Ólafsvík

Olafsvik

Hace un día asquerosamente gris. La ciudad ha dispuesto esta mañana un escenario acorde con la resaca vacacional que viven sus malhumorados transeúntes, cuyos paraguas estorban a los otros viandantes en aceras estrechas y pasos de peatones. Si uno se para en un semáforo y se fija, puede oír sus maldiciones. Maldicen al torpe de al lado, maldicen haber dejado la moto aparcada en casa, maldicen tener los calcetines húmedos, maldicen su desgracia los que han vuelto del trabajo y maldicen su desdicha los que no lo tienen y vagan buscando algo. La gente no es feliz hoy. Hace un día de mierda.

Me fijo en un hombre. Anda ajetreado con una bolsa en la mano, el paraguas en la otra y una gran cara de asco. No es para menos; tiene que hacer un montón de recados bajo esta dichosa lluvia con su hija al lado, pobrecita, que no empieza el colegio hasta dentro de dos semanas. Además, ha escogido un terrible momento para calzarse unas sandalias de piel medio descubiertas y se le ve sufrir a cada paso. ¿Se habrá enterado él de la buena nueva, del único motivo por el que alguien puede sonreír esta mañana? No, seguramente no lo sabrá. Y probablemente le importe poco o nada: ayer el Ólafsvík hizo historia, consiguió subir por segunda vez en su vida a la Pepsideild islandesa y aquí la vida sigue igual.

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Ólafsvík no llega al millar de habitantes y aún así tendrá un equipo en primera división. El campo de fútbol está situado justo en el centro del pueblo, una buena muestra de su importancia para la localidad. Foto: Edu Ferrer Alcover

Recuerdo perfectamente el anochecer grisáceo en el que llegamos a Ólafsvík. No era el gris pegajoso y desagradable que todo lo impregna cuando se pone a llover por estas latitudes. Era un gris mucho más elegante, discreto; un filtro de luz para proteger este pequeñísimo pueblo costero de las veinticuatro horas de abrasión constante del sol en verano. Ólafsvík no es un enclave especialmente frecuentado por turistas: se encuentra lejos de todas partes en la península de Snaefellnes, no tiene ningún paraje natural conocidísimo en su término municipal y es incómodo llegar puesto que hay que acceder al pueblo por un camino de grava después de dos horas y media de coche desde Reykjavík. Conmocionados aún por la belleza del estadio de Akranes, no esperábamos encontrar mucho allí y nos pusimos rápidamente a dormir.

Al día siguiente nos despertamos con un sol espectacular, las nubes se habían despegado dejando un cielo pintoresco y el viento se había relajado un poco. Ólafsvík parecía el paraíso. La mujer del hostal, al percatarse de nuestras extrañas filias futbolísticas (sus hijas traducían) nos animó a sentarnos y a esperar: tenía que hacer un par de llamadas para averiguar dónde se encontraba el español del Vikíngur. Estaba en la piscina del pueblo aprovechando la mañana soleada, lo único que se puede hacer allí en un día de descanso. Como no sabíamos qué cara tenía, ni tan siquiera su nombre, me tocó a mi entrar en la piscina municipal abrigado hasta las orejas mientras un montón de islandeses me miraban con curiosidad disimulada.

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El ex portero del Ontinyent ha sido clave en el ascenso de su equipo a la Pepsideild. A falta de tres jornadas para finalizar el campeonato, el alicantino ha recibido tan sólo 12 goles. Foto: Edu Ferrer Alcover.

A la pregunta “Who is the spanish guy?” Cristian Martínez levantó la mano y entonces tarea la mía para explicarle que estábamos por allí de turismo, pero que bueno también queríamos ver fútbol, pero fútbol modesto y hacer fotos a cascadas y volcanes a la vez… Muy amablemente hizo ver que no le parecíamos una panda de locos aburridos y nos explicó su vida allí durante un buen rato, ataviado solo con un bañador y una pequeña toallita, mientras nosotros le preguntábamos sin desabrocharnos nuestros plumones y con un café gratuito calentándonos las manos cortesía de la piscina de Ólafsvík. Cristian ha sido el portero titular del Vikingur desde que llegó en el mes de mayo con medio metro de nieve por las calles. Nos contó que por el mismo sueldo de jugador tenía que cortar el césped y adecentar el campo algunas mañanas y que pese a haber solo un bar y una pizzería en todo el pueblo, él era muy feliz allí con aquella gente tan agradable que le saludaba por la calle, en el súper y en la piscina. Estaba encantado con su primera temporada en aquel club cuyo campo estaba al lado de una cascada -por aquel entonces iban segundos en la tabla de la 1 Deild- y esperaba que su equipo subiese para poder renovar automáticamente el contrato.

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Muchos españoles que prueban suerte en el fútbol islandés no se adaptan al frío y al estilo de vida del país. No es el caso de Cristian, en bañador a 15 grados. Foto: Edu Ferrer Alcover.

También nos habló del carismático entrenador del Vikingur, Ejub Purisevic. Personalmente, me quedé con ganas de saber más sobre este bosnio que llegó en el 92 a Islandia para jugar a fútbol en el HK y que desde hace 12 años se ha convertido en el alma del club. Por lo poco que se puede encontrar en web especializadas, sabemos que Ejub tomó las riendas del equipo cuando éste estaba en divisiones inferiores. Poquito a poco, el entrenador fue elevando el nivel de exigencia y profesionalización de los entrenamientos, haciendo crecer al Ólafsvík Vikingur hasta lo  que es hoy día. Tras un pequeño descanso en 2009, volvió Ejub Purisevic a hacerse cargo del equipo y consiguió hacer historia subiéndolo a la Pepsideild por primera vez en su historia. El 1 de septiembre, el Ólafsvík Vikingur certificó su segundo ascenso con la victoria por 2 a 7 en el campo del Grindavík ¿Hay forma más genial y más islandesa de subir a la máxima competición que con un 2-7? Aquí la ciudad parece desdeñosa, ajena a la felicidad que se vive en el fiordo de Brei∂afjör∂ur. Gracias a Cristian Martínez, un gran tipo, y al desconocido y carismático bosnio por hacernos un poco menos tedioso y más alegre este húmedo día de septiembre.

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Imagen de portada: vista frontal de las gradas y el terreno de juego del Ólafsvíkurvöllur. Todas las fotos son obra de Edu Ferrer Alcover, MarcadorInt tiene todos sus derechos.

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