El partido que todo el mundo recordará en Irak

Irak -  Nasya Bahfen

Younis Mahmoud, con la pelota en sus manos, ha mirado hacia el portero Haghigi. Ha plantado el balón en el suelo, ha mirado hacia el colegiado entre los cánticos de los hinchas de Irán, ha trotado con ritmo pausado y con elegancia, ha acariciado el esférico con su bota. Haghigi se tiraba hacia su derecha. El balón ha ido hacia su izquierda con la dulzura de los penaltis a lo ‘panenka’. En un golpeo se mezcla insolencia, superioridad, técnica y desfachatez. Si Irak fallaba, quedaba eliminada en cuartos de final contra su vecino Irán. Y Mahmoud, el viejo capitán sin club que anotó el gol de la final en 2007, ha marcado. Pocos minutos después, Irak estaba en semifinales después de ganar en los penaltis un partido magnífico que acabó 3-3. Su rival, Corea del Sur. Su víctima, la Irán de Queiroz, derrotada en uno de los mejores partidos que recordamos en esta competición.

Irán e Irak siempre se miran y siempre se analizan. Dos realidades complejas colindantes. Si la vida dentro de estos estados nunca es fácil de entender, las relaciones entre los dos tampoco. Los estados que protagonizaron esa cruel guerra entre 1980 y 1988 ahora se dan la mano contra enemigos comunes, aunque con cara de pocos amigos. Pactos estratégicos en despachos que sobre un césped poco importa. Se tienen ganas, se analizan, se buscan. Derrotar al vecino siempre tiene un sabor diverso. Y los cohetes se disparan al cielo con la esperanza de que se escuche al otro lado.

Irán-Irak

Irán va camino de los 40 años sin ganar la Copa, aunque sea una de las grandes potencias continentales. Su final ha sido cruel. A la fuerte defensa que vimos en Brasil, Queiroz ha sumado conceptos ofensivos y la apuesta por el joven delantero Sardar Azmoun. Hombres como Dejagah llegaban en un gran momento e Irán ganó su grupo con autoridad: tres victorias y ningún gol en contra. Y en un único partido le han metido tres.

Irak, con muchas caras nuevas que piden paso y el trote pausado de Mahmoud arriba, llegaba consciente de que le tocaría sufrir. Nada nuevo y nada incómodo, en un estado que intenta enviar a sus jóvenes lejos pues la violencia ha parado la liga. Como en 2007, muchos jugadores admiten estos días que sufren por su gente, puesto que algunas familias viven en zonas ocupadas por el ISIS. O por la violencia entre confesiones o corrientes políticas. Irak ni recuerda lo que quiere decir ‘estabilidad’, pero sabe a la perfección qué quiere decir ‘vivir orgullosa de su selección’. Le falta jugar un Mundial, cierto (disputaron el de 1986), pero esta generación brilla con la misma fuerza que la del 2007.

Irán golpeó primero. Juntó por el centro el talento y la experiencia de Shojaei, Nekouman y Teymourian, creando espacios en banda que aprovechó Gafhouri, encargado de crear complicidades con Dejagah. Irak intentaba taponar el juego interior del rival, aunque Dhurgham Ismail sufría en su banda. Por allí llegó el 1-0, con centro lateral del lateral Gafhouri y soberbio testarazo de Azmoun, el delantero del Rubin Kazan. Shojaei había llegado justo detrás y los centrales, despistados, permitieron el remate del joven goleador. Marcando los tiempos. De arriba a abajo. Con fuerza. Y con celebración junto a la hinchada. Golazo. Irak reaccionó como pudo en un partido caliente, de miradas desafiantes y algún jugador revolucionado. Pooladi no midió bien sus energías y antes del descanso fue expulsado. Y ahí Irán empezó a sufrir.

Younis Mahmoud Irak Doha Stadium Plus Qatar

Younis Mahmoud, la figura de Irak (Foto: Doha Stadium Plus Qatar)

En la segunda parte, Irak usó las mismas armas que el rival. Después de dos avisos del incansable Kasim, Irak abrió el campo y así empató. Jugada por su banda de Abdul Zahra, centro que no remata Mahmoud y en el otro extremo Ahmed Yasin llega oportuno a su cita con el gol: 1-1. Con empate, los equipos dudaron sobre cuál era su rol. Les entró un poco de miedo, sufrieron nervios. Queiroz acabó sustituyendo a casi todos sus hombres de ataque, reforzando el centro del campo y apostando por el más experimentado Ghoochannejhad arriba. Irak también dio descanso a su segunda línea, cansada, buscando los pulmones llenos de nuevos extremos. Irak intentó buscar el gol, aunque con respeto por las contra rivales. El partido parecía listo para la explosión. Y esta llegó en la prórroga.

Ya en los primeros minutos, otra internada por la banda izquierda acabó con un centro rematado con un salto complicado de Mahmoud. Irak se ponía 2-1 ya en el minuto 92 con gol de su mayor leyenda, aunque antes del descanso del primer tiempo el defensa Pouraliganji remató de forma imponente un córner: 2-2. En el segundo tiempo de la prórroga, Pouraliganji cometió un penalti y Dhurgham Ismail, que jugó un partidazo ofensivo ya liberado de sus tareas defensivas, no falló: 3-2. Irak, selección con más corazón que cabeza, cometió el mismo pecado que antes y de nuevo le marcaron en un córner cuando faltaban segundos para tocar el cielo. Hasta en 3 ocasiones remataron los iraníes en la misma jugada. Un remate al travesaño, otro a la defensa y, finalmente, Goochannejad marcó el 3-3. Un gol con el alma.

La suerte de los dos equipos, pues, se decidió en los penaltis. Y fue Irak el ganador de un partido maravilloso.

Foto de portada: Nasya Bahfen

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