Partido Polish Boyfriend: tres equipos llamados igual en una ciudad dividida

Aficionados Kosovo Albania Foto: Edu Ferrer Alcover

Cuando uno se pierde en los libros de historia, constantemente aparecen mineros y minas. Pocos sectores gozaron de tanta importancia. Hoy en día se habla menos de los mineros, seguramente por los problemas de nuestras minas. Y los mineros que sufren, en muchos casos explotados como los africanos, quedan lejos. Se habla poco de los mineros, han quedado como apartados, como si fuera una cosa del siglo XIX. Y no es cierto.

Como mi abuelo fue minero, en Andorra, Teruel, uno se fija en los mineros. Y la relación de los mineros con el fútbol es muy fuerte, como ejemplifican el Shakhtar Donetsk, el Cobreloa chileno o el Schalke 04, entre otros casos. Sí, esta es una historia de mineros. Aunque cuando uno imagina historias de Kosovo, primero no piensa en mineros. Y sí, se trata de mineros.

Cuentan que durante los años 70, el 75% de la riqueza exportada por la entonces región autónoma de Kosovo salía de las minas de Trepça, cerca de la ciudad de Kosovska Mitrovica. Con más de 30.000 empleados, era una de las empresas más grandes de Yugoslavia. El complejo minero era gigante y ocupaba diferentes zonas. En una de ellas existía un museo con algunos de los ejemplares más destacados de los más de 60 minerales diferentes que se extraen allí desde tiempos del Imperio Romano. Todos los Imperios codiciaron estas minas, pues no solamente encontraban oro. Zinc, bornita, cuarzo… en Trepça la riqueza se encuentra debajo los pies en diferentes formas.

Domingo 21de mayo, 17:00h, Prishtina-Trepça’89

En los años treinta, una compañía británica obtuvo los derechos para explotar las minas, aunque con el triunfo de los partisanos de Tito y el nacimiento de la Yugoslavia socialista, las minas se nacionalizaron y mineros de todas las repúblicas yugoslavas llegaron hasta la zona para trabajar. Eso le dio un toque cosmopolita a la ciudad, pues, además de los albaneses y los serbios, trabajan macedonios, bosnios, eslovenos o húngaros. Muchos de ellos se largaron cuando empezaron los problemas en los años 80. Y la zona quedó, como todo Kosovo, marcada por el enfrentamiento entre albaneses y serbios. Igualmente, existen cosas que unían, como bajar a una mina y animar en una grada. En los años 30, los mineros de Trepça fundaron su club de fútbol, el FK Trepça. La mayor parte de los jugadores eran albaneses, aunque en las gradas se mezclaban lenguas y religiones: era el club de los mineros, de la ciudad. En los 70, la empresa minera aportó dinero al club y ascendió a la Primera división yugoslava por primera vez en 1977. Duraron un solo año, aunque casi tocaron el cielo en la copa, eliminando al Dinamo de Zagreb en semifinales y perdiendo la final por 1-0 con el Rijeka croata. Esa final fue el gran momento de un club que mezclaba serbios, como Dragan Mutibaric, y albaneses, como Raif Haxha. En esos años, el fútbol era el orgullo de la ciudad. De todos. El fútbol unió a una comunidad hoy en día dividida. Ratomir Musekic, jugador de esos años, recordaba esos años: “Lo importante era la unión. En las gradas no importaba tanto como ahora si eras una cosa o la otra. El equipo llegó a Primera, brilló en la Copa y todos sabíamos que estábamos defendiendo el nombre de la ciudad de Kosovka Mitrovica y de los mineros de Trepça, de gente humilde, trabajadora, que podía ir con la cabeza alta por toda Yugoslavia”. Fueron instantes de belleza en una tierra marcada por la violencia.

Kosovo, enclavado entre el estado serbio y el albanés, es una tierra disputada por estas dos comunidades. Es una tierra clave en la identidad de los serbios. Aquí nació su cultura, aquí tienen símbolos muy valorados. Serbia siente Kosovo como suya. En Kosovo encontramos algunas de las iglesias serbias más bonitas del siglo XII y XIII, como la de Gracanica. Aquí tenía el corazón el reino serbio que fue conquistado por los turcos. Pero esta tierra de frontera, con el paso de los siglos, pasó a ser una región con mayoría de población albanesa. Serbia afirma tener aquí su corazón espiritual, pues aquí está el prado de los Mirlos de Kosovo Polje, donde las tropas serbias de Lazar Hrebeljanović fueron derrotadas por los turcos en 1389. De hecho, fue aquí donde Slobodan Milosevic hizo un discurso en 1989 para conmemorar los 600 años de la batalla, donde dejaba claro que él ya no tenía nada de socialista: era un nacionalista serbio. Moría Yugoslavia y nacían estados que pasarían por un parto doloroso, pues las fronteras no estaban claras. Uno de ellos, quizás el parto más largo, fue el del estado de Kosovo. Porque en los años 80 ya había violencia allí. Ese mismo 1989 del discurso de Milosevic, los trabajadores de las minas de Trepça, en su mayoría albaneses, se declararon en huelga para protestar por la decisión de suspender la autonomía de Kosovo. El gobierno socialista había calmado las protestas albanesas de los 70 dando la autonomía a Kosovo dentro de la República Serbia. Milosevic, que llegó a la presidencia de un estado socialista con un discurso nada socialista, la suspendió para dejar claro que no le interesaba nada, eso de Yugoslavia. Él era serbio y quería que Kosovo, poblada por más albaneses que serbios, fuera 100% serbia por su valor histórico. Y la violencia volvió. Ese 1989 es clave: se acabó la inocencia de pensar que todos eran iguales en Yugoslavia. Volvieron las viejas banderas. Y ese año, algunos jugadores e hinchas del club decidieron fundar el Minatori 89 (Mineros en albanés), pues no estaban satisfechos cuando veían que los directivos de la entidad de una ciudad donde la mayor parte de la gente era albanesa siempre eran serbios. Pese a todo, permaneció como un club modesto. El grande seguía siendo el FK Trepça, entonces en la Segunda división yugoslava.

