Fútbol popular en nuestros campos, ¿una utopía?

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Las inspiradoras historias de equipos como el United of Manchester, el AFC Wimbledon o el F.B.C. Unione Venezia han sido tomadas por muchos como ejemplos de rebelión por parte de aficionados hastiados por la deriva que ha tomado un deporte cada vez más globalizado y sujeto a los vaivenes del mercado. La desigualdad de la última década entre ricos y pobres en un fútbol totalmente polarizado que aúna millones de ojos fijados en la élite mientras descuida de forma reiterada su clase humilde ha propiciado que sean cada vez más los que suspiren por un modelo alternativo en las reglas del juego.

Así, como contraposición al ‘fútbol moderno’ lleva gestándose desde hace años en España una aún incipiente semilla del ‘fútbol popular’– la definición de ambos conceptos podría ser motivo prácticamente de otro reportaje pero vamos a respetar la etimología defendida por los impulsores de esta iniciativa como popular en virtud de algo que le pertenece al pueblo ante un negocio que ya no-.

Si se hace un repaso por categorías como la 2aB, Tercera o las territoriales se puede observar una tímida pero decidida apuesta por una forma de hacer distinta. ¿Cómo? Hay quienes han optado por reivindicar el fútbol de proximidad, el que juegan los equipos de barrio o de pueblo, potenciando grupos de animación con el único objetivo de recordar el valor de un partido de fútbol como mero acto social. Mientras, otros han dado ya otro paso adelante y han creado Clubes de Accionariado Popular. En otras palabras, entidades deportivas que no se rigen como Sociedades Anónimas Deportivas (S.A.D) sino que son propiedad de sus socios y funcionan de manera asamblearia.

Animar a tu equipo, aunque sea en regional

Recientemente hemos podido observar cómo entidades de la talla de Real Madrid o Fútbol Club Barcelona han creado espacios de animación para darle colorido a unos estadios en los que visitantes esporádicos ganan cada vez más terreno a los socios de toda la vida. Por razones muy distintas, estas gradas de animación también son cada vez más habituales en clubes mucho más modestos; David Requena, uno de los impulsores de ‘Reducte Gris Grana’, explica las motivaciones que les llevaron a crear este grupo de animación del Club Esportiu Júpiter, equipo del Grupo 5 de Tercera acabado de descender a Primera Catalana: “muchos de nosotros nos juntamos para seguir los partidos del Sankt Pauli y sentimos envidia sana de lo que hacen allí, así que decidimos formalizar nuestro apoyo al Jupi, un equipo vinculado a los barrios de Poblenou y la Verneda, zonas de tradición obrera”. Precisamente la vinculación con el territorio no es un asunto baladí: “Muchos de nosotros éramos del Barça, pero estábamos cansados de sentir cada vez menos empatía por las victorias o las derrotas, de percibirnos casi como clientes de algo tan grande; por eso creímos que teníamos que vincularnos con el equipo de barrio, una entidad formada por gente currante como nosotros que nos permite reunirnos los domingos, cantar, animar y disfrutar del fútbol tal y como lo aprendimos cuando éramos chavales”.

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Desde hace dos años el Reducte Gris Grana se ha constituido como un vehículo más de expresión social en el distrito barcelonés de Sant Martí. Foto cedida por Reducte Gris Grana.

“Hooligans rurales”

Este apoyo, aunque encomiable, se puede contar todavía por decenas de personas. No obstante, desde Reducte Gris Grana ven claramente una tendencia creciente en los campos que visitan: “Somos pocos pero creemos que si el fútbol profesional sigue por esta deriva vamos a ser más. De hecho nos alegra ver en cada desplazamiento a gente como Skapulats (CE Europa) Desperdicis (Sant Andreu) la Peña al Hueco (Montañesa) u otros como por ejemplo la Penya Sport de Palamós que se formaron en los 80”. Concretamente en 1985 empezó la Penya Sport a articularse coincidiendo con la época de boom que llevó a esta pequeña localidad gerundense a la segunda división, una situación paradójica como admite uno de sus representantes, Pere Aliu: “Es curioso porque nosotros nacimos alentados por una cultura futbolística del pelotazo que nos llevó a estar casi en lo más alto; ahora, después de sufrir en nuestras carnes las experiencias de tener por aquí a gente como Dmitry Piterman y otros peores, reivindicamos justamente lo contrario Y es que en la Penya Sport se presentan como un grupo de animación que hace bandera de la vida rural: “Lo que nos da tener tanta experiencia es que queremos aprender de los errores del pasado, demandar un tejido social viable para el fútbol y que gente de L’Empordà y la Costa Brava se anime a seguir a un equipo de la zona sin las ínfulas que nos llevaron a acumular unas deudas que aún hoy estamos sufriendo”.

