La hora de Morrison

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Ravel Morrison llegó a la concentración de pretemporada con una actitud muy extraña. Se negaba a beber agua de cualquier otra botella que no fueran las oficiales del club y el staff técnico no sabía muy bien qué pasaba con él. Un día faltó a uno de los entrenamientos que estaban teniendo lugar en Alemania: había cogido un vuelo de vuelta a Inglaterra porque tenían que extraerle de urgencia siete dientes. 28.000 libras costó el asunto, además de tener que llevar unos implantes dentales. El estado de su dentadura era horrible, tenía infecciones y dolores constantes que estaban afectando a su rendimiento. A la semana siguiente, Morrison firmó su cesión al Birmingham por una temporada.

Esto ocurrió hace poco más de 12 meses y Ravel, que es como le gusta que salga el nombre en su camiseta, todavía no pasa de los 20 años. Su infancia estuvo marcada por las dificultades de una familia en problemas y un barrio conflictivo al sur de Manchester. Entró pronto en las categorías inferiores del United, aunque Morrison estuvo más cerca de la cárcel que de su debut en la Premier League: constantes conflictos fuera del campo, juicios y agresiones. Lideró a una generación a ganar la FA Youth Cup compartiendo equipo con Pogba pero Ferguson, tras darle sólo unos minutitos sueltos en la Copa de la Liga, se cansó. Hace un año y medio lo vendió al West Ham porque consideraba que no merecía la pena el riesgo de tenerlo.

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(Foto: Focus Images Ltd)

El West Ham ascendió ese año y Morrison jugó 10 minutos desde enero hasta mayo. “Quiero tener minutos y si no es aquí acepto reducirme el salario para irme fuera”, le dijo a Sam Allardyce, su entrenador. Luego llegó el problema de sus dientes y, después, su llegada al Birmingham, equipo dirigido por Lee Clark, que asumió la responsabilidad de intentar dar continuidad a Morrison en su primera aventura en una primera plantilla: “Tenía 15 años cuando lo vi por primera vez jugando con el Manchester United. Era increíble, el mejor jugador joven que he visto jamás, así que cuando tuve la opción de conseguirlo cedido fui a por él. Para mí es el mejor futbolista que ha dado este país desde Paul Gascoigne“.

Se salió en el Birmingham.

Al terminar el curso volvió al West Ham con el objetivo de asentarse en el equipo y dejar atrás todos los problemas que le llevaron a salir del Manchester United cuando estaba etiquetado como el mejor canterano que había salido en Old Trafford desde Paul Scholes: los dos juegan en el centro del campo, aunque Morrison prefiere hacerlo un poco más adelantado, los dos son diestros, ninguno supera el 1’75 de altura y los dos, en sus buenas tardes, desmontan a un rival. Hace sólo unos días, Morrison tuiteó lo siguiente: “Soy un hombre cambiado. No me juzguéis por mi pasado. Respetadme por lo que soy ahora y por cómo he evolucionado”.

En la pasada ronda de Capital One Cup contra el Cheltenham le llegó su primera titularidad con el West Ham. Jugó los noventa minutos por delante del mediocentro con una trascendencia decisiva en el partido: recibió la falta que supuso el 1-0 y marcó el 2-0 tras varios recortes en la frontal del área. Fue nombrado MVP. En la primera jornada de liga estuvo en el banquillo, en la segunda jugó 15 minutos y en la tercera dispuso de media hora. Allardyce no puede esconderlo más: cada vez que saca a Ravel Morrison se evidencia que debe hacerlo más. Que dure.

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