Grada Kosovo Haití Banderas Albania Foto: Edu Ferrer Alcover
Kosovo, una tierra poblada por más albaneses que serbios.

Entre 1998 y 1999, según el Tribunal de derechos humanos, Milosevic quería practicar una limpieza étnica en Kosovo. Los guerrilleros (héroes o terroristas en función de unos o otros) del UÇK defendieron las banderas albanesas. Pasó de todo. Los dos bandos mataron a civiles y miles de albaneses kosovares se fueron como pudieron. Al final, con el apoyo de Estados Unidos, Kosovo consiguió ser independiente, pese a no ser reconocida por Serbia. Millares de serbios escaparon y se concentraron en las pocas zonas de Kosovo donde aún son mayoría. La guerra, cómo no, paralizó la producción en las minas de Trepça. Es más, al final de la guerra, parte del complejo acabó en manos albanesas y la otra parte, en serbias. Divida, como está dividida la ciudad de Kosovska Mitrovica. Un puente separa la parte albanesa de la serbia. Y separa dos realidades también en el fútbol.

Con la llegada de la guerra, el club quedó marcado. En 1999, la guerra destrozaba el país y los jugadores no podían convivir como antes. Por eso los jugadores y socios albaneses del club decidieron crear una nueva entidad, llamada FK Trepça. La antigua quedó en manos de los serbios con el nombre de antes. FK Trepča. La única diferencia, pues, es usar el nombre de la mina en albanés o serbio. Todos amaban al club, así que nadie lo quería perder.

Después de los acuerdos de paz de 1999, la ciudad quedó dividida. Al norte, los serbios. Al sur, los albaneses. El estadio del club, llamado Trepça, quedó en manos albanesas. Y fue bautizado con el nombre de Adem Jashari, un líder militar del UÇK. Como sucede con el Velez Mostar en Bosnia (este es su caso), los hinchas del FK Trepča consideran que este es su estadio, su casa, aunque ya no puede jugar aquí, jugando como local en la vecina Zvečan. Los equipos de las zonas de Kosovo que quedaron con mayoría serbia, por motivos de seguridad, recibieron el permiso de la UEFA para jugar dentro del sistema de la Federación serbia. Por eso este Trepča ahora juega en la cuarta división serbia, pese a ser el heredero del equipo finalista de Copa del 1978.

El FK Trepça albanés puede jugar en el estadio grande y juega en la liga de Kosovo. En Primera. Una liga que hasta 2016 no era reconocida por la UEFA. En 2016, finalmente, fue reconocida y la próxima temporada los equipos albaneses, por primera vez, deberían disputar la Champions y la Europa League, si superan los requisitos de la UEFA, ya que el FK Pristina, campeón en 2016, no los cumplió y no pudo jugar este año. El club de la capital, este FK Pristina, heredero del club kosovar con más años en la Primera yugoslava, soñaba con revalidar el título y, ahora sí, debutar en Europa. Pero en la penúltima jornada recibe al líder con el disgusto de ver como ya no lo atrapa: ha ganado la liga por primera vez el Trepça 89, ese equipo fundado en 1989 como Minatori, que modificó su nombre.

O sea, en Kosovska Mitrovice tenemos una doble división y tres clubes llamados Trepça. Uno, serbio, en la parte norte, jugando en una categoría amateur serbia. Y dos albaneses en primera kosovar: el Trepça, que pese a tener más hinchas ocupa zona de descenso, y este Trepça 89, que ahora quiere jugar la previa de la Champions. La ciudad ya tiene derbi en la primera división kosovar.

El Trepça 89, con el apoyo de un empresario local, ya tiene su primera liga el mismo año que el otro FK Trepça puede descender. Y la Champions puede llegar a una ciudad dividida en dos, justo en los años en los que las minas de Trepça siguen en crisis. No son buenos tiempos para los mineros, aunque el fútbol rescata el orgullo de parte de la ciudad. Como mínimo, uno de los tres Trepça (o Trepča, en serbio) gana.

Fotografías: Edu Ferrer Alcover (Todos los derechos reservados).

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