Estábamos cansados de sentirnos clientes de algo que ya no nos pertenece.

Estos son algunos ejemplos de grupos de animación popular articulados que han surgido en el fútbol modesto estatal. Unos grupos que es justo apuntar (no como algo positivo o negativo, simplemente como un hecho que ayuda a entender su naturaleza) que en muchos casos también tienen vinculaciones políticas en distintas ramificaciones– grupos vecinales, entidades e incluso hasta en algunos casos movimientos de izquierdas y antifascistas-.

El fenómeno de los Clubes de Accionariado Popular

El ánimo reivindicativo de estas aficiones es firme y muy activo pero no afecta más aspecto del fútbol que el puramente social. Sin embargo, ya existen en España desde hace años una serie de clubes que desde su propia estructura ponen en cuestión el modelo organizativo que impera en estos lares. Son entidades que luchan para que el poder de decisión no se acumule en manos de los que puedan pagarse más acciones y que todos los socios participen en las decisiones del club.

Los Clubes de Accionariado Popular se han erigido no sólo como una nueva forma de gestión si no como una manera de reivindicar que se puede gestionar el fútbol de otra forma.

El estallido de la burbuja inmobiliaria y la crisis económica de hace una década puso en jaque el arquetipo de clubes basados en inversiones milagrosas de propietarios aparentemente altruistas que con la perspectiva del tiempo han demostrado resultar una fuente inagotable de deudas. Equipos históricos con tradición en Primera y Segunda como la U.D. Salamanca, el Xerez C.D., el Burgos C.F. o el Toledo vieron su viabilidad comprometida e incluso algunos tuvieron que disolverse para volver a fundar otro club que recogiera su espíritu. Muchos de ellos, como el Unionistas de Salamanca, han querido aprender de los errores del pasado y volver a empezar con un sistema de accionariado popular.

 

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El Xerez Deportivo F.C. aspira a coger el relevo de lo que un día consiguió el Xerez C.D. Foto cedida por Xerez Deportivo F.C.

Lo viejo y lo nuevo coinciden en la misma división

Esta situación de desamparo que ha vivido el fútbol semi profesional español ha conducido a situaciones totalmente anormales. Es, por ejemplo, el caso que se vive en la ciudad de Jerez. En 2013 el histórico Xerez Club Deportivo agonizaba y ante esta crítica situación un grupo de aficionados jerezanos decidió crear el Xerez Deportivo Fútbol Club desde cero, con unos colores y escudo similares al del equipo que durante tantos años habían animado pero en forma de Club de Accionariado Popular en el que hacer las cosas de forma muy distinta, como explica el exjugador del Xerez CD y actual presidente del Xerez Deportivo FC, José Ravelo: “Queríamos evitar la trampa de 20 millones de euros en la que se ve inmerso el Xerez CD, hacer una gestión sin ningún euro de déficit, auditada año a año y con dos o tres asambleas anuales en las que consultar a los aproximadamente 300 socios que vienen las decisiones más importantes del club”. Según Ravelo, el 90% de la masa social del Xerez CD-unas 6.000 personas- pasó a animar al Xerez Deportivo FC. El nuevo club empezó a ascender desde la categoría más baja hasta llegar al Grupo 1 de la División de Honor Andaluza, paralelamente el Xerez CD ha trampeado su deuda hasta darse la curiosa situación en que los dos clubes hermanos se han enfrentado esta temporada. Ante esta circunstancia y teniendo en cuenta que el Xerez CD sigue acuciado por las deudas, Ravelo insiste en su deseo “que las dos entidades se unifiquen y podamos crecer con lo que hemos aprendido que no tenemos que volver a hacer”.

El valor social de un CAP va más allá de una asamblea

La fórmula de los Clubes de Accionariado Popular no sólo es una manera de darle nueva vida a clubes históricos sino que otras entidades más modestas han decidido optar por este modelo con el convencimiento que es la forma más sostenible de poder crecer. Es el caso, por ejemplo, del Cap Ciudad de Murcia y el Unión Club Ceares, dos entidades que por su trayectoria en estos últimos años se han convertido en referentes de modelo de gestión. En el caso del equipo murciano, todo empezó con la famosa y polémica venta de las acciones del empresario Quique Pina, allá en 2007, del Ciudad de Murcia que militaba en Segunda División; aquel club se mudó al sur y dio paso al Granada 74.

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La afición del CAP Ciudad de Murcia es de las más activas de su categoría pese a tener muy pocos años de historia. Foto cedida por CAP Ciudad de Murcia.

