Una energía diferente

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En el corazón de Sao Paulo ha saltado la alarma. No se conoce un sólo gigante financiero del fútbol europeo que no se haya acercado al menos a ver qué pasaba. Real Madrid, FC Barcelona, Manchester United, Paris Saint Germain… todos han tocado la puerta del Palmeiras. Allí hay un chico con una rareza limitada y carísima en el fútbol actual, con potencial de ser aquello que sólo una élite de clubs puede contar y es a la postre lo que les concede una ventaja diferencial en la pelea por los campeonatos: una máquina de fabricar acciones de gol. Tal y como se mueve el mercado actual, cuando ocurre algo así o lo atas cuando todavía se está gestando, o quizá ya nunca más puedas acceder a él (pues nada se paga más caro en el fútbol que el gol). Por eso el Manchester City ha apostado de forma demoledora y con toda su caballería por un chico que apenas lleva un año la élite. Con toda la cautela que hay que guardar debido a las enormes diferencias estilísticas y tácticas entre el fútbol brasileño y el europeo, la sola posibilidad de que se acerque a lo que insinúa ser justifica con creces esa apuesta. Así juega el flamante fichaje de Pep Guardiola.

Gabriel Jesus no puede ocultar su origen brasileño. Es alegre, descarado, enérgico, frenético, elástico y explosivo. Su lenguaje corporal le delata. Sin embargo, se aleja bastante del paradigma que uno imagina cuando visualiza en su mente a un extremo brasileño. En primer lugar, porque no es un regateador genial, un gambeteador, ni un filigranero. No es un futbolista extremadamente imaginativo. Su fútbol es mucho más directo, pragmático y enfocado al gol que creativo y preciosista. Para ir definiéndole, por su forma de jugar (ojo, por su forma de jugar, no por su nivel) y salvando las gigantescas (ojo, gigantecas) distancias, su perfil se parece más al de Cristiano Ronaldo, Kevin De Bruyne o Alexis Sánchez que al de Neymar, Coutinho o Douglas Costa.

En segundo lugar, porque no es exactamente un extremo. Ha jugado esta temporada sobre todo de punta y cuando lo ha hecho abierto al sector izquierdo (a pie cambiado, él es diestro), ha manifestado comportamientos que le alejan del perfil de extremo puro de toda la vida. Como casi cualquier brasileño, es habilidoso, pero no es eso lo que le define y le diferencia. No espera abierto a que le llegue el balón, no suele intentar regates en estático: abandona su zona, se va hacia dentro en vez de doblar al carrilero, tira desmarques interiores entre lateral y central continuamente, carga área de forma agresiva con frecuencia para rematar, es sorprendentemente poderoso en el balón aéreo pese a que no es especialmente corpulento. No para quieto. Apenas ha acabado una acción, ya se está ofreciendo para la siguiente. Cuando le llega el balón, lo suele soltar rápido para moverse y tirar un desmarque o asistir a alguien que se acerque al área antes que desbordar. Trata de buscar el gol neuróticamente. Es muy resolutivo y la factura de sus tantos le define: no suelen ser de típico dorsal 11 que diagonalmente se regatea a tres y busca el disparo, sino que sus goles son en pocos toques desde dentro del área pequeña, donde ha llegado tras una pared o una carrera al espacio más propio de un punta. El tipo se mueve tanto y con tanta frecuencia que se habilita en posiciones de gol continuamente. La palabra que mejor define su fútbol es la energía. Una energía voraz, visual y muy productiva.

Otro aspecto que le diferencia de ser un extremo de toda la vida es su dominante juego de espaldas. Es uno de los puntos más impresionantes de su fútbol. Contrariamente a lo que se suele decir, en la Libertadores escasean los espacios, las defensas son muy exhaustivas y duras, anticipan con agresividad y no dejan a los extremos recibir nunca cómodos. Gabriel Jesus no tiene un físico prominente, no llega a 1.80, pero es especialmente habilidoso recibiendo con el aliento de un defensor en su nuca, protegiendo la pelota, ganando tiempo y soltándola, habilitándose y girándose ante un central que se le anticipa. Los sombreros en situaciones como esas son un visual recurso que utiliza con inusitada frecuencia. Incluso su recurrente control con el pecho es propio de un nueve de perfil más vigoroso. Llama mucho la atención lo bien que maneja el juego directo este chico. Como particular ariete de referencia, es una bendición para salir de tu campo.

Su perfil físico es más el de un atacante robusto y atlético que el de un peso pluma ligero y liviano. Como extremo, su voraz y endiablado cambio de ritmo y su continua movilidad lo convierten en una sensación de peligro continua. Como punta, donde más ha jugado esta temporada, representa el perfil de ariete móvil y dinámico que se mueve fulgurantemente por todo el frente de ataque, cae a bandas y tira desmarques de forma constante, amenaza en contraataque si se le conceden espacios tanto de punta de lanza como acompañante. Ágil y escurridizo culebreando entre los centrales, diferencialmente explosivo y capaz de mantener velocidades altas sostenidamente atacando espacios, potente en conducción cuando hay una transición, el ex atacante del Palmeiras es un certero definidor con las dos piernas. 15 tantos suma en los 19 partidos que lleva en 2016.

Con las categorías inferiores de su selección ha jugado en la derecha, donde se vuelve un extremo más lineal y tiene más difícil la salida al gol, pero continua siendo muy productivo: desde allí puede ganar línea de cal, asistir y moverse. Su total polivalencia (puede jugar en cualquier punto de la línea de atacantes) lo convierte en una bendición para cualquier plantilla.

El Palmeiras, especialmente en Copa Libertadores, ha sido un conjunto bastante caótico. Pese a contar con un  plantel con futbolistas de la talla de Dudú, Lucas Barrios, Guedes o Cristaldo, fue eliminado de forma decepcionante en la fase de grupos. Su forma de atacar era desorganizada y poco armoniosa. Gabriel Jesus, por tanto, no ha formado parte de un colectivo engrasado y rodado donde él era una pieza minuciosamente ajustada al funcionamiento del equipo, sino que le ha tocado más bien ejercer la guerra por su cuenta. Se las ha arreglado para ser determinante y resolutivo, pero en algunos aspectos ha demostrado estar tácticamente verde. Cuando le han negado espacios para moverse, algo que en la liga brasileña disfruta mucho más que en competición continental, se le ha visto a veces bloqueado y sin saber ofrecer demasiadas soluciones al equipo, por lo que esa es una incógnita que pesaría sobre su figura dependiendo de dónde aterrizara. Sin embargo, ha caído en las manos de Pep Guardiola y en la Premier League. Es decir, en el entrenador que mejor puede ordenar sus exuberantes condiciones y en la liga que más transiciones permite, donde su energía puede pesar sin filtros. Se entiende perfectamente su decisión.

Foto de portada: MarcadorInt.

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