas de madera con las banderas de los respectivos equipos enganchadas con chinchetas hacían de banquillo para los pobres suplentes que se deberían de estar asando encajonados en esa especie de cofres barnizados. Por último, me fijé que en una esquina sobresalía el perfil del campanario de la iglesia del pueblo sobre los arbustos y en el vértice contrario asomaba una pequeña torre de control de construcción moderna: estábamos justo al lado del aeropuerto de Jersey y si me fijaba bien, en una clapa se podía ver a través de la verja una avioneta a escasos metros de una de las porterías. Seguro que habrá miles de sitios más espectaculares en el mundo y muchos de vosotros al ver las fotos pensaréis que no es para tanto… pero para mi en ese momento aquel era el campo más bonito que había visto en mi vida.

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Como decíamos, comprendo perfectamente que mucha gente no logre verle la gracia a estar dos horas como el único representante de prensa ahí presente tomando fotos de un partido de nivel bajísimo. De hecho, yo mismo me hubiera tildado de freak hace 5 años de saber que estaría asándome de calor en este Gotland-Ynys Mon y acepto con deportividad la sorna de los mensajes de mi padre acerca del ‘apasionante’ partido contado en alguno de los posts anteriores.

Ragnar Lodbrok

Si el partido era malo a rabiar (2-3 para Ynys Mon remontando un 2 0 en contra gracias a una enorme cantada del portero sueco y a un gol por la escuadra, cómo no, del gran Ryan Booth) y hacía un calor endemoniado: ¿Qué gracia tenía estar allí? Primero de todo haber visto aquel maravilloso campo colindante al aeropuerto ya merecía la pena. Una vez empezado el partido, quedarse acongojado por el aspecto vikingo del 9 de Gotland, Christian Zachrisson, y empezar a imaginárselo por aquellos parajes hacha en mano en honor al protagonista de la serie ‘Vikings’, Ragnar Lodbrok. Pasar a idolatrar al bueno de ‘Ragnar’ y desear que marcara un hattrick y que lo celebrara con un grito en honor a Thor. Plantearme el dilema: ¿Con quien desearía menos verme las caras en una reyerta callejera, con los pequeños pero aguerridos galeses o los grandotes bonachones suecos? Sentirme importante por llamarme igual que el portero de Gotland y oír mi nombre vitoreado cada diez minutos por las suecas en bikini ahí presentes. Alegrarme muchísimo al ver el segundo golazo de Ryan en menos de 24 horas. Acercarme con una ilusión inmensa a ‘Ragnar’ para hacerle una entrevista y sentirme profundamente herido por su desagradable negativa. Que al instante se me acerque el capitán de Gotland, Emil Segerlund, para pedirme disculpas por el comportamiento de su compañero y hacerle una entrevista insulsa aún consternado por el desplante del ‘9’. Acabar la entrevista maravillado por su simpatía y pensar que si algún día tengo una hija quiero que se case con un tipo como él. Que el destino me una por enésima vez con Ynys Mon de camino al hotel, encontrarme a un veterano seguidor galés y hacerme pasar por acérrimo hincha del Real Madrid para tranquilizarlo y decirle que estoy seguro que Gareth Bale marcará historia vestido de blanco. Sentirme bien por ver que lo he convencido y despedirme de él. Por todo esto tuvo sentido, por todo esto me encanta el fútbol sea dónde sea, por pequeño sea.

Galería de fotos del Gotland-Ynys Mon

Todo el material fotográfico es propiedad de Marcador Internacional.

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