Deadline crisis

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Los traductores están prohibidos en Newcastle. Alan Pardew cuenta en su plantilla con 13 futbolistas francófonos pero no quiere que este sea el lenguaje del terreno de juego. Los jugadores están obligados a ir tres veces por semana a clases de inglés, para entre otras cosas saber que cuando sus seguidores cantan a la directiva ”spend some f***** money”, como hicieran hace un par de semanas en el Etihad Stadium, es que no están muy satisfechos con lo que ven sobre el césped.

A riesgo de que hubiera alguna confusión con un cántico demasiado elaborado, al francés Yohan Cabaye, posiblemente el mejor futbolista del equipo, se lo ofrecieron en un sonido internacional: ”Boooooo”.

Cabaye ha sido abucheado en Sant James’ Park cuando entraba a jugar en la segunda mitad unos minutos contra el Fulham. Hay quien, como los fans del Manchester United, aplauden a Wayne Rooney pese a sus desplantes con el ánimo de que se quede. Le miman cuando seguramente no lo merezca. Otros, como los del Newcastle, una de las aficiones más especiales de la Premier, que anima noventa minutos aunque le estén cayendo cuatro goles. Seguramente no es la fórmula más efectiva para convencerle de que no se marche al Arsenal. Como tampoco se sentiría muy querido el francés cuando este verano Joe Kinnear, director deportivo del club, un personaje poco querido entre la afición, siendo ”poco querido” un atenuante, se refirió a la estrella de su vestuario en una entrevista de radio como: ”Yohan Kebab”.

A Cabaye no le perdonan que el Arsenal le quiera. Y no le perdonan que no jugara los primeros partidos de la temporada, aunque aquí entre en consideración Alan Pardew, que es quién creyó que el futbolista no estaba mentalmente preparado, porque una oferta la noche antes de jugar era mala. Y una lesión cuando quieres vender, peor.

Pardew ha sido uno de los protagonistas de un debate muy interesante que se ha mantenido estos díás en Inglaterra: el día de cierre de mercado. Pardew, junto con Michael Laudrup y Roberto Martínez, entre otros, consideran que los traspasos deberían estar todos hechos antes del inicio de la competición. A Manuel Pellegrini ni le va ni le viene, considera que 3 meses de posibilidades son suficientes, él fue previsor y se gastó los 90 millones de libras con alegría. Para José Mourinho es un elemento más con el que jugar al Mentalista. Quiso desestabilizar a Wayne Rooney hasta después del Manchester United – Chelsea, quién sabe si con pretención real de conseguir el fichaje o conociendo que iba a ser imposible. Y para David Moyes, bueno, cuando lea esto David Moyes, no querrá que acabemos la frase. Con lo que le está costando el asunto y nosotros considerando la posibilidad de quitarle días hábiles.

Que se puedan efectuar traspasos una vez comenzada la liga es una pista notable. En positivo, los managers pueden diagnosticar mejor qué pieza les falta o cual no encaja. El Manchester City, por ejemplo, sabe hoy mejor que ayer que no va sobrado de centrales de garantías. Pero a la vez es una situación un poco injusta para los clubes que han hecho los deberes antes, que tienen todo arreglado y que ahora, a 48 horas del cierre, les quieren quitar a su pieza básica.

Cabaye, si no se marcha, tiene ahora una papeleta complicada: recuperar el cariño de las urracas. Puede que no sea tan imposible, después de su primera victoria de la temporada el ánimo es distinto. Ganaron al Fulham, 1 a 0, con gol de Hatem Ben Arfa. Puede que encontraran la fórmula del disparo. Antes del partido de ayer sólo llevaban uno entre los tres postes. Esto sí que es digno de abucheo.

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