Un viaje con Kiko Insa: del miedo en Irak a la gloria en Indonesia

kiko insa

Antes de nada me pide disculpas por el ‘chucu chucu chu’ que se oye de fondo. Está metido en un tren añejo, cruzándose Indonesia en un viaje de 10 horas para ir a jugar un amistoso contra no sabe muy bien quién con el Arema Cronus, el club con el que acaba de renovar por cinco temporadas. Viene de unas vacaciones en Bali, donde ha podido descansar ya que la liga indonesia lleva parada un buen tiempo por asuntos y corruptelas extradeportivas. Pese a no haber liga, Kiko Insa se ha convertido en un auténtico icono en Malang, un ídolo con el que centenares de personas se quieren echar una foto cada vez que sale a la calle, que desata pasiones cuando miles de aficionados se quedan fuera del estadio sin poder verle; lo que sería la viva imagen de una estrella. Los niños se compran camisetas con su nombre e incluso algunos les piden a sus padres que les lleven al peluquero para ponerse una cresta azul como la que lleva el canterano de Valencia y Real Madrid.

En Irak iba en el bus y pensaba “si ahora explota el coche de al lado me muero”

Su carácter sinvergüenza –ojo, lo dice él– ha conectado con una afición que le adora, se ha tatuado el león loco en honor a los fieles de la aremanía y si nada se tuerce, el fútbol le va a dar durante los próximos años el bienestar y la estabilidad que le debía. Y es que antes de asentarse como una celebrity, Kiko Insa ha viajado miles y miles de kilómetros para jugar al fútbol y vivir experiencias inimaginables para un chico de apenas 28 años de edad. Este alicantino trotamundos ha estado en destinos de lo más dispares y las ha visto de todos los colores: de convertirse en el primer español en jugar en Islandia a ser estafado por el principal equipo de Rumanía o temer por su vida en Irak.

Un culo inquieto en el filial del Manchester United

Nacido en una familia de fútbol –su hermano Natxo Insa, de gran recuerdo para el aficionado celtista, también es futbolista profesional– decidió un día buscarse el pan fuera ante el panorama desolador que se atisbaba en el bronce y la plata españolas durante los años más duros de la crisis. “Estaba en el Elche y la verdad es que lo jugaba todo y entrenaba con el primer equipo. Pero un día, jugando un amistoso con la selección de Japón sub-21, me vio Juan Lozano, un exjugador del Real Madrid que jugó también en el Anderlecht. Me contactó y me dijo que tenía un equipo para mí, el filial del Manchester United en Bélgica, el equipo decano, el Royal Antwerp. Pero imagínate, yo iba aquí a clases de inglés en España a reírme y, claro, no tenía mucha idea. La primera vez que te vas, con 19 años, no tenía ni papa. Pero bueno, yo como soy un poco caradura empecé a aprender. Esto es como cuando no tienes ni idea, pero coges la guitarra y tocas dos acordes y ya con eso parece que sepas algo”.

La experiencia alemana, frustrada por un problema de riñón

Pese a volver a España, esta primera experiencia en el extranjero le dejó con ganas de más. Después de transitar por algunos clubes de la 2ªB y Tercera, esta vez era el turno de hacer las maletas a Alemania, pero no todo salió como se esperaba: “En Alemania tenía que ir al filial del Hertha de Berlín, llegué ilusionado, pero entonces me dijeron que por mi edad cortaba la progresión. Entonces me dijeron que tenían un filial sub 25. El dueño de la marca alemana de ropa Camp David ponía dinero para este equipo, el Germania 07. Todo iba genial, pero tuve un problema en el riñón y tenía que operarme o lo perdía. Ellos querían que me operara en Alemania pero a mí me daba miedo y me operé en España . Entonces me rescindieron el contrato y allí se acabó mi experiencia alemana.”

Kiko Insa
A sus 28 años, Kiko Insa ha pasado por una veintena de equipos, sin contar los conjuntos en los que ha estado de prueba. Foto propiedad del Arema Cronus, cedida por Kiko Insa.

