La locomotora rusa destroza los sueños de Salah

Dzyuba Rusia Focus

Nadie se acuerda del pesimismo ruso anterior al torneo. De repente, en pocos días, de Kaliningrado a Vladivostok, Rusia es una fiesta. Por primera vez desde el fin de la URSS, Rusia jugará los octavos de final de un Mundial después de encadenar su segunda goleada en dos partidos. Si contra los saudíes el equipo de Cherchesov ilusionó con su juego, en un segundo tiempo por momentos bello en San Petersburgo el equipo local barrió a una selección de Egipto que sigue sin saber qué es ganar un partido en un Mundial. En tres participaciones, sigue sin ganar. Ni con Salah ha llegado el milagro y, si Uruguay gana a los saudíes, el grupo quedará con una sola duda: quién queda primero de grupo.

Rusia 3 (Fathi pp 47′, Cheryshev 59′, Dzyuba 62′)
Egipto 1 (Salah 73′)

Rusia vs Egipto - Football tactics and formations

Cherchesov modificó el equipo apostando por Dzyuba en el centro del ataque, pues Smolov no dejó buenas sensaciones en el primer partido. En los faraones volvía Salah, cómo no, pues era un salto al vacío sin red de seguridad: ganar o morir. Y Egipto falleció después de ofrecer una imagen bastante pobre. Pese a un primer tiempo bastante igualado, Akinfeev nunca sufrió en defensa porque los rusos frenaron los ataques africanos antes. Salió muy metida en el partido Rusia, provocando que los africanos no se sintieran en ningún momento cómodos. Sin el lesionado Dzagoev, Cherchesov ha encontrado el equilibro con un punta con corpachón, Dzyuba, trabajando en la mina para generar espacios para Cheryshev, por la izquierda, Samedov, por la derecha y Golovin. La joven estrella del CSKA de Moscú no fue determinante como en el partido contra Arabia Saudí, aunque en general Cherchesov puede estar más satisfecho porque la victoria ha sido mérito del colectivo. Y un poco de la suerte, claro. El primer gol, quizás el más importante, fue un churro.

Egipto, con Marwan Mohsen en ataque muy perdido, no consiguió conectar nunca con Salah. Elneny y Tarek Hamed no encontraron el modo de llevar el ritmo del partido, con muchas pérdidas de balón gracias al buen trabajo de Zobnin y Gazinskiy. El partido de Zobnin fue particularmente interesante, manteniendo siempre la posición, entregando el balón con criterio y ayudando a sus compañeros. Cada pérdida permitía cambios de juego rápido de los rusos, especialmente cargando la banda derecha con Samedov. Rusia llegó más a la frontal, aunque en el primer tiempo tuvo poca pólvora, con un empate sin goles en el que las sensaciones eran más positivas en los locales. El partido se escribía en cirílico, no en árabe. Zhirkov y Gazinskiy protegieron bien la zona del veterano Ignashevich, que casi nunca se enfrentó cara a cara con Salah. Cherchesov apostó por una vieja táctica que suele funcionar: si tienes la sensación que tus defensas no pueden parar a la estrella rival, evita que el balón le pueda llegar. Egipto lo intentó, aunque con eso no bastó. Con el mismo equipo de la derrota contra los uruguayos con la excepción de Salah, El Said y alguna carrera de Ahmed Fathi permitieron a los faraones creer. El partido no tenía dueño, pero sí mucho ritmo, con ataques de ida y vuelta en que siempre parecía que el equipo local tenía más calma, más paz interior.

Un gol en propia puerta abrió el marcador para Rusia. Foto: Focus Images Ltd.
Un gol en propia puerta abrió el marcador para Rusia. Foto: Focus Images Ltd.

En la segunda parte, una jugada fea, con un disparo desde la frontal con la defensa desordenada, acabó con un gol feo en propia puerta, con la rodilla, de Ahmed Fathi, quien pidió falta de Dyuba. El gol, a los 47 minutos, rompió el partido. Egipto dudó. Y no se puede dudar delante de un equipo en racha. En 15 minutos, los rusos le metieron tres goles a una defensa de Egipto sin alma. Cheryshev, convertido en el nuevo héroe local, atacó el corazón del área para rematar a placer el 2-0 en una jugada en la que el lateral izquierdo egipcio quedó hundido. Luego Dzyuba, dando la razón a su seleccionador, bajó un balón del cielo y se inventó un gol prodigioso. Contra las cuerdas, Cúper apostó por Amr Warda por un Elneny perdido, decepcionante, y Egipto mordió un poco más. Especialmente cuando entró Sobhi por Trezeguet.

Salah, solo contra el destino, forzó un penalti pitado con VAR y se convirtió en el primer jugador en marcar a los rusos en este torneo. Pero la suerte estaba escrita. Egipto queda eliminada con toda seguridad salvo que se produzca una carambola inverosímil. Y Rusia celebra un éxito que no se celebraba desde esos tiempos en los que Gorbachov presidía el Kremlin. Para los egipcios, la sensación es cruel. No ha ganado nunca un partido en el Mundial y por una vez que vuelve, su estrella llega tocada y le toca jugar contra el rival más asequible cuando ya está eliminado.

Rusia no ha jugado nunca los octavos de final de un Mundial desde la disolución de la Unión Soviética. Foto: Focus Images Ltd.
Rusia no ha jugado nunca los octavos de final de un Mundial desde la disolución de la Unión Soviética. Foto: Focus Images Ltd.
Foto de portada: Focus Images Ltd.

Related posts

1 comments

Hay que reconocer que Rusia esta teniendo una efectividad barbara, practicamente todo lo que chuta, incluso como ayer la que iba fuera, va para dentro. Tremendo.

Deja un comentario

*