Hungría, el tuerto en el reino de los ciegos

Manager Bernd Storck of Hungary during the UEFA Euro 2016 match at Stade de Bordeaux, Bordeaux, France
Picture by EXPA Pictures/Focus Images Ltd 07814482222
14/06/2016
*** UK & IRELAND ONLY ***
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Es oficial: Hungría se ha convertido ya en el equipo revelación, en el campeón de los modestos que llegaron a esta Eurocopa 2016. El empate a 1 contra Islandia dejó al conjunto magiar como ganador moral de este particular trofeo que se disputaba con los vikingos. Y no sólo porque el equipo de Bernd Storck haya conseguido una clasificación a octavos histórica si no porque además lo ha hecho con un juego de combinación muy meritorio teniendo en cuenta las piezas disponibles para conformar el puzzle. Hungría supo sufrir, supo jugar y supo perder durante muchos minutos hasta que encontró el gol de Saevarsson en propia puerta que premiaba un trabajo excelente. Pese a haber obtenido el mismo resultado, la sensación en el bando islandés es totalmente contraria. Islandia se fue del Vélodrome cabizbaja, tras ver cómo se le escapa una clasificación que tenía entre los dedos.

Primera parte para Islandia

La gran duda sobre quien iba a llevar la iniciativa del juego se despejó rápidamente: los de Storck serían los encargados de cargar con el peso del partido. Ante esto, Islandia tenía previsto repetir el plan que tan bien le funcionó frente a Portugal: repliegue y salir con envíos largos precisos a atacar al rival. Es increíble la maestría con la que ejecutan los islandeses su plan; cuando hay un balón en largo, parece que los de Lagerbäck y Heimir tengan estudiado el campo al milímetro y cuando el balón se eleva cada uno ya sabe dónde irá el esférico, qué hará el compañero y en consecuencia qué tiene que hacer él.

Hungría no se asustó ante esta situación y bajo la manija de Ádam Nagy y László Kleinheisler enarboló un sistema que desembocaba normalmente en el mismo punto: buscar los flancos débiles de Islandia, las bandas. Aún así, la encomiable ayuda de Bjarnason y Gudmundsson, contrarrestó un peligroso inicio de Dzsudzsák y Stieber.

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La ilusión por la clasificación virtual se vio frustrada por un gol en el minuto 88. Aún así, el pueblo islandés sigue creyendo. Foto: Propiedad de MarcadorInt.

Hungría dominaba e iba llegando con cierto peligro pero tampoco agobiaba a Islandia, cómoda atrás sin que Hannes Halldórsson tuviera que hacer ninguna parada de mérito. No obstante, la labor de Kleinsheiler y Nagy estaba haciendo daño en el centro del campo islandés y en ello sufría especialmente un hombre: Gylfi Sigurdsson. En la primera media hora de partido el centrocampista del Swansea se vio agobiado en defensa y ofuscado en los pocos segundos que gozaba del tacto del cuero, cosa que acabaría desgastándolo tanto a él como al resto del equipo, un factor clave para entender la enorme superioridad húngara en la segunda parte. En una de las pocas que pudo tocar con claridad Gylfi, combinó con Bjarnason y éste en semifallo le puso un balón buenísimo a Gudmundsson. El jugador del Charlton se acomodó con el cuerpo a la perfección pero remató a los pies de Király. Hungría también amenazaba con las llegadas de Dzsusdzak y Stieber pero las coberturas de unos notables Ragnar Sigurdsson y Kari Árnason les privó de llegar a mayores.

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Hubo cordialidad entre las aficiones de Islandia y Hungría, aunque una facción del público húngaro acabó provocando altercados dentro y fuera del campo. Foto: Propiedad de MarcadorInt.

Hungría estaba jugando de maravilla pero no traducía en picotazos un excelente movimiento de piernas. Mientras, Islandia esperaba la suya y ésta llegó: saque de córner, salida defectuosa de Gábor Király y el balón llega a Aron Gunnarson. El capitán cayó en el área tras un contacto de Tamás Kádár y el árbitro señaló penalti. Gylfi Thor Sigurdsson, tranquilo, impasible lanzó la pena máxima como lo hacen los cracks, a engañar al portero. Era el 1-0 para Islandia, que llegaba al descanso exactamente cómo quería. El segundo tiempo acrecentaría más aún el rol que debían tomar las dos. Hungría se veía obligada a insistir más en su circulación de balón e Islandia se repetía en el vestuario: orden, orden y orden.

Heimir Hallgrímsson: “Tendríamos que haber sido más clarividentes con la gestión del balón. No se puede correr todo el rato sin un segundo de respiro, es imposible. Pero aprenderemos de ésta, lo sacaremos adelante”

El fútbol no se trata sólo de correr y la segunda parte del Islandia-Hungría lo demostró. Seguía combinando con fluidez inesperada Hungría mientras que Islandia guardaba su 1-0 como oro en paño. Sucede que pese a mucho skyr que se ingiera y pese al vigor de estos chicos forjados en la cuna misma de los volcanes, no hay humano que aguante 90 minutos corriendo sin respiro y esto es lo que le ocurrió al conjunto escandinavo. Hungría iba haciendo su partido, intentando agredir por bandas pero sin volverse loca. Los ataques húngaros eran repelidos por la defensa islandesa, pero a diferencia de otros partidos, tras el patadón defensivo no había opción a aguantar el balón ni medio minuto. De tanto hiperventilar, Islandia acabó exhausta y lo aprovechó Bernd Storck para poner más carne en el asador, pues veía que no existía apenas riesgo de contraataque. Hungría fue percutiendo hasta encontrar el gol sobre la bocina tras una preciosa combinación reflejo de lo que fue el estilo magiar durante todo el encuentro. Con el 1-1 hubo tiempo para la mitomanía, ya que el veterano Eidur Smári Gudjohnsen debutó con 37 años en la Eurocopa 2016 y tuvo la última ocasión para marcar el gol de la victoria.


Al final, el duelo entre aspirantes a rey de los modestos se lo llevó Hungría con un empate que les deja en octavos y que cayó como un jarro de agua fría sobre las ilusiones islandesas. El fútbol fue muy cruel con Islandia al llegar el gol en el 88 pero para nada fue injusto; Hungría lo consiguió gracias a un juego admirable en lo colectivo y por momentos brillante en lo individual. Ya nadie se ríe del equipo con el portero del pijama.

Una vergüenza

De tan repetido que está siendo estos días parece que nos estemos volviendo inmunes, pero eso no quita que una vez más lo sucedido en la grada del Stade Vélodrome fue algo bochornoso. Un grupo significativo de ultras húngaros luciendo unas camisetas negras cuyo significado no hemos podido descifrar aún, se dedicaron a caldear el ambiente ya durante la previa. Este hecho obligó a la organización a triplicar el número de efectivos de seguridad en la zona de Hungría. Ni así, con el gol in extremis de su selección, se desató la locura en la grada y el júbilo inicial dio paso a las múltiples bengalas, petardos, fuego y finalmente una humareda espesa. Otra vez más y ya van… La indignación explota cuando estos hechos ocurren pero tras repetirse jornada tras jornada queda la sensación que corre el riesgo de convertirse en una vergüenza crónica de esta Eurocopa que parece mentira que nadie vaya a ponerse manos a la obra para erradicar.

Foto Portada: Focus Images Ltd.

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