Poco ruido y menos nueces

NSK Olimpijs'kyj. Foto: Focus Images Ltd.

El desolador silencio de un Estadio Olímpico de Kiev clausurado al público por sanción estaba lejos de parecerse al escenario épico de meses atrás, en el que los ucranianos naufragaron y los islandeses se erigieron casi como el equipo de todos. Tras la Eurocopa, otra historia, la clasificación para el Mundial con el estreno de dos figuras altamente carismáticas y respetadas en sus respectivos países: Andriy Shevchenko y Heimir Hallgrímsson. Ninguno de los dos sorprendió en su primera puesta de largo: ‘Sheva’ optó por alinear kilos y kilos de calidad en un sistema eminentemente ofensivo; por el contrario, Heimir repetía prácticamente el once que conquistó los cuartos de final con el único cambio de Alfred Finnbogason por el lesionado Sigthorsson.

Mismas tramas, guión similar

Como era de esperar, Ucrania esperaba llevarse el partido con la magia de los Konoplyanka, Zinchenko, Yarmolenko o Kovalenko mientras que el plan islandés se basaba en la consistencia del conjunto como arma para rascar algo de Kiev. En seguida se vio que el ultraofensivo plan de Ucrania carecía de toda consistencia pues sólo Stepanenko y Sydorchuk aguantaban el tinglado en el centro del campo. Bien pronto, en uno de los infinitos balones que regaló Ucrania en la primera mitad, Bjarnason ponía un buen pase para un afortunado Finnbogason que se encontró con un rebote favorable a una torpe definición en el uno contra uno con Pyatov. Saltaba la sorpresa relativa con el 0-1 local y aun así, el centro del campo y la defensa ucraniana siguieron repartiendo pelotas a sus rivales por doquier. Suerte tuvieron que a Islandia, tal y como le pasó en algunos partidos de la Eurocopa, parecía quemarle el balón en situaciones favorables. Es como si el equipo escandinavo, tan acostumbrado a batallar por cada esférico, por cada centímetro, se quede descolocado a veces cuando tiene una situación franca para tejer jugadas.

Zinchenko, otra de las novedades.
Zinchenko fue una de las muchas piezas que encajó Shevchenko en una disposición táctica muy ofensiva. Foto: MarcadorInt (Todos los derechos reservados).

Además, la selección islandesa suele ser un conjunto que vive por oleadas de euforia, casi como por parciales del baloncesto en los que va alternando una constante defensa férrea con momentos de más atrevimiento que es cuando suelen llegar sus opciones de gol. Por suerte para los locales, ni Bödvarsson ni ninguno de los otros componentes de Islandia estuvo fino en el remate para poner el 0-2 que parecía mascado. Una vez pasado lo peor para Ucrania, los discípulos de Shevchenko se tranquilizaron un poco y, pese a que no creaban excesivo peligro, parecieron tapar la fuga de despistes y balones tontos de los que se estaba nutriendo el rival. Ya con el juego basculado plenamente en el tercio de campo islandés, los ucranianos pusieron en práctica el mandamiento número uno de cualquier entrenador amateur: ¡Hay que chutar más!” parecía que les gritaba ‘Sheva’ a los suyos, pero en este caso tenía un claro sentido: tantear la ya conocidísima inseguridad de Halldórsson en el blocaje del esférico.

La poca confianza que inspira el guardameta islandés cuando tiene que blocar un disparo sumada a la tremenda potencia de golpeo de Rakitskiy no podía tener un buen final para los visitantes. Así, tras un zurdazo potente pero centrado del central ucraniano, Halldórsson dejó el rechace muy centrado para que lo aprovechara Yarmolenko y pusiera el empate a uno.

En la segunda, el guión se mantuvo más o menos fiel a lo que marcó el final de la primera mitad. Ucrania dominaba en la posesión pero sin generar un fútbol que inquietara en exceso a Islandia y, de vez en cuando, los de Heimir encadenaban un par de minutos de acciones en las que achuchaban un poco la portería de Pyatov; siempre, eso sí, con la permanente sensación que cada llegada islandesa al área rival era sinónimo de peligro.

Iceland goalkeeper Hannes Halldórsson celebrates following the UEFA Euro 2016 match at Stade Geoffroy-Guichard, Saint-Étienne, France Picture by Kristian Kane/Focus Images Ltd 07814482222 14/06/2016
Como en tantos otros partidos la actuación atípica de Halldórsson acabó salvando al equipo, aunque pudo haber evitado el gol ucraniano. Foto: Focus Images Ltd.

En el último cuarto de hora de partido el encuentro se volvió a animar bastante gracias a las piezas de refuerzo que metieron ambos entrenadores. Una Ucrania decidida a llevarse los tres primeros puntos en casa puso el turbo y en una buena combinación forzó el claro y torpe penalti de Arnor Ingvi Traustason, el héroe del gol ante Austria. No obstante, al parapenaltis Halldórsson esta vez no le hizo falta ni adivinar la dirección del tiro porque Konoplyanka, tras su semi-paradinha habitual en el lanzamiento de penas máximas, erró con un tiro al poste. Animado por este guiño del destino, el equipo islandés se vino arriba y acabó el partido asediando la portería ucraniana a base de saques de banda kilométricos, faltas laterales y córneres que a punto estuvieron de dar un susto a Ucrania.

Al final el partido se saldó con un empate a uno con el que posiblemente ninguno de los dos técnicos estará contento del todo. Shevchenko pensará que lo tenía todo de cara con ese penalti en el 83 para firmar un debut con victoria como se merece un héroe de su talla. Por su parte, Hallgrímsson también puede sentir que, con un poco más de acierto durante los primeros 30 minutos fatídicos de Ucrania, podría haber dejado encarrilada una primera victoria cómoda. En cualquier caso, el empate es sólo inicio que dejó retratadas a la perfección tanto las carencias como las virtudes de los dos equipos en un partido sin afición, sin gritos ni atmósfera con la que disimular.

Foto de Portada: Focus Images Ltd.

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