Recompensa a la paciencia

Chile - The Santiago Times

A menudo ocurre que todo lo que uno imagina en la previa de un partido luego no se traslada al terreno de juego. Un futbolista de Primera División me contaba una vez cómo habían preparado determinado encuentro con especial meticulosidad y atención a pequeños detalles, dedicando bastante tiempo a preparar multitud de aspectos. Habían dibujado en su mente el encuentro que esperaban, hasta el punto de que su entorno (directivos, familiares, amigos, empleados del club, etc) habían sido casi molestos de tanto que les habían repetido que tenían que hacer esto, aquello y lo otro para ganar. La pelota echó a rodar y en el primer minuto de juego encajaron un gol. Todo lo diseñado, todo lo previsto cambiaba radicalmente. De poco habían servido las horas previas, ya que el encuentro no se parecería en absoluto a aquello que habían dedicado tanto tiempo a imaginar. No es un caso aislado, son muchas las veces que el fútbol transcurre sobre una línea que difiere de lo que se había previsto.

Sin embargo, en el Chile-Uruguay el parecido entre lo que esperábamos (incluidas las alineaciones de ambos seleccionadores) y lo que presenciamos fue bastante grande. El conjunto charrúa propuso y practicó el fútbol que mejor conoce, mientras que el equipo local también siguió la postura futbolística que viene empleando desde hace tiempo.

En esa propuesta de los pupilos de Jorge Sampaoli, una figura dio un paso al frente durante la primera mitad: Jorge Valdivia. Lo hizo incluso en un tramo de partido, hasta el minuto 15 ó 20, en el que Chile no estaba cómoda sobre el terreno de juego, no lo estaba como consecuencia de la buena presión inicial ejecutada por Uruguay: ordenada, intensa y efectiva, aunque no demasiado duradera, ya que los charrúas retrocedieron hasta pasar gran parte del tiempo cerca del arco de Fernando Muslera. Durante un largo tramo de la noche, el guión fue casi idéntico a lo que cualquiera hubiese trazado en la previa: dominio territorial de Chile, combinación entre sus centrocampistas, falta de pegada en el área, un conjunto uruguayo cerrando los espacios interiores, defendiendo con muchísima fortaleza su área e inquietando a Claudio Bravo únicamente con algún lance aislado (un remate lejano de Edinson Cavani), alguna acción de estrategia y muy pocos contragolpes, una faceta poco empleada por Uruguay en la fría noche de Santiago de Chile.

En esa fría noche chilena, la figura de Cavani dificultó la continuidad del plan trazado por Óscar Washington Tabárez. El ariete, que no está viviendo una buena Copa América ni en lo deportivo ni en lo personal, truncó parte de las aspiraciones ofensivas de Uruguay con su expulsión en el minuto 63 por una doble amarilla que acentuó lo que ya se estaba produciendo: el repliegue de Uruguay y el control ejercido por Chile sobre la posesión del esférico. Con 0-0 en el marcador, inferioridad numérica e inferioridad técnica, el vigente campeón de la competición lo tenía más claro que nunca. Su primera idea sería defender. La segunda sería defender. Y la tercera…también defender.

En ese escenario de compromiso defensivo y organizativo, brilló por encima de cualquier figura la de Diego Godín, uno de los mejores defensores que conoce a día de hoy el panorama futbolístico mundial. Lidera, actúa con una inteligencia fabulosa y defiende su área con nobleza, calidad y espíritu. La expulsión de Cavani acentuaba el planteamiento uruguayo de corte defensivo, situación que Sampaoli aprovechó para acentuar la ambición ofensiva de su equipo. Hacia el minuto 70, retiró del campo a Edu Vargas, desacertado, y a Marcelo Díaz, el mediocentro posicional de ‘La Roja’. Sus sustitutos: Mauricio Pinilla y Mati Fernández. Chile lo fiaba todo a su arsenal ofensivo. Uruguay no pierde la fe en su oficio y en su solvencia defensiva.

El escenario presentaba un peligro muy concreto para Chile, una selección que además compite con la cercanía del calor que le ofrece su público, algo que en ocasiones se puede convertir en una presión añadida. El 0-0 y la incapacidad para batir a Muslera ponían a prueba la paciencia chilena, la paciencia de un equipo cuyas mejores opciones residían en continuar poniendo en práctica aquello que mejor saben hacer.

