Partido Polish Boyfriend: Dos ciudades que, quizás, no deberían existir

Foto:  RonAlmog bajo licencia Creative Commons 2.0.

Esta es la historia de dos ciudades diferentes. Dos ciudades que, quizás, no deberían existir. Y sus respectivos equipos de fútbol, enfrentados cara a cara en un partido de la cuarta división de Israel. Dos equipos que juegan sus partidos sobre fronteras, viejas y modernas, en un escenario complejo y complicado como pocos. Aquí, como en otros casos, el resultado del partido importa poco.

Una de las historias empieza en invierno de 1975. Una noche, más de 60 personas llegaron a una zona de campos de labranza palestinos y alzaron unas estructuras para poder dormir. Cuando salió el sol y los pastores de cabras llegaron a la zona, descubrieron que eran colonos judíos que pretendían levantar allí un asentamiento. Así nació la ciudad Ma’ale Adumim, cuyo nombre fue tomado por los fundadores de los textos sagrados. Unos fundadores que eran miembros de un grupo de fanáticos religiosos llamado ‘Gush Emunim‘. Los miembros de este grupo defienden, entre otras cosas, que Israel tiene derecho a levantar asentamientos en todos los territorios palestinos, pues son las tierras donde existió hace siglos el reino de Israel. Básicamente, defienden crear un estado judío en todas las tierras que fueron las tierras del Reino de Israel de los Reyes Saúl, David y Salomón, 1.000 años antes de Cristo. Una tierra conocida como Eretz Israel. El problema, claro, es que en estos últimos 3.000 años han pasado muchas cosas en la zona. Y los palestinos no estaban dispuesto a ceder sus tierras por esa razón. Y así sigue todo, con dos comunidades luchando por las mismas tierras.

Cuando se creó este asentamiento, el ejército de Israel desalojó a esos colonos para evitar incidentes con los palestinos en una época tan compleja como fueron los años 70. En esa época, el gobierno de izquierdas de Israel tenía claro que esos asentaminetos no eran legales porque eran tierras palestinas. Luego, en 1977, el gobierno laborista perdió las elecciones y asumió el gobierno Menachem Begin, un presidente de derechas que en vez de desalojar la zona, ocupada una y otra vez por los miembros de Gush Emunim, les concedió el estatus de poblado permanente dentro de Israel. Cuando la zona queda dentro de los territorios de Palestina según todos los acuerdos.

Foto: ariwriter
Ma’ale Adumin pasó a gozar de protección del gobierno de Israel y no dejó de crecer. Foto: ariwriter.

Ma’ale Adumin, pues, pasó a gozar de protección del gobierno de Israel y no dejó de crecer: se encuentra a unos 30 minutos de Jerusalén y fue elegido como residencia por familias pobres atraídas por un estilo de vida comunal y barato. El gobierno ha facilitado que el precio de los pisos sea muy económico, así que el asentamiento ha crecido rápido. En 1979, Ma’ale Adumim ya alcanzó el estatus de concejo local y la arquitecta Rachel Walden se encargó de los planes para que el asentamiento creciera de forma ordenada. Con el tiempo, Ma’ale Adumin llegó al estatus de ciudad y ahora supera los 40.000 habitantes. Ya es una ciudad con todo tipo de servicios, aunque sea, según muchas sentencias de tribunales internacionales, un asentamiento ilegal.

Maale Adumim es el asentamiento más grande y conocido de todos los que se empezaron a construir, especialmente a partir 1967, en los territorios que Israel conquistó durante la Guerra de los Seis Días. Pese a ser tierras concedidas al Estado de Palestina en la resolución 181 de las Naciones Unidas, Israel permitió que grupos religiosos o laicos levantaran asentamientos en una tierra que debería ser controlada por la Autoridad Nacional Palestina. Actualmente, casi 400.000 colonos viven en Cisjordania, más de 40.000 en Maale Adumim, con el ejército y los muros permitiendo a sus gentes vivir con cierta normalidad. Pese a que la comunidad internacional defiende que Israel no puede levantar asentamientos en tierras palestinas, los últimos años el gobierno no ha dejado de promocionar el crecimiento, convirtiendo los asentamientos como uno de los principales escollos del conflicto. Mientras el Consejo de Seguridad de la ONU critica la política de Israel de establecer asentamientos en territorio palestino, pidiendo que los desaloje para respetar las fronteras de 1967, Maale Adumim no deja de crecer y se teme que las construcción de otros asentamientos acabe por unir esta ciudad con Jerusalén. Decisión que casi cortaría en dos Palestina. Poco a poco, los asentamientos han rodeado Jerusalén, partiendo en dos Palestina y permitiendo a Israel gozar a una posición más cómoda para revindicar Jerusalén como su capital, como ha reconocido el gobierno de Donald Trump.

