Marko Pavlov, el coleccionista de acentos

Marko Pavlov Vikingur

El acento, aquella rémora que cualquier recién llegado se intenta quitar de encima como puede, la posición de la lengua con la que insiste una y otra vez el profesor de la academia, la eterna vergüenza que soportan algunos a lo largo de su vida. En nuestro mundo cosmopolita forjado a base de antiguas amistades Erasmus y ofertas de compañías low cost, tener acento de uno o tal sitio se considera casi como un defecto de fábrica, una mueca más o menos perceptible con la cual tenemos que convivir. Como si fuéramos androides, los acentos cada vez chirrían más en nuestros oídos; algunos incluso son motivo de burla directamente.

No obstante, pese al afán de muchos por conseguir la perfecta pronunciación neutra de un ciudadano del mundo, reivindico a título personal lo bonito que es tener acento de algún lugar. El acento define no solo de dónde venimos sino también cómo somos y parece bastante estúpido no estar orgulloso de ello. Una conversación sin inflexiones sería como un bistec sin sal o unas bravas sin salsa y es que no hay nada más bonito e incluso sugerente que captar un acento al vuelo. Sucede con los acentos algo similar a la alta cocina, pues las combinaciones de dos o más lenguas da lugar a mezclas atrevidas, nunca antes imaginadas, pero con un resultado realmente estimulante para los oídos.

Eso mismo me ocurrió el otro día, cuando a través del auricular del teléfono pude percibir una voz que en un perfecto castellano con ramalazos andaluces sonaba también ligeramente algo balcánico con matices nórdicos, más concretamente islandeses. El dueño de tan portentosa mezcla es Marko Pavlov, quien domina a la perfección el macedonio, el islandés, el francés, el danés y el español. Un tipo con un bagaje de este calado tiene que tener por fuerza una historia jugosa detrás; efectivamente el relato de Marko es tan interesante como su forma de explicarlo presagiaba.

Marko Pavlov betis
Marko Pavlov coincidió en la cantera del Betis con futbolistas como Beñat, Adrián San Miguel, Jose Alberto Cañas, entre otros. Foto propiedad de Marko Pavlov.

De padre macedonio–también futbolista– y de madre serbia, Marko aprendió a jugar al fútbol en Francia, donde Dragi Pavlov desarrollaba su carrera como profesional en las filas del Sedan. Cuando Marko tenía 10 años, la familia Pavlov se mudó a Gar∂abaer, ciudad dormitorio islandesa donde juega el Stjarnan. Allí llegó el padre de Marko para entrenar a un modestísimo equipo, en tiempos en los que no había celebraciones extravagantes ni patrocinios de Shell o Movistar que hicieran soñar en algo más que en salvarse. Algo en la isla cautivó a la familia serbio-macedonia pues decidieron instalarse definitivamente en Reykjavík. Ya como un islandés más, Marko Pavlov se fue formando y destacando por su buen trato de balón pese a una gran envergadura. Con 17 años y tras una breve experiencia en el Caen francés, se mudó a una isla mucho más septentrional y bastante más cálida: Mallorca. En el Sant Francesc, filial del RCD Mallorca, tuvo su primer contacto con el fútbol español para después recalar en otro filial, el Betis B.

El ‘hermano’ de Jose Alberto Cañas y Adrián San Miguel

El fútbol, así de caprichoso y maravilloso a veces, hizo que un macedonio-islandés entrenara bajo las órdenes de un entrenador tan carismático como Paco Chaparro. La conexión, harto curiosa, funcionó razonablemente y si bien es cierto que Marko no tuvo opción alguna de entrar en la disciplina del primer equipo, sí que se formó como futbolista en la cantera bética en una plantilla con nombres tan destacados como el actual portero del West Ham United, Adrián San Miguel, Beñat Etxebarria, el capitán periquito Javi López, o el también blanquiazul Jose Alberto Cañas, de quien Marko asegura que es “como un hermano”.

islandia
Pavlov compaginó apariciones con las inferiores de Islandia y Macedonia. En el equipo islandés coincidió con hombres claves de la gesta actual de la absoluta como Birkir Bjarnason (Basilea) o Alfred Finnbogason (Augsburgo). Foto propiedad de Marko Pavlov.

De su etapa en el conjunto andaluz, Pavlov se llevó grandes amistades, una bonita sonoridad andaluza y el gusto por el buen tiempo que le llevó a comprar un inmueble en Alicante donde pasa todos los veranos. No obstante, la élite del fútbol español no tenía una plaza para él, así que decidió volver a Islandia, a las filas del Brei∂ablik. Como en muchos otros casos de jóvenes criados y curtidos en distintos países, Marko nunca tuvo una identidad homogénea. Fruto del mestizaje, él siempre ha sido un macedonio en tierra de islandeses y un islandés con padre macedonio. Quizás por ello, su constante duda a la hora de escoger selección, pues llegó a disputar más de una veintena de encuentros con las inferiores de Islandia y otros cinco partidos con la U21 de su Macedonia natal. Precisamente en un intento por reencontrarse con las raíces de su progenitor, probó una aventura profesional en el Pelister Bitola macedonio, pero la falta de estabilidad económica y deportiva le hicieron echar de menos todo lo que había tenido en su Islandia natal.

De futbolista a trabajador del fútbol

Con su vuelta al fútbol semiprofesional islandés, ya hace mucho tiempo que Marko entendió que no llegaría a ser una estrella, según él mismo cuenta con la guasa aprendida en su estancia en el sur de España, dejó de ser un futbolista para convertirse en un trabajador del fútbol. A sus 28 años, compagina felizmente su trabajo en la recepción de un hotel en Reykjavík con su otro trabajo y a la vez su pasión, el fútbol. Alejado ya de la primera línea competitiva, el bueno de Marko Pavlov disfruta de las historias que le cuentan las decenas de compañeros con los que sigue manteniendo contacto y se siente en parte partícipe del éxito de una selección islandesa formada por chicos con los que compartió vestuario. No, Marko Pavlov no jugará ninguna Eurocopa, ni tampoco pasará a la historia del fútbol español, pero para siempre podrá contar con esa musicalidad tan mestiza y tan especial las miles de historias que le dejó una juventud dedicada al fútbol.

Foto de portada: Marko Pavlov en las filas del Vikingur Reykjavík, la temporada pasada. Imagen propiedad de Marko Pavlov.

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3 comments

Gran texto. Supongo que en el cuarto párrafo, haciendo referencia a su paso por un equipo de la isla de Mallorca menciona mucho más septentrional, querrás decir mucho más meridional, es decir más al sur que la Islandia donde paso su adolescencia.

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