Una salida por alto indecisa y poco acertada por parte de Fernando Muslera posibilitó que Chile culminase sus ataques con el gol que le otorgaba la ventaja. Lo firmó Mauricio Isla, un futbolista que había dedicado buena parte de la noche a recorrer el costado derecho para ofrecer profundidad a su equipo y hacer daño a uno de los puntos débiles uruguayos: Jorge Fucile, al que le correspondía cubrir la baja (por sanción) de Álvaro Pereira tras un importante periodo de inactividad. Isla obtuvo el premio que buscaba insistentemente la escuadra local durante toda la noche. El premio que consolida a Chile como aspirante a alzarse con el título. Ya ha superado un obstáculo, el que planearon los uruguayos, teóricamente más complejo que el que afrontarán en la ronda de semifinales cuando se midan al vencedor del duelo entre Bolivia y Perú.

Foto de portada: The Santiago Times

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4 comments

Me falta alguna mención a Isla, gol aparte la mayoría de juego ofensivo de Chile pasa por sus movimientos

Me parece que Chile tiene fácil llegar a la final, pero dudo de que sepa saber manejarse bien en este tipo de partidos, con la presión de su gente y la poca experiencia que pueda tener.

Partido con inconfundible aroma a Libertadores. O así lo hacían parecer el ritmo y los pasajes del mismo. Uruguay es una nación fascinante, ya no en temática futbolística, sino en todo. Creo que su secreto ayer está también en lo de Cavani. Con su padre atormentado por ese homicidio involuntario del que se le achaca -y creo que pasando la noche en prisión-, el tipo sale de inicio en un partido de exigencia élite. Es incomprensible. O más bien incomprensible para nosotros. Para entenderlo hay que esforzarse en entender lo que significa esta selección uruguaya. Si buceas un poco te das cuenta de que hay pocos combinados nacionales donde los lazos humanos sean tan fuertes. Son una familia, y no es retórica.
Esa misma ecuación es la que dicta el guion del partido. Los uruguayos son tan, tan solidarios en los esfuerzos que resulta prácticamente imposible generar un disparo limpio contra su portería. Basculan de manera tan uniforme y es tal el plus individual a la hora de tapar un centro o tirarse al tackle que penetrarles es complicadísimo. Es cierto que sin Suárez -y con Cavani en ese state of mind- tenían complicado llegar hasta Bravo, pero su partido fue sacro. Sólo pudo abrir el candado Jorge Luis Valdivia. Quién si no. A propósito, ayer escribí esto sobre ‘el Mago’:
“Gotas de paciencia” http://t.co/ey546f8sn4 Creo que os puede interesar

Por último, me gustaría sublimar el partido de Godín, que sigue siendo el patriarca de esta selección en la hierba, y el del jovencito Giménez. Qué central tiene ahí Diego Pablo Simeone. Ahora con la baja Miranda va a adquirir todavía más importancia, y ojalá eso suponga también el ascenso de Emiliano Velázquez, otro fenómeno que pronto será un habitual entre los celestes.
Saludos

Partido intenso, ríspido. Dos escuelas antagónicas en liza. Vértigo a ras de piso, presión alta, fútbol asociado y de posesión (80 %), laterales profundos, ataque organizado: Chile; 2 cerradas líneas de 4, repliegue en el último cuarto y fútbol directo apenas se recuperaba el balón, disposición desde el inicio a encender la temperatura del lance mediante la fricción y bajarle el ritmo por medio de la interrupción y un festival de maniobras dilatorias: Uruguay.
Domino abrumador de Chile con un Valdivia excelso -sobre todo en el primer tiempo- organizando el ataque ante un fortín de los charrúas (Gimenez y Godín portentosos). Sin embargo no puede negarse que la expulsión de Cavani condicionó el último tercio y puede que también el resultado. Entre paréntesis, el delantero sucumbe ante la abyecta provocación de Jara y responde con un tímido manotazo: fuera.
De cualquier modo, la expedición uruguaya en el torneo fue mezquina de punta a cabo, por no decir derechamente miserable. Alguien objetará: pero Uruguay siempre ha jugado así, es lo que dicta su tradición, no podemos esperar razonablemente otra cosa. Puede ser. Pero si esto último es cierto- no lo creo: recuerden a Francescoli, Bengoechea, Ruben Paz-, entonces la celeste honró una tradición nada honorable.

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