297 días

Claudio Ranieri, manager of Leicester City, has been sacked by the club nine months after winning the Premier League. 
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23/02/2017

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Leicester City manager Claudio Ranieri before the UEFA Champions League match at Ramon Sanchez Pizjuan Stadium, Seville
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22/02/2017

Aunque en ese momento no queríamos asumirlo, quizás el final de la historia se escribió el pasado mes de mayo. Quizás no había nada más que rascar, ni más punta que sacar a un relato que hasta ese momento era perfecto. El pequeño club que había desafiado a los grandes en una temporada inverosímil en el que todos los favoritos pincharon había inscrito su nombre en los anales de la historia al ganar un título que nadie esperaba, liderando la tabla prácticamente desde el primer día hasta el último para la sorpresa de los más incrédulos. Esos once jugadores que todo el mundo podía recitar de memoria y que parecieron invencibles durante nueve meses, poseídos por el don de la inspiración, inmunes a las lesiones y a las malas rachas, tan rebosantes de confianza que habrían seguido ganando partidos de Premier de carrerilla incluso con los ojos vendados, había protagonizado una de las historias más bellas del siglo XXI. Quizás era tan bonita que no queríamos que se acabara y por eso esperábamos una segunda parte, conscientes de que no podía mantenerse a la altura de la primera, pero que depararía nuevas emociones con un elenco de actores más amplio para brillar en las noches estrelladas.

La crítica señaló al entrañable entrenador italiano como una de las claves del éxito, como un líder capaz de cohesionar a un vestuario dubitativo tras una pretemporada llena de turbulencias a nivel institucional. Sin embargo, 297 días después de enviar a imprenta el cuento más bonito de las últimas décadas en el fútbol inglés el Leicester ha cortado la cabeza de Claudio Ranieri. A pesar de contar con prácticamente la misma plantilla que ese primer lunes de mayo en el que todo el equipo se reunió en la casa de Jamie Vardy para ver un Chelsea-Tottenham que derivaría en la fiesta de sus vidas, todo ha cambiado. Donde antes rezumaba la confianza, ahora hay dudas. Incertidumbre. Desconfianza. Los resultados deportivos son el principal indicador de que con el toque de las campanas la carroza se convirtió en una calabaza que surca a la deriva por las bravas y despiadadas aguas de la Premier y la Champions League.

A Claudio Ranieri no le gustó lo que vio desde la banda. Foto: Michael Sedgwick/Focus Images Ltd.
Ranieri ya no es el entrenador del Leicester. Foto: Focus Images Ltd.

A un punto de la zona de descenso y a dos del farolillo rojo, el Leicester se hunde como un cuerpo arrojado al mar atado a decenas de piedras que aceleran su caída, sin saber si aún falta mucho para tocar fondo. El club ha cortado uno de los hilos a ciegas y solo el tiempo dirá si esta medida ralentizará la velocidad de la caída o la acelerará incluso más. Hay muchos intangibles que son difíciles de ponderar desde fuera y atreverse a valorar ciertos aspectos es aventurarse demasiado en senderos desconocidos, como son las relaciones personales entre los integrantes de un grupo. Sorprende que la destitución llegue tras la derrota en Sevilla en la Champions, en un partido cuyo resultado fue ostensiblemente mejor que el fútbol ofrecido por el campeón inglés, pero no tanto el destino de Ranieri. Como en cualquier otro club de fútbol, en Leicester la ratificación del entrenador por los canales oficiales también es el preludio a su destitución. Si el 7 de febrero se anunció que existía plena confianza en el italiano, el 23 del mismo mes se agotó la paciencia de los dirigentes.

Desde que el Leicester certificó el pase a los octavos de la Champions a finales de noviembre solo ha cosechado cuatro victorias. En los últimos tres meses únicamente ha ganado dos partidos ligueros, en un baño de realidad demasiado duro tanto para los Foxes como para los propios integrantes de la plantilla. Tanto para los que llegaron en verano –pensando más en el olor del césped en las noches de Champions que en el barro de la lucha por la permanencia- como para los que se han topado de bruces con que les han despertado del sueño con un cubo de agua procedente del Océano Antártico.

La vigente situación del Leicester levanta interrogantes de compleja respuesta. ¿Merece el entrenador que les hizo vivir el mejor año de su existencia la oportunidad de decidir cuándo debe abandonar el club? ¿Hasta qué punto la hazaña del año pasado convierte en inmune a la figura del entrenador cuando es evidente que un equipo va a la deriva tras sumar 9 de los últimos 45 puntos en liga, sin visos de mejoría a la vista? ¿Es el cambio de entrenador la única manera de evitar un cataclismo? ¿Hasta qué punto la obsesión por los resultados a corto plazo consume entrenadores a un ritmo insostenible que no permite construir proyectos largoplacistas? ¿Es la destitución de Ranieri la última evidencia de que el Leicester es un equipo como todos los demás? ¿Qué autoridad tenemos los observadores externos para juzgar la justicia y correción moral de esta decisión? Quizás la alegría del título y la angustia por la supervivencia no sean más que las dos caras de una misma moneda y Claudio Ranieri nos recuerde que por mucho que cueste alcanzar la gloria, la línea que separa el éxito del fracaso sigue siendo mucho más fina de lo que parece.

Roberto Martinez manager of Everton greets Claudio Ranieri manager of Leicester City before the Barclays Premier League match at Goodison Park, Liverpool. Picture by Michael Sedgwick/Focus Images Ltd +44 7900 363072 19/12/2015
En 297 días, Claudio Ranieri ha pasado de celebrar al título a ser despedido. Foto: Focus Images Ltd.
Foto de portada: Focus Images Ltd.

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4 comments

Por el momento estan vivos en Champions y fuera del descenso, yo no lo hubiera despedido, con esta destitucion creo que estan tirando la Champions para enfocarse en la permanencia.

Un símbolo de los tiempos actuales de esta otrora gran liga… donde antes había paciencia, pasión por el juego y nobleza, ahora sólo hay dinero, urgencias, mercantilismo… una pena en lo que se está convirtiendo (si no se ha convertido ya) la Premier League. A pesar de todo el marketing que lleva a millones de aficionados a seguirla, está perdiendo todo eso que la hacía tan única.

Lo echan por la mala relación con la plantilla según se comenta, le han hecho la mítica cama. Una pena que se haya destrozado tanto la relación con los jugadores, por lo visto todo el tema de Ulloa fue la clave

Decisiones como la que acaba de tomar el Leicester City con Ranieri demuestran lo ingrato y lo injusto que es el fútbol. Para mi es un error porque no creo que la directiva del Leicester City vaya a encontrar ahora un entrenador que sea mejor que él.

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