Los aficionados del Ciudad de Murcia exploraron diversas fórmulas como quedarse el fútbol base e incluso buscar el potente respaldo económico de un empresario para comprar un club de Tercera División, el Club Atlético Ciudad. Pero a los tres años aprendieron la lección y tuvieron que bajar la persiana por impagos. Otra vez, con la lección aprendida en 2010, un grupo de aficionados quiso empezar de nuevo creando un club desde lo más bajo. Indagaron en un modelo de gestión online, del cual ya hablamos en su día en MI pero descubrieron rápidamente que era poco viable. Una treintena de personas viajó a Manchester para asistir a un partido del United of Manchester y conocer más la experiencia del nuevo club inglés. Lo que vieron les gustó tanto que decidieron importarlo a tierras murcianas. Dicho y hecho, desde entonces el CAP Ciudad de Murcia no ha parado de ascender hasta la Tercera División, donde lucha por mantenerse. Aún así, tal y como afirma su presidente José Francisco Francisco Navarro, el descenso no es algo que les obsesione: “Para nosotros lo más importante no es ir escalando divisiones, y si tenemos que bajar nos dolerá pero a veces más vale ser cabeza de ratón que cola de león. A diferencia de otros clubes, podemos sobrevivir a un hipotético descenso. Lo realmente importante es seguir creciendo y que sigan viniendo más de un millar de personas a vernos. Es muy bonito ver que competimos con equipos que en presupuesto son 5 veces más que nosotros pero en público 50 más pequeños”.

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El Ciudad de Murcia no sólo quiere establecerse como un club que se gestiona mediante asambleas; también quieren posicionarse en aspectos clave y hacer una función social. Foto cedida por CAP Ciudad de Murcia.

En el CAP Ciudad de Murcia además también se muestran muy orgullosos de distintos proyectos que según ellos son inherentes a un Club de Accionariado Popular, como es la creación y promoción de un fútbol femenino potente o un equipo de fútbol adaptado para personas con diversidad funcional. En este aspecto, en el que un CAP no sólo implica hacer X asambleas al año sino que hay un proyecto social detrás, coinciden completamente con el U.C. Ceares asturiano. Este club del barrio gijonés de Ceares estaba condenado a la desaparición y su futuro pasaba por fusionarlo con otra entidad como un equipo de fútbol base. No obstante, un grupo de jóvenes aficionados decidió presentarse a elecciones con una alternativa basada en un modelo radicalmente opuesto. Su opción ganó y desde entonces han convertido al U.C. Ceares en un club de culto por ser una entidad que no sólo se ha erigido en modelo de gestión deportiva sino que ha sabido entender muy bien el valor social de sus gradas, tal y como explica uno de los miembros de su Junta directiva, Xoxe F. Estrada: “Entendimos que una de las funciones principales que tiene el fútbol es la de socializar, el concepto de vecindad, de tomarse unas cañas con el primo o el vecino. En este mundo en el que cada vez estamos más conectados con el que está lejos pero menos con el que tenemos al lado, vimos que esto se estaba perdiendo y ahí teníamos terreno para recuperar”.

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El ambiente que se vive en los partidos del U.C. hace que muchos se hayan acercado al club. Foto: Pedro Samara cedida por U.C. Ceares.

Con un modelo de gestión participativo e incluso fomentando ciertas actividades extradeportivas como conciertos de rock y festivales, han logrado recuperar el interés de la gente por un club de Tercera: “Se ha cuadruplicado la masa social del club y ahora hay partidos que metemos hasta 1000 personas en el campo. Esto lo estamos consiguiendo por dos factores, el primero porque el barrio vuelve a sentir a este equipo como algo suyo y el segundo porque hay gente que se ha acercado atraída por nuestro modelo. Además, entendemos que hay muchas subculturas urbanas ligadas al fútbol como los mods, heavys u otras tendencias y este elemento también nos ha dado un colorido especial. Aquí las discusiones más encendidas que tenemos son por escoger la música que suena en el estadio.

Hay que recuperar el concepto de vecindad en nuestro fútbol.

