El viento de Stoke

Norwich City v Stoke City.Barclays Premier League

La primera entrada a la altura de la rodilla la recibí antes de llegar a Stoke. El tren se aproximaba a la estación de Stoke-on-Trent y yo me había quedado de pie, entre vagón y vagón, sospechando que el tren al que me había subido de un salto media hora antes en Manchester Picadilly, sin mirar la compañia, a lo loco, apenas vi que estaba a punto de salir y me lancé a la heróica, era el válido según el billete que había comprado. Evidentemente, no lo era. El revisor al que había temido durante un buen rato se presentó delante de mí y se deslizó por el suelo del vagón con los tacos en alto, como lo hubiera hecho el mismo Robert Huth sobre el césped del Britannia Stadium. Había que comprar otro billete. 14,70 pounds. Tarjeta amarilla.

Stoke, en realidad, tiene síntomas de cambio. Resulta que esta temporada quieren tener el balón. Así lo repite Mark Hughes cada dos por tres. Y ha calado en los ciudadanos. La policía local reparte juego con maestría, indicando a los aficionados visitantes los bares en los que pueden emborracharse sin tener problemas con los autóctonos. A mí me aconsejaron cómo llegar al estadio. Derecha, pasar un puente por arriba, pasar otro por abajo -en este Peter Crouch tiene que agacharse-, y unos prometidos 20 minutos de paseo junto al canal. Sonaba demasiado bien.

El paseo por el canal fue un pisotón de Shawcross en la punta del dedo gordo. Al principio piensas que no te ha tocado, las vistas son preciosas y el canal está bastante limpio, pero cuando sacas el pie de ahí abajo descubres que necesitas ir al quirófano, porque los veinte minutos en realidad son 45 y además ha empezado a llover. El estadio, que se vislumbraba desde la estación, ya no aparece por ningún sitio. Lo único que se oye es el sonido de los coches que transitan por la autopista.

Afortunadamente aparecieron en mi camino dos hombres con el chándal del Stoke y pude utilizar la vieja táctica de seguir al que sabe adónde va. Ahora sólo faltaba disfrutar del partido sin pensar en el viajecito de vuelta. El Stoke sólo había recibido 4 goles en los últimos 6 partidos en casa. El Southampton es la mejor defensa de la liga, solamente habían concedido 3 en 10 partidos. La apuesta más plausible era un 0 a 0 de manual, con el intento de cambio de estilo del Stoke y la presión ofensiva de los de Pochettino. Difícilmente iban a salir de ahí por abajo.

Segundo 13, le llega el balón al portero Asmir Begovic, chuta dirección Birmingham, el balón bota delante de Boruc, el viento lo anima a botar muy alto y ya está. El balón va a entrar. Que sí, que sí, ¡que entra! ¡Goooooool! El Stoke City no ha construido una jugada tan directa en su historia. Ni con Tony Pulis, ni con Rory Delap sacando de banda. Begovic y el viento de Stoke.

Norwich City v Stoke City.Barclays Premier League

Foto: Focus Images Ltd.

El viento de Stoke mueve las redes de las porterías durante 90 minutos, congela ideas, dedos y cualquier parte desprotegida del organismo humano, y ahora encima mete goles. Pero no los suficientes. El Southampton empató con gol de Jay Rodríguez y se llevó un punto. Mereció tres.

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2 comments

¡Me encaaaaanta! xD Gracias por la lectura. Todos los que hemos recibido una entrada a la rodilla por un revisor de tren estamos hermanados.

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