Viernes 12 de enero, 11:30h, Tzeirei Rahat-Beitar Ironi Ma’ale Adumim

Así pues, Maale Adumim es una ciudad ilegal según la ley internacional. Y su equipo de fútbol lucha por ascender a Tercera, creciendo al mismo ritmo que la población, con el sueño de llegar a una Primera División donde podría convertirse en un problema diplomático. El Beitar Ironi Ma’ale Adumim F.C. se fundó el año 2004, cuando empresarios locales con el apoyo de la alcaldía del asentamiento compraron la plaza que dejó el Maccabi de Jerusalén. En Israel, lo dijimos otras veces, el nombre de un club explica mucho. Y esta no es la excepción.

El viejo Maccabi de Jerusalén era un club histórico, creado en 1911 por jóvenes sionistas cuando toda la región era controlada por los británicos. Ya en esa época los árabes y los judíos luchaban por expulsar a los británicos, unos para crear su estado, los otros para crear el suyo. Y entre los judíos se fundó la “Unión Mundial Maccabi”, una agrupación de asociaciones deportivas judías que tomaban el nombre de una de las antiguas tribus de Israel, los Macabeos, sinónimo de fuerza y valentía. Eran asociaciones religiosas, más conservadoras, ligadas al sionismo. En cada ciudad, nació un Maccabi, como el famoso de Tel Aviv o este de Jerusalén que fue bastante importante durante los años 30 y 40, aunque con el nacimiento del estado de Israel perdió fuerza y acabó en categorías regionales. Finalmente, en los años 90, el club se fusionó con otro Maccabi, ese creado precisamente en Maale Adumim, aunque la aventura no funcionó y el equipo acabó desapareciendo.

En 2004 la plaza deportiva de ese Maccabi fue aprovechada por un nuevo proyecto nacido en Maale Adumim. Y de forma significativa, el nuevo club fue llamado Beitar. Si como contamos en otras ocasiones, los clubes llamados Hapoel en Israel suelen ser de izquierdas, y los llamados Maccabi, de derechas, los que se llaman Beitar… son de extrema derecha. El Beitar más conocido es el Beitar de Jerusalén, club que pasó por encima del difunto Maccabi de Jerusalén ganando la condición de entidad más importante de la ciudad. Aunque existen otros Beitar, como este nuevo de Maale Adumim, todos ellos bautizados con este nombre derivado de una organización política fundada por Zeev Jabotinsky, ideólogo de la derecha israelí. Los miembros de la organización Beitar, en los años 30, eran radicales profundamente religiosos, con formación militar que incluso se inspiraron en el fascismo italiano antes del giro que dio Mussolini en la cuestión de la raza y la tolerancia con el judaísmo. Los hinchas más radicales del Beitar suelen ser nacionalistas racistas que protagonizan ataques verbales o físicos contra árabes. En Maale Adumim, una ciudad rodeada de árabes que sueñan con derribar este asentamiento levantado en sus tierras, juega un equipo muy radicalizado que, además, anda en la parte alta de la tabla, aunque seguramente no ascenderá este año.

Los beduinos

El Beitar de Ma’ale Adumim, pues, tiene hinchas radicales y no ficha jugadores árabes. Es un símbolo más de un asentamiento ilegal. Y esta jornada juega contra un equipo de otra ciudad diferente, especial, aunque esta sí se encuentra de forma legal dentro de Israel. Aunque lo curioso del caso es que sus habitantes no andan del todo contentos con ello. El adversario es el F.C. Tzeirei Rahat, el equipo de la ciudad de Rahat, el único asentamiento beduino en Israel con la condición de ciudad, pues tiene unos 50.000 habitantes.

El partido enfrenta al equipo de una ciudad de colonos judíos levantada en tierras palestinas contra el equipo de árabes beduinos levantado en tierras de Israel. Un partido que ejemplifica la complejidad de sentimientos en una tierra llena de historias, alegrías y dolor.

