Roberto y Brendan, capítulo siguiente

Roberto Martinez manager of Everton on the touchline during the Barclays Premier League match against Liverpool at Goodison Park, Liverpool.
Picture by Michael Sedgwick/Focus Images Ltd +44 7900 363072
04/10/2015

Roberto Martínez y Brendan Rodgers ascendieron al Swansea; el primero lo hizo de la League One a la Championship (2008) y el segundo de la Championship a la Premier (2011). Brendan Rodgers se convirtió en entrenador del Liverpool (2012) pocos días después de que Roberto Martínez rechazara la oferta de los reds; un año después, firmaría por el Everton, el otro equipo de la ciudad. Ayer, tras un derbi que los enfrentaba y que acabó empatado a uno, Brendan Rodgers fue destituido.

El Liverpool fichó a Rodgers atraído por la fama del Swansealona, ese conjunto galés con alma azulgrana que competía con el equipo de Guardiola por ser uno de los que más pases completaba en Europa. Leon Britton era Xavi Hernández si hacemos caso a las estadísticas que los equiparaban. La propiedad norteamericana instalada en Anfield no sólo contrataba a uno de los técnicos emergentes del fútbol británico: se llevaba a una promesa de diversión, a un manager que garantizaba entretener, y eso era mucho viniendo de la segunda etapa de Dalglish, la brevísima de Roy Hodgson y los últimos años de Benítez.

Brendan Rodgers, durante su último partido en el cargo. (Foto: Focus Images Ltd).
Brendan Rodgers, durante su último partido en el cargo. (Foto: Focus Images Ltd).

Brendan Rodgers era, sin embargo, una mezcla de aprendizajes distintos. Había trabajado en el Chelsea en la primera época de José Mourinho, pero después se marchó unas semanas a estudiar los métodos de Manuel Pellegrini en el Villarreal y reprodujo luego sus ejercicios pretendiendo que sus equipos jugaran como el submarino. Se declaraba ante sus jugadores profundo admirador del Barcelona, aunque públicamente repetía siempre cuánto había aprendido con Mourinho. El portugués declaró que el Liverpool había acertado al contratarlo, y él pronto se lanzó a fichar jugadores españoles para darle ese toque hispano a su nuevo equipo (algo que en Swansea había heredado de la época de Martínez y que le había funcionado muy bien). Brendan, que habla un muy buen castellano, resultaba muy convincente en el cara a cara. Steven Gerrard lo definió como “el mejor gestor del trato individual entrenador-jugador que he conocido”, confirmando la etiqueta de “seductor irlandés” con la que lo definen aquellos que lo han tratado unas cuantas veces.

Rodgers se llevó a Liverpool a Joe Allen, la otra pieza clave de su línea medular en el Swansea (un chico al que Roberto Martínez había hecho debutar en el primer equipo con 16 años). Cuando llegó a Gales, Brendan no estaba demasiado convencido de que un centrocampista tan frágil (1.67 centímetros, 61 kilos) pudiera llevar el peso de un conjunto de la muy física segunda división inglesa. Allen, que empezó como suplente las cinco primeras jornadas del reinado de Rodgers en el Liberty Stadium, le fue convenciendo poco a poco, hasta el punto de acompañarlo en el viaje a Anfield dos años después. Allí, el camino fue el inverso. El internacional galés pasó de indiscutible -de guardián del estilo swansealoníco- a prescindible -las lesiones tampoco le ayudaron-. Aunque había jugado a un nivel impresionante con el propio Rodgers en la Premier, fue uno de los señalados cuando las cosas se empezaron a poner feas.

Joe Allen no fue nunca en el Liverpool el mismo jugador que era en el Swansea. (Foto: Focus Images Ltd).
Joe Allen no fue nunca en el Liverpool el mismo jugador que era en el Swansea. (Foto: Focus Images Ltd).

Brendan llegó a Anfield con unos postulados radicales y mandó cedido a Andy Carroll porque no quería “un nueve estático al que buscar en largo”. Su primer año fue discreto, y en el segundo su equipo estuvo a punto de ganar la Premier y encandiló a Europa entera explotando la verticalidad de Luis Suárez, Daniel Sturridge y Raheem Sterling. Los mejores encuentros los jugó al contragolpe: cuando destrozó al Tottenham en el Lane (0-5), al Arsenal (5-1) y al Everton (4-0) en Anfield o al Manchester United en Old Trafford (0-3). Después del resbalón de Gerrard que evitó que se convirtiera en una leyenda del banquillo red, Rodgers criticó el planteamiento de Mourinho en aquella funesta tarde en la que perdió la Premier acusándolo de aparcar el autobús delante de la portería.

Suárez se marchó y todo empezó a costar mucho más. Los partidos ante rivales encerrados se atascaban el doble, y los contragolpes ante adversarios alegres -con Sturridge encima lesionado- dejaron de ser tan letales. Brendan empezó a probar esquemas nuevos, y en un principio pareció funcionarle el de los tres centrales siendo Emre Can uno de ellos. A Sterling, sin embargo, no le convenció demasiado el nuevo Liverpool, y sabiendo que Gerrard se marchaba a final de temporada, anunció su intención de fichar “por un equipo Champions”. Tras la destitución de sus asistentes en verano, el técnico norirlandés quedó debilitado y buscó salvar su cargo con decisiones extrañas y cambiantes (Joe Gomez de lateral izquierdo, Danny Ings actuando en la banda…).

Fichajes como el de Roberto Firmino por 41 millones de euros situaron a Rodgers en una posición comprometida. (Focus Images Ltd).
Fichajes como el de Roberto Firmino por 41 millones de euros situaron a Rodgers en una posición comprometida. (Focus Images Ltd).

A Rodgers lo han acabado condenando los resultados –los empates en casa ante el Carlisle y el Sion hicieron mucho daño-, la indefinición de su fútbol desde la marcha del uruguayo y una política de fichajes que consistió en invertir el dinero de las grandes ventas en varios futbolistas que no han rendido como se esperaba y cuyo precio se consideró muy por encima de su valor real (Benteke 46 millones de euros, Firmino 41, Lallana 31, Lovren 25, Markovic 25, Balotelli 20, Clyne 18…). “No acepté la oferta hasta que no me garantizaron que tendría el poder absoluto”, afirmó Rodgers en una entrevista tras fichar por el Liverpool, como haciendo querer ver que había convencido a los propietarios para que abandonaran la idea de una estructura de responsabilidad compartida entre tres altos cargos -la que llevó a Martínez a decir “no”-. En realidad no fue exactamente así, pero, tras declarar por activa y por pasiva que todas las decisiones pasaban por él, ahora Brendan no podrá escudarse en ese organigrama de tres cabezas para justificar el desacierto en el mercado de fichajes.

Foto de portada: Focus Images Ltd.

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