The normal one

New Liverpool manager Jurgen Klopp speaks during a press conference at Anfield stadium, Liverpool
Picture by Ian Wadkins/Focus Images Ltd +44 7877 568959
09/10/2015

Vivimos en una sociedad en la que el individuo tiende a blindarse ante sus semejantes, contradiciendo de alguna manera su indiscutible naturaleza de animal social. El caos de ahí fuera, la imprevisibilidad, la hostilidad de lo desconocido invita a cerrarse, a no mostrarse, a protegerse para no conceder rendijas ante las posibles amenazas. Qué pensarán, que dirán, qué intereses ocultos tendrán. Mejor miraré Twitter en la cola de la panadería antes que charlar con el extraño de enfrente. Mejor me siento solo en el bus. Caras serias, respuestas escuetas, gestos forzados que denoten invulnerabilidad. No es ni bueno, ni malo, pero es así: todos aspiramos a triunfar y siempre nos dijeron que ese era el camino. Trabajar duro, pero en silencio, mantener el semblante serio ante cualquier circunstancia, considerar al prójimo como tu competidor y concederle lo menos posible. Por eso, la aparición de Jürgen Klopp en la primera línea del panorama mediático supuso todo un shock. Nos enseñó que se podía hacer de otra manera. Jürgen y su irreverente personalidad le gritaron al mundo que no sólo era posible acceder al éxito por una vía alternativa y desenfadada, sino que así se podía liderar un grupo y hacerlo de forma eficiente. Pronto, se convirtió en uno de los personajes favoritos de, primero, todo un país y luego, cuando trascendió, medio planeta. Kloppo, al contrario que otros grandes entrenadores, no polarizaba; Kloppo caía bien a todos.

New Liverpool manager Jurgen Klopp speaks during a press conference at Anfield stadium, Liverpool Picture by Ian Wadkins/Focus Images Ltd +44 7877 568959 09/10/2015Klopp compareció ante los medios en Anfield, Liverpool. Foto de Ian Wadkins/Focus Images Ltd.

Klopp es una sonrisa, pero una sonrisa que no esconde debilidad. Una sonrisa elegida: dominante, invulnerable, inmune. Coincidí con él en un ascensor del Westfalenstadion que llevaba a la rueda de prensa previa a la final de Champions League de 2013. Ahí estábamos un nervioso adolescente español que seguramente se había equivocado de acceso y que estaba flipando al ver que ese que acababa de salir de un modesto Opel era Jürgen Klopp, y nada menos que uno de los entrenadores más exitosos del mundo en el último lustro. “Pfff.. ¿Le digo algo?”, recuerdo pensar. Rápidamente lo descarté. “Este tipo está preparando una final de la Champions y probablemente pida que me echen si le molesto”, me dije a mí mismo. Antes de que aquel pensamiento abandonara por completo mi mente, fue el propio Klopp, que me veía observarle como quien ve por primera vez a su padre, quien rompió el hielo. “Estaba viendo una serie tranquilamente en mi casa y de repente me llaman: oye, que en 30 minutos tienes que dar una rueda de prensa. He venido corriendo”, contó entre carcajadas poco antes de que llegáramos a la sala y periodistas de todo el mundo le ametrallasen a flashes. Pronto se ganó a todos ellos cuando presumió de sus puntuaciones al Guitar Hero en plena víspera de una final en Wembley. Aquello, a mí que venía de asistir al media day del Bayern y de escuchar la diplomacia militar del discurso de Jupp Heynckes, me hizo darme cuenta de que aquel tipo era otra cosa. Klopp, el entrenador al que el Hamburgo desechó por ir sin afeitar, con agujeros en los vaqueros y decir tacos, era un ser único. 

Klopp Borussia Dortmund FocusKlopp es todo un ídolo en el Westfalenstadion. Foto de Richard Calver/Focus Images Ltd

