Portugal es adulta

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Portugal se asemeja más a un combinado de categoría absoluta acostumbrado a mantener un bloque homogéneo durante varios años e ir creciendo alrededor de una columna vertebral bien definida que a una selección joven compuesta por futbolistas sin experiencia alguna en el profesionalismo. Los chicos de Hélio Sousa sufrieron para imponerse a una aguerrida Holanda en la primera semifinal del Europeo sub-17 de Azerbaiyán, pero a la postre tiraron de oficio, concretaron sus oportunidades en un encuentro de ritmo alto y acabaron plasmando en el marcador (2-0) su teórica superioridad sobre el papel.

En una tarde sin actuaciones individuales rutilantes, Portugal se manejó bien bajando al barro. Los lusos pronto entendieron que la presión alta sería fundamental para montar ataques rápidos y evitar así la salida de balón holandesa desde la defensa. El desgaste del trío de ataque (João Filipe, José Gomes y Mesaque Dju) basculando de banda a banda sin escatimar esfuerzos y la excelente labor de Florentino en la recuperación acabaron por ahogar a un rival, el azul, incapaz de gestionar posesiones largas en campo contrario. Malen, ubicado como referencia en ataque –en lugar del sancionado Vente–, y Nunnely, el holandés más destacado durante todo el torneo, apenas ayudaron a Tahith Chong.

José Gomes acumula siete tantos en la fase final del torneo, cinco de ellos de cabeza.

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José Gomes abrió el marcador con un testarazo imparable. (Foto: Edu Ferrer Alcover. Todos los derechos reservados).

El menú de Portugal es tan amplio que, si no aparecen sus futbolistas más talentosos, siempre encuentra un plato de su agrado. Su superioridad en las acciones de estrategia es exagerada y a su arsenal ofensivo hay que sumarle las opciones que abren Rubén Vinagre (AS Monaco) y Diogo Dalot (Porto FC) proyectándose al ataque desde los dos laterales. Al primero le gusta el balón y lo maneja con soltura, razón suficiente para confiar en sus cualidades a la hora de construir; el segundo es pura potencia: sube y baja la banda con una facilidad inusitada. A menudo ambos aparecen por sorpresa en las inmediaciones del área rival, ocupando el espacio que liberan João Filipe y Mesaque Dju con sus movimientos interiores. Las piezas encajan y el cuadro luso se convierte en indefendible… y Holanda, incapaz de contener la explosividad de Dalot en el segundo tanto de la tarde, no tardó en darse cuenta.

Nada ha cambiado: el cartel de máxima favorita sigue colgando del cuello luso y España, el otro contendiente de la final ibérica, deberá rendir a su mejor nivel si quiere plantarle cara a un grupo de futbolistas llamados a escribir páginas importantes del fútbol continental durante el próximo lustro.

Tahith Chong

El ’11’ recuerda a Ryan Giggs por la belleza con la que conduce y arma su pierna izquierda como si de tensar un arco se tratase. La pelota acostumbra a salir escupida de sus botas con la mezcla de mimo y veneno característica de los buenos centradores. La protege con sus largas piernas y encuentra resquicios (tarea nada sencilla cuando tienes delante al completísimo Diogo Dalot) para ponerla con esmero en el punto de penalti. Aunque en varios partidos del torneo disfrutó de minutos a banda cambiada, es un extremo que pisa la cal y se siente cómodo sobre ella. Nacido en Willemstad, Curaçao, se trasladó a Rotterdam con solo 10 años para incorporarse a la cantera del Feyenoord. Y seis años después hará de nuevo las maletas: próximo destino, el Manchester United.

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Tahith Chong, uno de los protagonistas de la semifinal. (Foto: Edu Ferrer Alcover. Todos los derechos reservados).
Foto de portada: Edu Ferrer Alcover. Todos los derechos reservados.

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