El ‘capo’ del mercado de fichajes islandés

Por si no os habéis dado cuenta aún, Kiko es un tipo persistente. Así que se fue a probar algo que no había hecho aún ningún futbolista español, irse a jugar a Islandia. Lo que empezó con un contrato de un mes, acabó con Insa en el once ideal de la temporada y la confianza que se creó fue tal, que desde entonces cada invierno por estas fechas, los clubes islandeses le piden a Kiko que haga de intermediario para traer futbolistas de su confianza. “Es como mi segundo país, en Islandia no se arrugan y progresan de verdad. Es gente fuerte y meten corazón. La rompí, jugué en el once de la liga y entonces me pidieron más futbolistas. No se creían a los representantes, me preguntaban a mí. Metí a cuatro futbolistas y a partir de ahí se ponían en contacto conmigo y empezó la rueda. Como no busco el interés de ganar dinero sino la palabra de llevar a un buen jugador, me he ganado la credibilidad. Esa gente es seria, la palabra se cumple. Yo me he ganado su confianza y a partir de febrero empiezo a meter futbolistas y es algo que me gusta mucho. El tema en Islandia es que es distinto. Es decir, la típica jugada que el delantero mete el culo y cae, para ellos esto no es falta y si protestas es que no eres lo suficientemente fuerte para jugar en su liga. Hay mucho jugador en España que vive de eso, del regate y rascar una falta, etc. Allí no engaña. Igual, la plancha allí no es falta. Entonces, o te adaptas y entras fuerte o estás liquidado”.

Si se hubiera quedado en Letonia…

Pero Islandia no es el único lugar gélido en el que Kiko Insa ha probado fortuna. En Letonia tuvo una grata experiencia que pudo ir a más de haber tenido un poco de paciencia: “En Letonia he jugado seguramente en el mejor equipo, en el FS Ventspils. Se disputan la liga siempre y juegan clasificación de UCL. Todos los jugadores que jugaban conmigo eran internacionales, hicimos un récord de 13 o 14 partidos consecutivos ganando. Eso sí, hacía un frío que te cagas, edificaciones viejas y un aire muy soviético. Estoy contento con aquella experiencia, me sirvió para hacerme un hombre. Pero otra vez elegí mal y me fui a Inglaterra para comerme el mundo porque tenía más mercado. No lo tendría que haber hecho porque para que te hagas una idea: el central que jugaba conmigo (Kaspars Dubra) ahora está en el Bate Borisov y el lateral derecho (Antons Kurakins) está en el Hamilton, por ejemplo”.

Kiko Insa
Pese a llevar poco tiempo en Indonesia, Kiko es un ídolo para miles de personas. De hecho, ya le piden que se nacionalice para poder jugar con la selección. Foto propiedad del Arema Cronus, cedida por Kiko Insa.

Víctima de los piratas y de los listillos del fútbol

No todo ha sido fácil en los andares de Kiko por los campos del mundo. El español no sólo ha tenido que lidiar en el día a día de su trabajo dentro de los terrenos de juego sino que ha vivido también situaciones esperpénticas en los despachos, escenas con representantes y directivos de poca fama y peor proceder que le han hecho vivir escenas bochornosas, como por ejemplo la que vivió en Inglaterra: “Me voy al Sheffield United a probar, todo parecía encaminado a firmar pero en Inglaterra pueden cederte fuera de mercado. Lo tenía todo, pero entonces los echaron de la FA Cup, y cuando estábamos ahí sentados con el ‘chairman’ me dice que no me firma porque tras la derrota no puede fichar a un tipo sin experiencia en el fútbol inglés y que venía un jugador cedido del Swansea. Se me caía el mundo encima. Por suerte pude jugar unos partidos para no perder la forma con el Oxford City”.

De ser presentado con el Steaua de Bucarest a vivir el horror en Irak

Pero de todas las situaciones rocambolescas en los despachos seguramente la vivida en el Steaua de Bucarest se lleva la palma: “Me fui a Turquía porque mi hermano estaba en el Antalyaspor, y allí en invierno van muchos equipos que paran por el frío. Entonces lo tenía firmado por un club de Azerbaiyán y me dicen que no van a firmarme, que se lo habían pensado bien. Sigo entrenando y me mandan una oferta de Rumanía, del Steaua. Por la noche voy a cenar con el presidente, por la mañana voy a jugar un partido de entrenamiento, hago una rueda de prensa y cuando voy allí a firmar lo que me habían dicho era la mitad. Entonces el representante que me había llevado allí, un tipo serbio que se dedica a llevar jugadores al Steaua para después cobrar una comisión de un futuro traspaso, le rompió los papeles en la cara del presidente, así que obviamente no firmé”. La anécdota se hubiera quedado en un recuerdo casi cómico si posteriormente no hubiera venido acompañada de una de las peores decisiones en la vida deportiva de Kiko.