Foto: Matty Stern/U.S. Embassy Tel Aviv bajo licencia Creative Commons 2.0.
El embajador estadounidense en Israel, Daniel Shapiro, visita al alcalde de Rahat en 2012. Foto: Matty Stern/U.S. Embassy Tel Aviv bajo licencia Creative Commons 2.0.

En Israel, unos 170.000 ciudadanos son árabes beduinos. Históricamente, los beduinos, cuyo nombre deriva de la expresión ‘bedaui’, que significa ‘morador del desierto’, han constituido un grupo diferenciado dentro de los árabes porque tenían una vida nómada por los desiertos de Arabia Saudí, Siria, Jordania, Irak e Israel. Tienen su propio dialecto y ellos se consideran beduinos, no árabes, pese a descender de ellos. Históricamente nómadas, se organizan en clanes y familias con una cultura muy rica, aunque la modernidad ha sido su gran enemigo. Donde ellos solamente veían zonas libres, se levantaron fronteras, carreteras, puntos de control. De repente, miembros de la misma familia pasaban a ser extranjeros pues el valle que separaba sus zonas se convertía en la frontera entre Jordania e Israel.

Muchos beduinos, pues, sufrieron para encontrar un nuevo sitio en el mundo. Por ejemplo, algunas tribus beduinas dieron apoyo a los árabes en la guerra de 1948, aunque otros prefirieron luchar al lado de Israel. Y otros ignoraron el conflicto, aunque el conflicto no los ignoró a ellos y muchos acabaron como refugiados en Egipto o Jordania. Los que quedaron en Israel sufrieron discriminación y sin poder moverse en libertad, acabaron viviendo en campamentos improvisados mientras reclamaban sus derechos como propietarios de tierras en las que habían vivido toda la vida, sin papeles que lo pudieron demostrar. En los años 70, el gobierno de Israel lideró un plan para poner orden con sus beduinos, en el desierto del Néguev, pues seguían viviendo sin casa fija pese a no poder cruzar fronteras, con casos de mendicidad o robos. Por eso aprobaron, con cierta tensión, un plan para crear asentamientos sedentarios para ellos: la promesa era una ciudad con servicios a cambio de renunciar a sus derechos históricos. Y así nació Rahat, el único asentamiento beduino con estatus de ciudad. Una ciudad donde todos los habitantes son beduinos y cada barrio corresponde a un clan familiar diferente. Un intento de encontrar el equilibrio entre la modernidad y las tradiciones. Así, muchos de los beduinos trabajan ahora en los polígonos industriales de la vecina Beerseba, una de las ciudades que más crece fomentando la investigación. Y la ciudad del Hapoel Beerseba, cuya historia contamos aquí.

Rahat también tiene su equipo. Y todos sus jugadores y entrenadores, cómo no, son beduinos. El equipo no fue creado hasta 1996, pues el fútbol no formaba parte de la vida de los beduinos. Tuvo que llegar una generación beduina nacida ya en una ciudad para que el club naciera. De momento, su techo ha sido llegar a la cuarta división.  El Tzeirei es un club pequeño que poco a poco ha mejorado fichando en ocasiones entrenadores árabes, que no beduinos, para mejorar en un deporte que poco a poco gana peso en la ciudad. Y aquí se encuentran con un rival, el  Beitar de Ma’ale Adumim, proveniente de una ciudad creada casi el mismo año que Rahat. Aunque las dos ciudades, jóvenes, nacieron provocando dolor y polémicas. La diferencia fue que, en un caso, sus ciudadanos soñaban con esa ciudad y en el otro, a los ciudadanos los obligaron a vivir en una ciudad cuando querían ser libres, como sus antepasados.

Foto de portada: RonAlmog bajo licencia Creative Commons 2.0.

Related posts

6 comments

Ahora no puedo pero me lo pongo en favoritos para leerlo luego… Pero he visto la división y el país y estoy impresionado con tus conocimientos, Toni!

Cada que leo articulos relacionados con las injusticias que cometen los judios retrogradas,retrogradas por que solo a ellos se les ocurre reclamar un territorio en base a suposiciones ficticias, me da una rabia y sentimiento de impotencia al saber que se apoderaron de tierras que no les pertenecían…

Toni una vez más,maravilloso artículo sobre una de las regiones más polémicas,y a la vez más fascinantes que hay en el mundo.
Enhorabuena de verdad.

Deja un comentario

*