La noche en la que Emre Mor tiró de un país

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Turquía estaba siendo una de las selecciones más insulsas de esta Eurocopa. Su plantilla evocaba claramente a aspereza, a poca excitación, a un ritmo lento narcotizante que contagiaba a todo su juego. Es la de Terim una selección plagada de buenos centrocampistas pero poco intensos, que ofensivamente no tiene prácticamente desequilibrio ni mordiente y, como tanto Croacia como España les habían dejado sin el balón, se habían quedado sin posibilidad de contragolpear y defendiendo desapasionadamente de forma continua. Las sensaciones eran francamente malas. Es por ello que muy pocos creían que fuera capaz de lograr una victoria por dos goles que planteara una candidatura realista para clasificarse a octavos de final como uno de los mejores terceros. Pese a que decenas de miles de turcos abarrotaron el Estadio Bollaert – Delelis, su estado de ánimo en la previa no parecía de un optimismo exacerbado, sino mas bien de cierto reproche hacia los suyos.

Volkan Sen of Turkey during the International Friendly match at SRC Stozice, Ljubljana Picture by EXPA Pictures/Focus Images Ltd 07814482222 05/06/2016 ***UK & IRELAND ONLY*** EXPA-SLO-160606-0195.jpg
Volkan Sen fue titular en banda izquierda. Foto: Focus Images Ltd

No transcurrió mucho tiempo hasta que esa tendencia empezó a cambiar irremediablemente. Concretamente, desde los primeros contactos con el balón de Emre Mor, quien a sus 18 añitos estrenaba titularidad con su combinado nacional. Cuando el balón pasaba por el atrevido zurdito del Borussia Dortmund, las sensaciones eran inconfundiblemente distintas. El tedio y hastío que acompañaba a la selección turca empezó a transformarse poco a poco en excitación e ilusión. De pronto, la hazaña parecía realizable. Sentían que contaban con un futbolista capaz de armar peligro y generar acciones de goles por su pura individualidad. Se entregaron a él. Y el pequeño mediapunta con cara de niño respondió con todas las letras.

Burak Yilmaz: La primera vez que vi a Emre Mor en un entrenamiento, no tenía ni idea de quién era. Ahora el mundo sabe quién es. Es grandioso. Es nuestra flor, lo es todo para nosotros.

Emre Mor sedujo a sus compañeros y los conectó con su hinchada. Abierto en la banda izquierda, el futbolista más joven de esta competición comenzó a pedir el balón, a acudir allí donde estuviera y a asumir la responsabilidad de que hoy le tocaba a él desequilibrar con una madurez impresionante. Con su inconfundible conducción hacia dentro con el balón pegado a su pie izquierdo y ese prodigioso primer cambio de ritmo que siempre le dota de tiempo y espacio, nutrió de frescura ofensiva a una selección que la necesitaba como el comer. Por primera vez en esta competición, Turquía daba la sensación de peligro.

10 minutos tardó en asistir brillantemente a Burak Yilmaz en el 1-0 y para entonces el estadio ya era una fiesta. A la afición turca, que era escandalosamente mayoritaria en Lens, le cambió el estado de ánimo radicalmente. Incluso comenzó a corear el nombre de Arda Turan, defenestrado días atrás. al que el mismísimo presidente del gobierno había tenido que salir a defender.

Fatih Terim: Emre Mor ha sido nuestro salvador esta noche.

No fue un camino de rosas para Turquía. Pese a que Emre Mor siempre generaba sensación de peligro – los checos lo identificaron pronto y le crujieron a patadas – el juego otomano no era ni mucho menos redondo y sus carencias para elaborar saltaban a la vista. Su forma de desplegarse en campo contrario se basaba básicamente en el juego directo hacia Burak Yilmaz, quien completó una actuación absolutamente épica. Sólo contra el mundo, no desistió en brearse en el juego aéreo, se pegó con los centrales checos y no dejó de luchar en ningún momento. Pero aunque el fútbol de Turquía no transmitía sensaciones muy positivas, con el futbolista del Dortmund rondando por allí todos veían factible que se produjera en cualquier momento la jugada del segundo gol que les permitiera superar a Albania en el goalaverage. Y acabó llegando.

Lo hizo en una jugada a balón parado, por medio de un balón muerto que Ozan Tufan cazó ante la dudosa intervención de Cech. Con el resultado en el bolsillo, Terim sustituyó a su joya, quien abandonó el campo entre aplausos apasionadamente entregados, convertido en héroe nacional. Los que lo pudimos presenciar en directo nos despedimos del Estadio Bollaert – Delelis con la sensación de que quizá habíamos sido testigos de una cita que se recordará dentro de unos años. Fue la primera gran noche de Emre Mor en el fútbol de élite. Tengo claro que no será la última.

Foto de portada: Focus Images Ltd

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