“Klopp ayudó al Borussia a quitarse cualquier complejo. A no sentirse inferior a nadie pese a tener menos medios. Eso fue más importante que cualquier decisión táctica. Antes de que viniera él, el equipo se estaba lamentando por su situación constantemente”, me contó Matthias Dersch, el periodista del diario regional Ruhr Nachrichten que sigue al Dortmund desde hace años y ha vivido día a día todo el proceso que transformó a un club que vagaba bordeando la bancarrota en uno de los proyectos futbolísticos más estimulantes de la tierra. Porque del nuevo entrenador del Liverpool se elogiará con acierto su rompedor método táctico, y en él habrá que detenerse con minuciosidad, pero antes de ello hay un aspecto emocional que prima sobre el mismo. Sólo así se entiende que un grupo de jóvenes sin experiencia ni prestigio (“celebrábamos cuando cumplían años, porque subían la media del equipo”, confesaba el propio Klopp) se sintiera con la capacidad de romper a lo largo de dos años la hegemonía dinástica del Bayern de Múnich en Alemania o de aguantar un resultado ajustado en unas semifinales de Copa de Europa en el Santiago Bernabéu jugando al fútbol de forma rompedora. En momentos como esos en los que sientes a la trascendencia posarse sobre tu espalda no existe la táctica, el aspecto mental es el que tiraniza: da igual lo preparado que tengas lo que le vas a decir, que cuando aparezca la chica de tus sueños vas a tartamudear. El carismático liderazgo irreverente de Klopp no sólo les hizo creer incondicionalmente que aquella forma de jugar era la correcta, sino que también les convenció de que a través de ella podían plantar cara a cualquier rival. Si el sistema y la idea táctica es el esqueleto que vertebra el cuerpo de un equipo, el estado de ánimo es el alma que le dirige y le mantiene vivo. Y la capacidad de Kloppo para comunicar, envolver y transmitir le convierte en un tipo capaz de conectar con el tuétano de sus semejantes y convencerles para que le sigan al fin del mundo. Sirva un ejemplo: su rueda de prensa previa al BVB-Real Madrid de 2013. Salió con una sonrisa de oreja a oreja, calmado, relajado y contestando con la sapiencia de un veterano. Nada extraño si no fuera porque hacía escasas horas el Bayern, en una jugarreta de dudosa ética, había anunciado el fichaje de Mario Götze, su principal estrella, a falta de 48 horas para semejante cita histórica para la entidad. Recuerdo llegar a Dortmund y respirar la tensión de forma meridiana: en las discusiones de los hinchas, en las camisetas tachadas, en los cánticos amenazantes en el viaje en metro. Aquello desde luego que no era el ambiente idóneo para afrontar el ambicioso reto que tenían por delante. Pero, minutos antes de que diera comienzo el partido, los sagaces responsables del estadio pusieron en el videomarcador la comparecencia de Kloppo. Aquello serenó por completo a su afición. Si él estaba tan tranquilo, ellos también lo estarían: el estadio se despreocupó, comenzó a arder y hasta a aplaudir a su número 10. Por eso necesita una fiel y apasionada hinchada que tiña de épica su discurso. Por eso Liverpool parece un destino ideal. No necesitará demasiado atrezzo emocional para sumergirles en la narrativa su epopeya: con mirar a The Kop, bastará.

Liverpool v Aston VillaBarclays Premier LeagueAnfield, la nueva casa de Jürgen. Foto: Focus Images Ltd

“Existe el pensamiento de que el verdadero campeón sólo es aquel que le quita el balón a su rival. Yo lo veo radicalmente distinto. Si el fútbol que practicó la España que ganó en 2012 la Eurocopa, que lo hizo con todo el merecimiento del mundo, fuese el fútbol que vi cuando tenía 5 años, me habría dedicado al tenis. Balón a un lado, balón a otro, ahora no tiro, ahora hago un cambio de juego… Que alguien me dé un golpe en la cabeza, yo no puedo seguir viendo esto. Yo soy uno de esos que ama el juego porque es vivaz, porque hay que correr de un lado a otro y porque no va de “ahora cojo el balón y te voy a enseñar cómo se juega”. Por eso creo que el FC Barcelona es concebido de una forma completamente errónea. (…) La mayor fortaleza del FC Barcelona es el Gegenpressing. Pierden el balón y lo recuperan en seguida. Defienden más arriba que cualquier otro rival del mundo, en parte porque generan tanto respeto que nadie se atreve a ir a por ellos completamente. El mejor organizador del mundo es el Gegenpressing. Si alguna vez entrenáis a un equipo, hacedme caso: dad a eso más valor que a ninguna otra cosa. Para nosotros eso es un must, must, must, must. Para ello tenemos que correr como conejos, pero no nos importa un pimiento”, Jürgen Klopp en una conferencia.

