El día que marcó a una generación

Irak Mundial sub-20 eser.karadag

Reconozco que me topé con ellos por pura casualidad. De vez en cuando suceden estas cosas. Quieres ver un partido para seguir a un futbolista en particular y te terminas enamorando, de forma insospechada, de alguien en quien no habías reparado antes. Ocurrió a finales de 2012, cuando seguía la pista de Yuya Kubo, delantero del Kyoto Sanga al que había visto un par de años antes en directo, en un torneo juvenil. Me pareció tan bueno que me apunté su nombre para buscar, varias veces al mes, cómo evolucionaba en la Segunda División japonesa. Así llegó a impactarme. Buscaba si era titular con frecuencia, cuántos minutos jugaba, cuántos goles marcaba. Pero claro, ver partidos de la J2-League suele ser bastante complicado. Así que se me presentó el campeonato asiático sub-19 como una magnífica oportunidad para calibrar su progresión. “Así veo qué tal juega ahora, que en su debut en Segunda anotó 10 goles con 17 años, y de paso miro varios partidos de Japón antes del Mundial sub-20“, pensé.

Pero Japón no llegó a clasificarse para ese Mundial sub-20. No lo hizo porque, pese a contar con algunos buenos futbolistas, era un equipo previsible. Y porque se topó con Irak en cuartos de final. “Son favoritos, han tenido suerte“, creía, ingenuo, al definirse el cuadro de cuartos de final. Entonces, me paré a ver ese duelo y dejé de fijarme en Yuya Kubo para centrarme en dos talentos descomunales: un lateral zurdo que recorría toda la banda sin descanso y un centrocampista talentoso que regateaba y asistía con estilo. Eran Ali Adnan y Humam Tariq, que lideraron a Irak hacia la victoria.

Humam Tariq Tareq Irak Mundial sub-20 eser.karadag

Humam Tariq (11) pelea un balón durante el Mundial sub-20. Foto: Eser Karadag.

Sin ser yo del todo consciente entonces, Tariq, Ali Adnan y los demás miembros de esa generación lograron algo histórico. No sólo se clasificaron para el Mundial sub-20 como semifinalistas del torneo continental, sino que de golpe pasaron a competir habitualmente en escenarios de exigencia. Jugaron las semifinales y la final del torneo asiático, que perdieron en una dramática tanda de penaltis contra Corea. Y se ganaron el derecho a disputar varios partidos de Mundial sub-20. Esos chicos iraquíes aprendieron a resistir en los contextos más adversos, competían como hombres y no como una generación de categorías inferiores, algo que parece estar en la sangre del fútbol de su país. Esa victoria contra Japón se convirtió en el punto de inflexión de uno de los equipos más exitosos en Asia en los últimos tiempos, pues alcanzaron las semifinales del Mundial sub-20. De los once japoneses que perdieron contra Irak, sólo Yuya Kubo y Oshima están cerca de debutar con la selección, aunque todavía no lo han logrado. En cambio, varios de los miembros de esa generación iraquí ahora ya forman parte de las convocatorias de la selección absoluta, aunque aún les cuesta hacerse un sitio en las alineaciones. En Australia están el portero Hameed, el central Ali Faez, el lateral Dhurgham Ismail, el centrocampista Kamel y, por supuesto, Ali Adnan y Humam Tariq. Este viernes, les toca volver a jugar contra Japón. Si puntúan, estarán muy cerca de los cuartos de final. Muy cerca de seguir jugando duelos de exigencia.

Foto de portada: Eser Karadag

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