Kiko Insa
El azul de su cresta se lo hizo en honor a los colores del Arema, algo que sentó muy bien a la ‘aremanía’. Foto propiedad del Arema Cronus, cedida por Kiko Insa.

“Tras lo de Rumanía me quedé desamparado y llegó una oferta de muchísimo dinero sin prueba y sin nada en Irak. Entonces sin decirle ni una palabra a mi familia, me fui para cuando llegase a Bagdad decirle a todo el mundo que estaba allí. Ahora lo pienso y es que estaba loco, no sabes el miedo que pasé. Ni una mujer allí, todo derrumbado, las calles cortadas, trincheras, puentes destruidos, cada 200 metros un control de pasaporte con metralletas, se escuchaban tiros por la noche… Estaba con otro español allí y recuerdo despertarme por un estallido de una bomba por ahí cerca. Nos recogían en un bus y nos llevaban a un patatal a entrenar. Yo iba en el bus y pensaba “si ahora explota el coche de al lado me muero”. Mi familia estaba fatal y yo tenía un miedo increíble, mira que soy un tipo alocado y no me da apuro nada pero aquello era distinto. Me fui y luego leí que a los dos meses suspendieron la liga de Irak porque habían matado gente durante los partidos. Tengo que reconocer que me equivoqué, es el infierno. Ver niños desnudos… Esto te enseña a valorar las cosas”.

La redención, pasando por Vietnam

“En Vietnam lo tenía todo hecho por un equipo, entonces cuando ya estaba todo le tenía que pagar al entrenador, al representante de Vietnam, pagar a su socio y lo que me quedaba para mí. Después de 3 días discutiendo del dinero, llegó otro brasileño y se lo llevaron. De salir en la tele y tal, contárselo a mi familia a que se me desmonte todo”.

Siempre he querido las cosas rápido. He ido a un sitio a jugar, y después he querido ir a otro rápido y me he pegado una hostia. Eso me ha llevado a otro sitio, he progresado y he querido volver a otro sitio rápido. Después te das cuenta que a veces las cosas no van tan rápido y te das cuenta que a veces tienes que invertir más tiempo en un sitio, una o dos temporadas, y a partir de ahí moverte

Después de tanta decepción, de tanta lucha por encontrar un sitio en el que progresar, el karma futbolístico se alineó para compensar a Kiko con una llamada procedente de Indonesia: “Cuando estuve en Vietnam, conocí a un representante de Indonesia. Entonces me iba a Malasia pero 3 días antes me llama este chico y me dice que me quiere el Arema, el equipo más fuerte de Indonesia, con una de las mayores aficiones de Asia. Desde entonces, todo ha ido rodado pese al tema de la liga. He conectado con esta gente y la pasión con la que lo viven es increíble. Igual me hago 100 fotos después del entreno o en cualquier lado, es una barbaridad. Me acuerdo que después de un partido cogí un palo y me hice un selfie con la afición y con eso ya me la gané. La aremanía es algo que aquí en España competiría con las mejores; aquí los bomberos tiran con la manguera a la grada para que no les pillen sofocos y la verdad es que cuando me pongo a jugar delante de estas 50.000 personas se me pasan todos los males que pueda tener. Hay gente que se queda fuera del estadio, no puedo ni andar por la calle. Me hablan hasta de hacerme el pasaporte y jugar en la selección de Indonesia, ojalá pueda ser algún día así”.

Este es el relato de Kiko Insa, la vida de un futbolista digna de un libro de viajes o de una novela de aventuras a la que no le ha faltado emoción, momentos de suspense y miles de personajes y situaciones fascinantes. Como en todas las buenas historias, parece que esta también tiene un final feliz.

Foto de Portada: Propiedad de Kiko Insa.

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3 comments

Un gran trabajo, Víctor. Muchas gracias. Una historia maravillosamente dura y muy cargada de ilusión en el fondo. Kiko Insa nunca leerá esto, pero me encantaría animarle a plasmar toda su historia en un libro, porque sería un libro de fútbol de verdad, del auténtico.

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