Gegenpressing es el término que se utiliza en alemán para nombrar a la presión que se produce como respuesta inmediata a una pérdida de balón. Klopp es un firme defensor de que si recuperas la pelota cuando el rival la acaba de ganar y está todavía organizándose para atacar, vas a encontrar los espacios que te permiten acceder al gol por la vía rápida. Si voy intensamente con muchos hombres muy juntos a robar el balón inmediatamente después de haberlo perdido, si consigo recuperarlo estarán también muy juntos para atacar y el contrario no estará óptimamente dispuesto para defender, así que podrán asociarse y transitar con la oposición debilitada y cerca de la portería rival. En torno a ese concepto construyó sus equipos más exitosos: el espectáculo que suponía ver a una manada de feroces amarillos contraatacar vertiginosamente concentraba en las sobremesas de los fines de semana a miles de aficionados al fútbol. Pero para perder el balón arriba primero lo tengo que llevar arriba: para ello, supo diseñar ricos mecanismos de posesión que le permitieran situarse en campo contrario. Su primer gran Dortmund, el de Hummels, Sahin, Götze o Kagawa o Barrios consiguió bordar ambas artes: tanto la vertical y dinámica posesión de balón como las complejísimas transiciones, hasta el punto de llevarle a conseguir dos Bundesligas seguidas con un equipo en el que solo Weidenfeller superaba los 26 años. Es innegable que se encontró una buena generación de futbolistas, como también lo es que la mayoría de los que han salido de su amparo en busca de cotas mayores han fracasado llamativamente.

Klopp posando con la camiseta del Liverpool. Foto: Ian Wadkins/Focus Images Ltd.Klopp posando con la camiseta del Liverpool. Foto de Ian Wadkins/Focus Images Ltd.

El Dortmund que ha trascendido en el aficionado medio no es tanto el del Gegenpressing, sino más bien el del pressing que ha lucido en las grandes citas europeas o en sus duelos contra el Bayern de Múnich: aquel que dispuso cuando se enfrentó a gigantes obligados a llevar la iniciativa y aquel que exprimió al límite tales circunstancias. Sus variantes han sido del todo diversas: desde asfixiantes planteamientos que iban directamente a quitarle el balón a los defensores rivales con una presión radical orientada hacia el poseedor del balón, como las denominadas pressing trap: dejarle el camino libre al rival para que lleve el balón a un punto concreto, y una vez ahí, encimarle agresivamente con varios hombres y con terreno libre por delante. Klopp se convirtió en un neurótico ingeniero de las presiones, que diseñaba al milímetro dependiendo del contexto. Lo que no variaba es una precisa, veloz y complejísima forma de transitar, que castiga cada pérdida de balón con fiereza: pases verticales, apoyos, asociaciones, incorporaciones salvajes de los laterales, cambios de orientación, llegadas al área de muchísimo hombres… Un vendaval. El fútbol de Klopp, de esfuerzos explosivos sostenidos, requiere una resistencia física sobresaliente: en su primera temporada en el BVB, si sus jugadores superaban los 120 kilómetros recorridos en un partido, les daba un día libre adicional.

FIL DORTMUND ARSENAL 32La comunión con la hinchada fue un aspecto elemental del éxito del BVB. Foto: Focus Images Ltd

Aquel cuento de hadas que era su historia en Dortmund no tuvo final feliz. Tras siete intensos años, la saturación psicológica del día a día, la rudimentación del método, la adaptación de los rivales (ya no le concedían un milímetro, le plantaban un bloque bajo que exigía al máximo su ataque posicional) y la ausencia de genios que marcaban la diferencia como Götze o Gündogan mermaron muchísimo el rendimiento del BVB, tanto que Klopp acabó pensando que lo mejor para el club era que se hiciera a un lado. “No quería que un pasado increíble lastrara la evolución futura del equipo. Para eso tenía que quitarse una cabeza grande. La mía”, admitió. Pero sólo tres meses después, han vuelto a por él: el Liverpool le ha encomendado la ambiciosa tarea de reanimar el corazón de un gigante deprimido. Triunfará o no, pero seguro que le dotará de identidad a una entidad que lleva años suplicándola y ejercerá de referente sólido entre tanto talento desorientado, en una liga en la que su subversivo fútbol puede suponer toda una sacudida. Su vuelta a los banquillos ha generado unánime alegría no sólo, por supuesto, entre los aficionados al Liverpool, sino en todos los amantes al fútbol que identifican en su sempiterna sonrisa una inspiradora forma de concebir la vida. Porque, desgraciadamente, Jürgen Klopp no es un tipo normal. Aunque él lo diga.

Foto de portada: Focus Images Ltd.

Related posts

Deja un comentario

*