Cómo fue la etapa de Villas-Boas en el Chelsea

(Foto: http://www.thesportreview.com/)

El 22 de junio de 2011 fue anunciada la contratación de André Villas-Boas como nuevo entrenador del Chelsea después de una operación cifrada en unas cifras más propias de un futbolista que de un técnico: Roman Abramovich pagó al Oporto la cláusula de rescisión de 15 millones de euros. La apuesta del propietario ruso era clara y el joven entrenador portugués aterrizaba en Stamford Bridge con un propósito, el mismo que existía en las altas esferas del club: renovar y rejuvenecer la plantilla.

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Episodio 1: savia nueva

Roman Abramovich, que en el mes de mayo había destituido a Carlo Ancelotti, encarga a Villas-Boas la misión de realizar una suerte de revolución en la plantilla del Chelsea, de tal forma que rostros que llevaban años en el equipo diesen paso a nuevas incorporaciones, que llegaban con hambre de títulos y éxitos. La Champions League es la gran obsesión, en aquel momento, de Abramovich. El Chelsea gasta 30 millones de euros en la liga belga en dos jugadores de 18 y 19 años (Lukaku y Courtois), 28 M € en Juan Mata o más de 10 M € en Raul Meireles, a los que hay que sumar los cerca de 85 M € pagados en enero por Fernando Torres y David Luiz. Desde enero hasta agosto de 2011 el gasto en fichajes del club de Stamford Bridge asciende a casi 170 millones de euros, más 15 por la cláusula de AVB.

Las ideas del proyecto quedan definidas en verano y, según estas, la etapa de Ashley Cole, John Terry, Didier Drogba o Frank Lampard se aproxima a su fin. Además, el equipo debe modificar su estilo de juego. Esa intención la expresaba el técnico luso tanto en público como en privado. Valoraba mucho la forma de alcanzar la victoria y quería romper, en cierto modo, con el estilo de fútbol que había presenciado la grada de Stamford Bridge en años anteriores.

Fernando Torres, por ejemplo, es titular en cinco de los seis primeros partidos oficiales. El curso no empieza mal para el equipo, que suma cuatro triunfos y un empate en el inicio, de forma que viaja a Old Trafford invicto. Había transcurrido poco más de un mes y difícilmente podía imaginar André Villas-Boas que Manchester empezaría a marcar su futuro. Su escuadra es superada por el United, que se marcha al túnel de vestuarios con un 3-0 a favor. El resultado es doloroso y AVB toma en el vestuario su primera decisión drástica: Frank Lampard es sustituido en el descanso, una decisión polémica de puertas para fuera…y de puertas para dentro. Muchos de los futbolistas blues no dan crédito a lo sucedido y apoyan a su capitán en los días posteriores. Ni se imaginan lo que les depara el futuro y la severa decisión que tomará André un par de meses más tarde y que hará estallar al grupo.

 

Episodio 2: primer bache y vuelta a la ‘vieja guardia’

Una visita del Arsenal, poco antes de concluir el mes de octubre, hace que los resultados empiecen a torcerse en el Chelsea. El equipo manifiesta unas lagunas defensivas inesperadas y recibe cinco goles por parte de la escuadra dirigida por Arsène Wenger ese sábado. El día después, un domingo, la tensión se vuelve a sentir en la ciudad deportiva de Cobham. En el club le habían hecho saber en verano que Fernando Torres, por el que Roman Abramovich había desembolsado 57 millones de euros en enero, era el ‘9’ y Didier Drogba su suplente. Sin embargo, tras la goleada encajada ante el Arsenal, el delantero español desaparece de los planes de AVB y es el marfileño quien ejerce de forma habitual como titular en los meses de noviembre y diciembre.

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Episodio 3: Alex y Anelka son apartados del equipo

Villas-Boas pretende dar un golpe de efecto, quiere dar ese golpe de autoridad que él entendía como necesario, pero que será visto dentro del vestuario como un desaire desproporcionado. El central brasileño Alex y el delantero francés Nicolas Anelka son apartados del equipo por su entrenador. Ambos pasan a entrenar con el equipo filial [el denominado ‘Reservas’] e incluso se les prohíbe la entrada al vestuario, de forma que han de cambiarse en el vestuario de la cantera. Así sufre un giro crucial esta historia, que el portugués argumenta explicando que esos dos futbolistas estaban negociando con otros clubes y no tenían la cabeza puesta en el Chelsea. Lo cierto es que ninguno de los dos estaba teniendo minutos y el club londinense ya había puesto en el mercado, sin éxito, a Anelka en verano.

