Justicia en Sausalito

Marcos Rojo. Foto: Focus Images Ltd.

Contener a Leo Messi es la gran misión de los entrenadores que lo enfrentan y Pekerman salió tan obsesionado en frenarlo que prácticamente se olvidó de todo lo demás. Diseñó una alocada estructura para bloquear a Leo basada en un lateral zurdo, Arias, que le siguiera durante prácticamente todo el campo y un extremo, Victor Ibarbo, que fuera capaz de compensar al propio Arias con explosivos esfuerzos cada vez que el 10 obligara al lateral a abandonar su posición. Como además Colombia afrontaba la eliminatoria absolutamente mermado por las bajas en el centro del campo (faltaban Carlos Sánchez y Edwin Valencia, además de las lesiones ya conocidas de Abel Aguilar y Guarín) era James Rodríguez el que en fase defensiva ejercía de mediocentro por la izquierda y el que se encargaba de colaborar en la defensa a la Pulga de Rosario. Quizá aquello en la cabeza de Pekerman sonara bien, pero en la práctica, cada vez que Messi recibía en campo contrario, se encontraba por delante una estructura absolutamente inestable: el lateral le seguía, el extremo se incrustaba en la defensa y tenía que ir James a cubrir, él sólo, todo el espacio entre el pivote zurdo y el interior, por lo que Mejías (pivote diestro) iba a colaborar y acababa destapando su sector. Las incoherencias del sistema iban generando reacciones en cadena que desnudaban a Colombia. Aparecían espacios por todas partes: aquello era como ver un edificio derrumbándose ante ti. La reacción natural de Leo, ante un caótico rival basculadísimo ante él, era dársela a un Di María que esperaba abierto y sólo en la banda izquierda, sin caer en que el Fideo no es Neymar y aquella sucesión de balones en ventaja que recibía no los podía explotar óptimamente, ya que su salida natural es desbordar hacia fuera y centrar y la albiceleste no contaba con grandes rematadores. El Fideo hizo sus deberes y rompió a su par casi cada vez, pero los balones laterales que producía rara vez eran rematados por alguien. Argentina generaba suficiente peligro, pero aquella desorganización se podía explotar francamente mejor. Nadie compensaba por la derecha que Messi cayera hacia el centro, ni tampoco por la izquierda Rojo le dio demasiado a Di María. La sensación era agridulce.

Ospina - Colombia - Focus

David Ospina lideró la resistencia cafetera. Foto: Focus Images Ltd

Colombia no sólo se mostraba absolutamente caótica en fase defensiva, sino que además era incapaz de salir de su repliegue y acercarse a Romero. En toda la primera parte, no consiguió llegar ni una sola vez con peligro a la meta del Chiquito. Los cafeteros, cada vez que recuperaban el balón, se veían absolutamente desorganizados y James, el jugador con más capacidad para dar a su equipo una salida limpia con balón, se encontraba incrustado atrás, pálido tras los agotadores esfuerzos que requería su sistema. La única opción restante era la salida aérea hacia Jackson y Teo Gutiérrez y ahí, entre unos imperiales Otamendi, Garay y Mascherano, no dejaron ningún resquicio de opción. Era un asedio, pero Colombia seguía con vida. Como no había ningún colectivismo que vertebrara de cierto orden a la estructura cafetera, la resistencia se basó en la individualidad. Emergió un David Ospina absolutamente descomunal, épico, inconmensurable que firmó no menos de cinco atajadas verdaderamente sobresalientes, de esas que evitan directamente lo que parece un gol. Pareció imbatible. El otro gran protagonista fue Jeison Murillo, el flamante central del Inter, que resguardó el área de Ospina de los centros que caían por ambas mandas, se lanzó al corte en acciones al límite que parecían goles cantados y supo especialmente lidiarse con Leo Messi sin salir derrotado, algo que ya es un logro absolutamente épico. El corazón cafetero seguía latiendo, pero el gol albiceleste parecía cuestión de tiempo. Pekerman tenía que reaccionar antes de que fuera demasiado tarde y lo hizo poco antes del descanso dando entrada a Edwin Cardona por Teo Gutiérrez, para ocupar la posición de pivote zurdo que estaba ocupando James y que el madridista pudiera situarse en la mediapunta. Tampoco es que aquel parche cerrara la herida por completo, pero James ya no estaba obligado a aquellos esfuerzos sobrehumanos y Colombia ganó consistencia en el doble pivote. Así se llegó al descanso.