Como pasa en el Ciudad de Murcia, la gran afluencia de espectadores y la atmósfera especial del campo de La Cruz hace que muchos jugadores quieran recalar en el U.C. Ceares pese a ser uno de los equipos con menos presupuesto del Grupo 2 de Tercera División. Así lo comenta su ex entrenador Miguel Ángel Fernández: “Seguramente el Ceares sea el equipo que menos paga, 50, 100, 200 euros mientras que hay equipos que pueden llegar a los 800 fácil. Pero yo me encontré a muchos chicos que querían venir por la experiencia de sentirse casi como profesionales, con cánticos personalizados y casi un centenar de personas en los desplazamientos, era algo increíble”. Además ‘Miguelín’-como le conocen en Ceares recuerda de sus tiempos como entrenador una política deportiva algo peculiar: “No quieren viejos rockero, prefieren a jóvenes con ilusión por empezar antes que a gente que haya dado muchas vueltas por la categoría. De todas formas, también es cierto que no procuraban no meterse en exceso en la parcela deportiva”. En eso coinciden tanto Xoxe F. Estrada como José Francisco Navarro: “El modelo asambleario tiene que servir para dar la voz al socio en asuntos como los presupuestos o el color de la segunda equipación, por poner algún ejemplo, pero no se trata de que la gente haga las alineaciones.

Las discusiones más acaloradas que tenemos son por ver qué canciones suenan en el estadio.

¿Qué pasa si algún día llegan al fútbol profesional?

Ésta es una pregunta recurrente según la ley de principios de los 90 que obliga a todo equipo español a ser Sociedad Anónima Deportiva si quiere entrar a formar parte del fútbol profesional. Ante esta encrucijada las respuestas son distintas, por ejemplo José Ravelo admite que “el Xerez Deportivo F.C. es casi como un equipo profesional jugando en Regional. Ojalá algún día nos tengamos que hacer esta pregunta y si llega yo creo que encontraremos la fórmula de cumplir con la ley manteniendo la participación del socio como clave indispensable”. Otros, como Xoxe F. Estrada admiten que no es un escenario que contemplen: “Que un equipo de un barrio de 7.000 personas llegue más allá de 2aB lo veo imposible, además que el ascender tampoco es algo prioritario, pero si pasara creo que renunciaríamos. En la misma línea, José Francisco Navarro admite que su labor va más en la línea de la concienciación: La ley de Sociedades Anónimas Deportivas ha resultado ser un fracaso, pero España es un país en que los cambios van muy lentos; por eso para nosotros lo importante es que poco a poco la gente tenga consciencia que el Accionariado Popular es el futuro.

La cooperativa planteada por Ànima Castelló, un caso a estudiar

El tortuoso andar del Club Deportivo Castellón es un caso paradigmático del ruinoso negocio que ha supuesto para muchos clubes la mercantilización del fútbol. De ser un club finalista de la Copa del Rey y contar en sus filas con futbolistas de renombre a verse en Tercera División con una plantilla de jugadores que hace cinco meses que no cobran. Acusaciones de malversación, sentencias judiciales, negocios turbios, corrupción política y un propietario que no se presenta a firmar cuando dice tenerlo todo hecho para vender el club a un grupo inversor chino, este es el día a día de los aficionados del C.D. Castellón. La gente de la ciudad no deja de acudir a las gradas de un Nuevo Castalia donde, por cierto, el equipo albinegro compite de manera alegal ya que hace un año que expiró el permiso para jugar en el complejo municipal e incluso algunos propietarios de restaurantes de la zona han servido menús gratis a miembros del C.D. Castellón.

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Pese a encontrarse en una situación institucional convulsa, el poder de atracción del C.D. Castellón sigue siendo enorme. Foto cedida por Ànima Castelló.

La situación es a todas luces insostenible, por lo que ha llevado a muchos aficionados albinegros a elaborar un plan. En este sentido salió a la luz pública hace unas semanas la iniciativa Ànima Castelló, que opta por salvar el club mediante una cooperativa. Manel Porcar, uno de los promotores de Ànima Castelló explica por qué prefieren esta novedosa fórmula para salvar a su equipo: “Ya es casualidad que todos los gestores que hemos tenido en las últimas décadas sean tan pésimos que nos han llevado hasta aquí. Esto te indica que no es sólo un problema de personas, si no de la podredumbre del modelo: aquí siempre que han llegado inversores y agentes han querido sacarle algún rédito económico, esa es la gracia de las S.A.D. si no de qué iban a meter un euro ¿por generosidad? Manel, como muchos otros en la ciudad, está hastiado de ver la misma historia año tras año: “Aquí colocan jugadores como trampolín, si salen bien se van a otro sitio y si salen regularcillo entonces se quedan. Así es imposible hacer ningún proyecto deportivo serio”. A esta situación deportiva desesperada hay que sumarle una dirigencia esperpéntica en los despachos: “Aquí hay jueces que han puesto fianzas millonarias, eso quiere decir que lo que se manejaba por aquí eran contratos muy importantes. Ahora tenemos un presidente, David Cruz, que ha admitido que el C.D. Castellón es su medio de vida, que vive del club vaya. Esto es insostenible”.

