Media hora en Dalatangi

DSC_5313 ISLANDIA Reikjavik Reykjavik Edu Ferrer Alcover

No conozco a nadie que haya ido a Islandia y regresara sin sentir que la trascendencia de la existencia humana resulta insignificante comparada con la resistencia milenaria de rocas, acantilados y volcanes en un clima que siempre parece hostil entre el frío y el fuerte viento que azotan una de las islas con mayor personalidad del planeta. Tampoco fueron una excepción Axel Torres, Edu Ferrer y Víctor Cervantes, autores del Faro de Dalatangi, que de primeras puede parecer una incursión al último país que ha sorprendido a propios y extraños en el mundo del fútbol. Pero es mucho más que eso. En ningún caso la pelota es el tema principal, sino el pretexto del viaje, que adopta tintes propios de la literatura romántica.

El escenario, Islandia, es todo un símbolo: la isla nórdica encarna un entorno ajeno a la cotidianidad occidental, casi un mundo paralelo donde las personas se adaptan a la naturaleza para convivir con ella, un oasis donde no hay que preocuparse más que por la felicidad de uno mismo. Un lugar para huir, aislarse durante tres semanas y dejar atrás todas las inquietudes del día a día para replantearse la vida, reflexionar sobre lo que uno realmente necesita para sentirse realizado. La sobriedad y la sencillez la encarnan dos personajes opuestos pero a la vez parecidos que se convierten en protagonistas del libro. Por un lado, Heimir Hallgrimsson, entonces coseleccionador islandés, que pese a su condición de hombre tremendamente mediático sigue atendiendo a algunos clientes en su clínica dental y vive en su pequeño rincón en las Islas Vestman. Por el otro, la mujer que mora en el Faro de Dalatangi, situado en el extremo más oriental de la isla, cuya aparición introduce el punto álgido del libro.

La mujer del faro necesita treinta minutos de conversación para dar sentido al viaje. No es casual que ponga título al libro, ni tampoco lo es que no aparezca ninguna foto del escenario en cuestión más allá de una imagen lejana posterior al encuentro decisivo. Las horas en el faro son la abstracción dentro de la abstracción, el aislamiento dentro del aislamiento, la huida dentro de la huida. Es justo lo que se persigue en Islandia en busca de la pureza, que va más allá de la virginidad de los parajes naturales porque también se refleja en la forma de ser de las personas criadas en un terreno tan particular, acostumbradas a hacer frente a la climatología extrema de la isla. Y esa idiosincrasia, a la postre, también se traslada al campo de fútbol, como demuestra el capítulo dedicado al seguimiento de la selección en la Eurocopa de Francia por parte de Víctor Cervantes. Entender a Heimir también permite entender la tenacidad de los islandeses cuando el balón echa a rodar.

En Islandia, supongo, se juega como se entiende la vida. Y se pueden entender algunas de las claves de una de las islas más carismáticas del planeta con la inmersión en El Faro de Dalatangi, aún más completa con las fotografías y la sensibilidad para capturar el entorno de Edu Ferrer Alcover. Sus imágenes no solo acompañan, sino completan el relato escrito. Un relato que, además de un viaje a Islandia, además de una ruta por la isla nórdica con recurrentes motivos futbolísticos, también es un recorrido interior en lo que ha cambiado en Axel Torres cuatro años después de publicar Once Ciudades.

Aquí puedes adquirir la segunda edición de El Faro de Dalatangi, publicado por CONTRA.

Related posts

1 comments

Quizás lo más complicado del libro fue decidirse a comprarlo. Como lector soy bastante selectivo y es difícil que me decida por una novedad con el fútbol como tema central, teniendo literatura pendiente. Y los precios de las novedades no ayudan tampoco. A nivel de libros soy bastante gafapasta, pero siempre hay momentos para todo y a veces una buena lectura ligera sienta bien.

Y esta es buena. Es un libro muy curioso. Todo gira en torno a la entrevista con Heimir en las islas Vestman, punto capital a partir de la cual la narración va cogiendo pulso, y termina enlazando con la Eurocopa y la magnífica actuación de Islandia, cerrándose el círculo con la segunda entrevista.

En el faro terminan confluyendo las sensaciones de las que el autor pretendía escapar en el inicio del libro. Es el punto de fuga, la constatación de que existe un lugar al que se puede huir y encontrar refugio. Un pasaje ciertamente entrañable.

Deja un comentario

*