Argentina Messi - Focus

Pekerman se centró en bloquear a Messi. Foto: Focus Images Ltd

Colombia fue creciendo y, a medida que se desarrollaba la segunda parte, se fue encontrando cada vez más cómoda. De aquella desorganización inicial poco a poco fue surgiendo naturalmente algo más compacto. Por primera vez, daba la impresión de que los que vestían de amarillo no sufrían sobre el campo. Argentina seguía siendo mejor y Colombia sólo se acercaba muy tímidamente a Romero, pero Pekerman fue capaz de reajustar la fase defensiva de su equipo para dotar de cierta estabilidad desconocida hasta entonces. Además, James cada vez la tenía más tiempo y aquello era aire para su equipo, que por fin podía respirar. Argentina, sin embargo, fue rudimentando su discurso a medida que el encuentro transcurría. Daba la impresión de que lo vieron tan fácil que pensaron que no necesitaban de grandes jugadas colectivas para acabar encontrando el gol, sino que con simplemente seguir insistiendo el gol acabaría llegando de forma natural. Su plan se basó en dársela a Leo y que el 10 lo resolviera. El sistema ofensivo albiceleste era básicamente que Messi la armara. Y pudo hacerlo, sus slaloms generaban desequilibrios constantemente, pero entre las actuaciones épicas de Murillo y Ospina y que los colombianos fueron ganando seguridad anímica con el transcurrir de los minutos, consiguieron neutralizarlo. Penaltis.

Kun Agüero Argentina - Focus Argentina se llevó el gato al agua en los penaltis. Foto: Focus Images Ltd

Hubo justicia poética y lo acabó ganando el que había sido mejor de principio a fin. Tévez convirtió la última pena máxima y su reacción natural fue correr a celebrarlo individualmente, pero frenó, varió su trayectoria y se fue a festejarlo donde estaba el Chiquito Romero, que había atajado dos penaltis. Argentina no sólo cuenta con la que es indiscutiblemente la mejor plantilla de la competición, sino que además todos sus miembros están alineados por una ferviente hambre de levantar la Copa, todos los egos están puestos al servicio de la colectividad. Lo tienen todo para levantar la Copa 22 años después, pero si no convierten y aprovechan esas rachas de minutos de extrema superioridad (no es la primera vez que les pasa en esta Copa América) el particular formato de esta competición puede echarles fuera. Ayer se vio.

Foto de portada: Focus Images Ltd.

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2 comments

Si os soy sincero, no me está gustando nada esta Copa América. Para empezar, la polémica está marcando el campeonato: Vidal, Neymar, Bacca, el padre de Cavani, Cavani, Jara… por otro lado, no veo juego vistoso, y no aparecen en exceso las grandes estrellas. Además, la lista de ausentes por lesión es demasiado larga y tiene demasiados jugadores importantes para sus equipos.
Cosas positivas: Otamendi ha conseguido que un seleccionador argentino siente en el banco a Demichelis. Paolo Guerrero enseña los dientes antes de debutar con su nuevo club. Ospina demuestra que si el Arsenal no confía en él, no será por darles motivos.
Más cosas positivas: “animadoras” de Venezuela, Chile y Colombia. Quiero esa pasión aquí también.

Martino tiene que sentar a Di María. Lo de este muchacho ya es desesperante. Que entre Tévez y Argentina juegue con 2 delanteros (Carlitos-Kun), que es como mejor se ha visto a Messi con Argentina, en 2012 con Higuaín-Aguero.

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