El problema no es que los gestores sean malos o buenos, es que el modelo de las S.A.D. no funciona.

Pero ante esta situación, ¿por qué no optan por fundar un nuevo club como en otras ciudades? “Desde Ànima Castelló respetamos los Clubes de Accionariado Popular y nos parecen iniciativas muy interesantes pero nosotros no queremos refundar el club. Creemos que el C.D. Castellón es una marca única, histórica, que aún estando como estamos tiene una vinculación especial con la ciudad, un caso muy peculiar en el fútbol español. Gente que no ha visto al equipo nunca en primera escucha ‘Pam Pam orellut’ y sabe perfectamente lo que es. Perder esta marca sería algo dramático y recordemos que desde el cambio de normativa en la RFEF en 2013 ya no se puede liquidar un equipo para no pagar deudas y volver a hacer uno a imagen y semejanza. Tendríamos que cambiar de colores, de sede social, de escudo…

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Acto de presentación de la plataforma Ànima Castelló el pasado mes de Abril. Foto cedida por Ànima Castelló.

Como solución para plantear un modelo más justo y democrático que tenga cabida algún día en el fútbol profesional, Ànima Castelló ha ideado un modelo de cooperativa que creen que puede funcionar: En las cooperativas también hay acciones, pero son estructuras que obligan al debate y el juego democrático entre todos los accionistas. Lo que proponemos es que el 49% forme parte de madres y padres del fútbol base, de abonados, de patrocinadores y pequeños negocios locales, el tejido social de Castellón. Para no romper el equilibrio de fuerzas y garantizar un consenso social, es indispensable que el 51% restante sea de propiedad pública mediante una fundación”. Ahí es donde topan con la negativa de la administración pública, especialmente del Ayuntamiento de Castellón: “ellos nos dicen que no van a poner dinero para un equipo de fútbol- cosa que por cierto ya hizo la Generalitat no hace tanto con el Valencia CF– a lo que nosotros les respondemos que no se trata de poner dinero para fichar a un Cristiano Ronaldo de turno y jugar la Champions, es ayudar económicamente para garantizar que la ciudad de Castellón cuenta con una entidad histórica que vertebra el tejido social y que lo hace de una manera democrática con un proyecto deportivo inclusivo que potencie el fútbol base y el fútbol femenino, algo de lo que toda la población se pueda sentir orgullosa”.

Desde la grada, en forma de Clubes de Accionariado Popular o con nuevas alternativas, cada vez más son los aficionados en España que creen que el fútbol tal y como está estructurado hoy en día no es sostenible. Este es el ejemplo de pequeñas iniciativas, aún con muchas incógnitas por resolver pero que demuestran el anhelo de mucha gente que confía en que otro fútbol es posible.

Foto de Portada cedida por U.C. Ceares.

3 comments

¿Por qué la LFP obliga a clubes de los socios a transformarse en SAD al subir a segunda?
Todos sabemos la respuesta pero es algo con lo que hay que acabar.

Bueno, la teoría está en la legislación deportiva y ante ello debo decirte que era un tema esencialmente fiscal (la SAD tributaba más que la asociación si mal no recuerdo; interesantes las cuestiones planteadas por la Comisión Europea al respecto por los casos de los únicos cuatro que no son SAD y el concepto de ayudas públicas directas). Esta situación -obligar a adoptar el tipo social de SAD- no sucede, por ejemplo, en Alemania -salvo las excepciones que todos conocemos- principalmente por la falta de mercantilidad de las asociaciones (incluidas las deportivas) y la imposibilidad de transmitirla en sentido económico de un modo característico y a semejanza de clubes como el City, PSG, etcétera. Así, más allá de unas obligaciones registrales de publicidad e inscripción, hoy en día no se explica la obligación que se impone a los clubes en caso de ascender a segunda división.

Por lo que refiere a la posición de la Generalitat Valenciana a meter dinero en el Castellón, nada nuevo, por cuanto a los clubes beneficiarios de esas ayudas se les sancionó con multas de cuantía muy elevada por recibir ayudas contrarias al Derecho de la Competencia, como en el caso anteriormente citado.

¡Saludos!

La teoría de las SAD dice que los dueños, al jugarse su patrimonio, gestionarán con más cuidado. Hay que pensar que la ley es del 90, cuando los clubes deportivos estaban todos entrampados hasta las cejas (salvo 4, los que no tuvieron que transformarse) precisamente porque la gestión “popular” y “democrática” de sus socios sólo había servido hasta entonces para generar deudas. La realidad, por desgracia, ha demostrado que el problema no es de modelo societario sino de gestión pura y dura, pero la ley ahí sigue.

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