Gabriel y Diego Costa

Gabriel y Diego Costa. Foto de Alan Stanford/Focus Images Ltd.

El ChelseaArsenal transcurría en equilibrio hasta que se produjo la expulsión del central visitante Gabriel Paulista. Un gol, un cambio táctico o una sustitución a menudo sirven para variar el transcurso de un encuentro. En este caso el desequilibrio se produjo a partir de tarjeta roja directa mostrada por Mike Dean al central brasileño.

La jugada no deja indiferente a nadie. Primero Diego Costa forcejea con Laurent Koscielny dentro del área. Ambos se agarran y el internacional español extiende el brazo en dos ocasiones impactando con su mano en la cara del francés. La maniobra, lejos de parecer fortuita, se explica a partir de la forma en la que el ‘9’ blue entiende el juego: aprovecha todos los resquicios legales -hasta que la FA se pronuncie la acción no conlleva castigo- para maximizar su beneficio individual y el de su equipo. Es lícito. Analizarlo desde un punto de vista ético nos trasladaría a un debate profundo e interminable. Costa, pícaro, sabe sacar de punto a los rivales porque maneja con acierto los límites de su excitación. Del mismo modo que Wayne Rooney goza de permisividad arbitral para discutir las decisiones de los colegiados, Diego conoce su ventaja: en el contacto continuo entre defensa y delantero el primero siempre lleva las de perder y su carácter especial a menudo sirve de disculpa para relativizar su discutible comportamiento sobre el césped.

Mike Dean amonesta a Diego Costa. Foto de Alan Stanford/Focus Images Ltd.
Mike Dean amonesta a Diego Costa. Foto de Alan Stanford/Focus Images Ltd.

Gabriel es el tercero en discordia en este rebumbio y también el que sale peor parado: se entromete en la acción entre central y punta para defender a su compañero, pues segundos antes Costa y Koscielny se habían encarado y Laurent acabó por el suelo desequilibrado tras el contacto pecho con pecho entre ambos, y acaba siendo amonestado por Dean. El colegiado inglés valoró la situación y de forma inexplicable Costa y Gabriel recibieron el mismo castigo: tarjeta amarilla. El brasileño tiene sangre caliente y entró en escena con agresividad. Es evidente que cae en la trampa al dejarse enredar por las artimañas de Costa y lo más reprobable reside en no conseguir bajar las pulsaciones a tiempo: en el camino hacia el centro del campo cuando se iba a reanudar el juego pisa intencionadamente al delantero del Chelsea y acto seguido se forma un corrillo alrededor del colegiado. Dean consulta a su asistente y Gabriel es expulsado dejando al Arsenal con un hombre menos durante más de 45 minutos.

El desenlace final, 2-0, se intuía a partir de este hecho y de los problemas físicos de Francis Coquelin, sustituido en el descanso después de sentir molestias en su rodilla derecha al realizar un mal apoyo. A los gunners nadie les devolverá la posibilidad de afrontar de igual a igual el duelo en Stamford Bridge, pero la sensación es que han encontrado el central contundente, rápido y con carácter que llevaban buscando desde hace años. Gabriel aprenderá del error: contra Diego Costa hay que estar rápido de piernas y lento de cabeza. Si no pones frenos, siempre se aprovecha. Guste más o guste menos, es muy hábil.

Foto de portada: Focus Images Ltd.

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