Oro luso

Portugal sub-17 - Edu Ferrer Alcover

Un lanzamiento desde el punto de penalti estrellado en la madera por parte del zaragozano Manu Morlanes quebró los sueños de la selección española sub-17 en una final en la que exigió al máximo a la gran favorita al título y posterior vencedora: el combinado portugués dirigido por Hélio Sousa.

El choque entre las dos selecciones de más nivel de la competición no rompió con el guión preestablecido: Santi Denia se protegió ubicando a Fran García en el costado izquierdo, dándole plena libertad a Brahim Díaz en la mediapunta, y Portugal alineó su once de gala, un grupo de futbolistas con una mezcla de condiciones físicas y técnicas mucho más llamativa que la del resto de combinados desplazados durante el mes de mayo al país azerí.

Sin demasiadas interrupciones en el juego y con las habituales precauciones propias de una gran final, el cuadro luso manejó la posesión y España priorizó un fútbol más vertical, basado en transiciones rápidas. A priori no parecía una tarea sencilla mantener a raya a José Gomes, el extraordinario delantero del Benfica, ni tampoco controlar las continuas llegadas desde segunda línea de Domingos Quina y Gedson Fernandes, dos interiores de relumbrón; pero el excelente trabajo de Oriol Busquets en el pivote y la solvencia de la pareja de centrales, la formada por Brandariz y Subias, permitió fijar la línea defensiva cerca de las inmediaciones de la portería de Iñaki Peña sin sufrir demasiados contratiempos. Quizá el duelo más bonito fue el que midió en la zona ancha a Florentino y a Brahim, dos de las individualidades más rutilantes. El mediocentro portugués no dio ni un solo instante de tregua al menudo mediapunta del Manchester City y el 10 español tuvo que trabajarse cada metro para poder entrar en contacto con el esférico sin estar permanentemente rodeado por las largas piernas del guardián de la defensa portuguesa. Cuando lo consiguió, España dinamizó su juego de ataque: Morlanes y Busquets conectaban con el joven malacitano y acto seguido éste buscaba los desmarques al espacio de Jordi Mboula y Abel Ruiz.

Pese al equilibrio inicial, Portugal abrió la lata a través de una de sus combinaciones más características: Rubén Vinagre y Diogo Dalot, los dos laterales, se proyectaron al ataque al mismo tiempo y el zurdo del AS Mónaco colgó un balón tocado desde el perfil izquierdo. Tras sobrevolar el área, la pelota acabaría en los pies del carrilero portista. La ayuda de Fran García llegó tarde y cuando España pudo darse cuenta del desajuste defensivo la pelota ya había superado a su guardameta.

Una de las grandes virtudes del combinado español en este Europeo sub-17 ha sido la capacidad para sobreponerse a situaciones críticas. En este caso, el golpe sobre la mesa se produjo apenas cinco minutos después del 0-1. Un centro lateral, que contó con el favor del portero portugués Diogo Costa, excesivamente tímido, encontró la cabeza de Brahim en el segundo palo y los intentos de la defensa lusa para evitar la igualada resultaron en balde.

Dos decisiones importantes:

– Por primera vez en el torneo, Hélio Sousa se vio exigido y decidió romper con su 1-4-3-3 puro. Y lo hizo durante la segunda mitad de la final, cuando el partido pedía ser agitado. La pieza más interesante del banquillo, Miguel Luis, no sustituyó a Quina, como suele ser habitual, sino que reemplazó a Mesaque Dju, titular con regularidad en el extremo derecho. Con esta modificación, Joao Filipe permutó de banda y el mencionado Quina, quien con solo 16 años ya ha pasado por Benfica y Chelsea antes de recalar en el West Ham inglés, ocupó la posición de falso extremo izquierdo. Su rol, similar al que en algunas ocasiones ha ejercido Thiago Alcántara a las órdenes de Pep Guardiola, no terminó de dar los frutos esperados. La decisión parecía tener todo el sentido del mundo, porque permitía descargar de trabajo defensivo a un chico habilidoso en el uno contra uno, pero el colectivo no digirió bien el hecho de prescindir de un futbolista puro de banda. Portugal se atascó.

– No acumulaba la mejor de las rachas Iñaki Peña deteniendo penaltis y Santi Denia decidió sustituirlo en el último minuto del tiempo reglamentario para dar entrada a Adrián, guardameta del Espanyol. El cambio, similar al que realizó Louis van Gaal en el Mundial de Brasil con Tim Krul frente a Costa Rica, esta vez no dio los resultados esperados: Portugal anotó todos sus lanzamientos y terminó alzando una copa que, a tenor de lo mostrado sobre el terreno de juego, le pertenece.

Merecido campeón.

Foto de portada: Edu Ferrer Alcover. Todos los derechos reservados.

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