Lo que consigue, sin embargo, es seguir enturbiando las relaciones con el vestuario, donde esta vez nadie entiende -ni un grupo (los veteranos afines a Alex y Anelka), ni el otro (el compuesto por David Luiz, Ramires, Meireles, Mata, Torres, Romeu y cía)- que sacrifique con esas formas al brasileño y al galo. El grupo cuestiona los procedimientos de AVB y gran parte del vestuario ya no cree en sus métodos, a pesar de que no habían transcurrido ni cuatro meses desde el inicio de la competición. Las consecuencias de apartar a Alex y a Anelka será lo que termine sentenciando a Villas-Boas, como comprobará Abramovich en febrero.

(Foto: micheldf)
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Episodio 4: la desunión del vestuario es total y se evidencia públicamente

26 de diciembre, Boxing Day. El Fulham empata en Stamford Bridge y el Chelsea se aleja ya a once puntos del liderato. Los problemas internos ya no se quedaban de puertas para dentro, sino que empezarían a evidenciarse públicamente. El entrenador del equipo asegura en rueda de prensa que “no quiere crear falsas expectativas”. “Quizás la Premier se ha acabado para nosotros, hay que ser realistas”, concluye. No tarda en producirse la réplica de uno de los pesos pesados del vestuario, como es Frank Lampard, que manifiesta su discrepancia, igual que hace John Terry, que promete que no se rendirán mientras sea “matemáticamente posible” ganar o pelear por la liga.

El cruce de declaraciones será todavía más delicado unos días después, cuando David Luiz, uno de los únicos apoyos que mantenía el entrenador dentro del grupo, insta en una entrevista en ‘O Jogo’ a Lampard a escuchar y a obedecer las instrucciones de su técnico y le recuerda que ningún jugador debe olvidar que son tan solo empleados del club.

 

Episodio 5: Villas-Boas, sentenciado

A principios de febrero el Chelsea estaba venciendo cómodamente por 3-0 al Manchester United en lo que parecía un duelo resuelto y casi sentenciado, pero el equipo fue incapaz de defender esa ventaja en la segunda parte y el Manchester United acabaría situando el 3-3 en el marcador. Las sensaciones del conjunto blue en esa segunda mitad hicieron reaccionar a Roman Abramovich, quien no es ni mucho menos un habitual de las sesiones de entrenamiento de Cobham. Sin embargo, en los días posteriores acudió varias veces a ver entrenar al equipo, a hablar con el entrenador y a formular una reunión en Cobham con los futbolistas. Allí asistió el ruso para ver qué pasaba, cómo estaba la situación y a interesarse en lo que había. Comprobó que los jugadores no respaldaban a Villas-Boas, que muy pocos tenían una relación fluida con él, que cada uno iba por su cuenta y que aquel panorama ya era harto complicado de reconducir.

En la decisión del día 4 de marzo de destituir al portugués pesa tanto o más la realidad que comprueba Abramovich en el vestuario como los resultados (peligraba la cuarta plaza en la Premier y habían perdido 3-1 en Nápoles en la ida de octavos de final de Champions). El vestuario se le había ido completamente de las manos, algo en lo que tuvo mucho que ver el episodio con Alex y Anelka, así como posicionarse primero con el “grupo joven” y luego entregarse a los veteranos cuando veía peligrar su puesto y necesitaba salir del bache de resultados. La comunicación entre el técnico y los futbolistas durante sus últimas semanas en el cargo era casi una quimera. Ni estaba con unos, ni estaba con otros y, al final, enfadó a todos, salvo contadas excepciones como David Luiz, quizás el único -o uno de los pocos- en quien se pudo apoyar AVB en todo momento. En noviembre de 2011 declaró que Luiz sería el mejor central del mundo en un plazo de dos años. Quizás se equivocó.

A André Villas-Boas, según explicaba, le habían prometido tres años para completar su trabajo. Pero los resultados y especialmente el ambiente en el vestuario dejaban tanto que desear, que Roman Abramovich cortó por lo sano. “Right man at the wrong time”, pensó más de uno. Casi nadie podía imaginar que ganarían la Champions tan solo dos meses y medio después.

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2 comments

Una buena gestión de los egos del vestuario es tan importante como una buena preparación táctica. Lástima que lo aprendiera por las malas.

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