El argumento primario

FIL ARSENAL MANCITY 18

En el entierro del Arsenal, Flamini decidió abrir la caja y resultó que el muerto no lo estaba. O al menos aún no, porque el golpe de gracia lo tendrá el Wigan en unas semifinales de FA Cup a las que todo simpatizante gunner debería acudir de negro, por lo que pueda pasar. Peleando por la cuarta plaza con los errores de siempre y las virtudes, pocas, características, Wenger se expone a que el pueblo que otrora lo veneró como inventor de las erecciones más rápidas de la historia de la Premier League, siempre terminadas con un dulce beso del 14 francés, exija su sacrificio para evitar que un equipo decadente y decrépito pierda la poca gasolina que le queda y se esparza en forma de ceniza por el Emirates. Apoyado por los estamentos más importantes del club, Arsène pone como requisito el respaldo del aficionado para ponerle tinta a su compromiso moral. Y el aficionado, claro está, tiene miedo a que el postwengerismo sea un golpe de castigo más en esta andadura por el desierto que amagaba con el oasis de pelear la liga y va a terminar en la búsqueda de un revólver para evitar el sufrimiento. El revólver, por supuesto, también lo tendrá que buscar Flamini -si no lo hace él, ¿quién?- que ha pasado de conserje del centro del campo a leyenda por poquito más que ser un futbolista lo suficientemente inteligente como para saber que todo sufrimiento tiene un límite y éste a algunos nos ha dejado marcas para toda la vida.

No sé en que parte de esta historia 
perdí el argumento primario. 
No sé qué cojones me agobia. 
Voy según dice el calendario. 

Vuelve a llegar la primavera 
y me molesta el sol. 
Alma que nunca se deshiela 
Y se queja del calor. 

Y otra vez. 
Una y otra vez. 
Otra vez. 
Una y otra vez. 

Otra vez 
me siento ligero. 
Sin querer 
me escapo del suelo. 

ANÁLISIS DEL ARSENAL-MANCHESTER CITY

Arsenal v Sunderland Barclays Premier League

Otros tiempos. Foto: Focus Images Ltd

Al Arsenal lo mató el médico, dicen. Las lesiones, los dolores, las molestias o un sinfín de casualidades periódicamente repetidas capaces de unir brujería e incapacidad en un perfecto combo bañado de ligamentos rotos y muñecas con alfileres clavados. Los plazos no se cumplen, la energía decae, las pulsaciones se sienten cada vez más espaciadas y en una semana vuelve a entrenar Diaby, como el que se va de vacaciones en agosto y al volver a casa respira aliviado porque todo está en su sitio. Sí, Diaby, todo está en su sitio: la enésima temporada luchando por conseguir el cuarto escalón que da acceso a sufrir en bañador mientras te juegas la sostenibilidad económica en algún campo complicado ante un rival atiborrado de ganas por hacerte morder el polvo, sin nada que perder. Y al final lo acabarás mordiendo. Todo eso, evidentemente, si a Roberto Martínez no le salen las cábalas; si el Everton se pone tontorrón y cuadra los números, el Arsenal está en predisposición de viajar por la Europa más excitante pero menos golosa, lo que supondría un golpe durísimo a la cuenta corriente del club. Demasiados moratones en el horizonte en meses de calculadora. Demasiadas veces al borde del precipicio. Otra vez, una y otra vez, otra vez, una y otra vez.

Sufro locura transitoria.
Bajo a la Tierra y cruzo
la línea divisoria
que separa en esta historia
la locura y la razón.

Tieso.
Yo sigo todo tieso
la misma trayectoria
y no entiendo
por qué estás cada vez más lejos.

Extremoduro, Locura transitoria.

Flamini trata de acercar el presente al pasado sin bajar los brazos. Sigue luchando solo: ha llegado la primavera y al Arsenal le molesta el sol.

Foto de portada: Focus Images Ltd

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5 comments

Sí, puede ser que el Wigan gane, también puede ser que Everton logre la cuarta plaza (tiene los puntos, tiene un partido menos, tiene que jugar con nosotros). Pero mientras -y aún cuando se vuelva realidad próximamente- soy como Flamini, y después también.
Quizás el desastre sea bueno para poder cambiar, no vamos a pensar que todo lo que pueda venir a futuro es malo, si bien creo que por más que se diga ese contrato de Wenger ya está firmado (también me puedo equivocar en esta apreciación).
Si al club le supone un golpe duro lo de perderse Champions, a poner las barbas en remojo porque era una situación que no iba a mantenerse eternamente y quiero suponer que lo sabían.
No estoy muy de acuerdo en lo de “decadente y decrépito” pero respeto las opiniones ajenas 😉
Al borde del precipicio se puede saltar … o no.
Gracias por tus artículos, siempre son muy buenos.

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