Lampard: leyenda del Chelsea y paradigma de la constancia

Picture by Rob Fisher/Focus Images Ltd +44 7545 398891.09/02/2013.Frank Lampard of Chelsea celebrates their win over Wigan to fans, after the Barclays Premier League match at Stamford Bridge, London.

Para Frank Lampard, todo fue mucho más difícil. A priori no debía ser así: su padre, leyenda del West Ham y segundo entrenador de Harry Redknapp cuando él subió al primer equipo, parecía un activo a su favor en el desafío de instalarse en el fútbol profesional. Algunos entendieron que ese privilegio, en realidad, era la única razón por la que empezaba a tener oportunidades en la primera plantilla. Incluso el técnico tuvo que salir a defenderle en una reunión con aficionados del club, con él presente, desmintiendo que su apuesta se debiera a un favoritismo especial por cuestiones familiares -Harry era, además, cuñado de Frank padre y por lo tanto tío de Frank Jr.-. Abucheado por la grada de Upton Park –le veían indolente, más elegante que esforzado, alejado de los cánones que más atraían a una masa social fundamentalmente formada por integrantes de la clase obrera a pesar de la enorme tradición de fútbol asociativo que poseía el club-, acabó marchándose al Chelsea en 2001 por 11 millones de libras después de la salida de Redknapp y de su padre. La afición hammer vio aquella operación como una magnífica noticia: sin ellos en el banquillo, difícilmente iba a jugar. Después, cada visita de los blues al East End londinense nos dejó escenas que fueron magnificando la enemistad: pitos constantes, celebraciones llenas de rabia y la constatación de que la reconciliación era ya imposible. Lampard nació hammer y se retiró leyenda del Chelsea -hasta se le perdonó su cameo en el Manchester City en el epílogo de su carrera-.

Foto: Paul Terry/Focus Images Ltd.
Foto: Paul Terry/Focus Images Ltd.

Lampard, el centrocampista más goleador de la historia de la Premier League (177 tantos, sólo superado por los delanteros Alan Shearer, Wayne Rooney y Andy Cole) y el máximo anotador del Chelsea de todos los tiempos (211), ganó tres ligas, cuatro FA Cup, dos Copas de la Liga, una Champions League y una Europa League con la entidad londinense que lo acogió tras sus difíciles inicios. Pese a que siempre se le etiquetó como un especialista de la llegada de segunda línea, sus estadísticas como pasador son tan sobresalientes como las que tienen que ver con el acierto de cara a portería. Dio 173 asistencias de gol, una cifra sólo superada por Ryan Giggs en la historia de la Premier. Y mantuvo un tono constante, ajeno a las dinámicas y a los estados de forma cambiantes que caracterizan a la mayoría de futbolistas. Incluso en su declive fue capaz de aportar momentos de genialidad, como los dos pases al espacio que resultaron decisivos en la famosa eliminatoria que el Chelsea de Di Matteo le ganó al Barcelona el año en el que acabaría proclamándose campeón de Europa. Impresionó a todos sus entrenadores por su compromiso -Mourinho lo definió en su día como el futbolista más profesional que había conocido y Pellegrini, tras verle entrenar en lo que tenía que ser sólo una puesta a punto antes de marcharse a Nueva York, pidió de inmediato poder contar con él en Manchester City-. Incluso se convirtió en la referencia de lo que tenía que ser el centrocampista ideal para triunfar en Inglaterra para los técnicos rivales -Wenger dijo un día, hablando de Cesc Fàbregas, que el catalán ofrecía su mejor versión si podía estar “tanto en el inicio como en el final de las jugadas, como Lampard”-.

Lampard es el máximo goleador de la historia del Chelsea. Foto: Rob Fisher/Focus Images Ltd.
Lampard es el máximo goleador de la historia del Chelsea. Foto: Rob Fisher/Focus Images Ltd.

Siempre se pensó que su coincidencia en el tiempo con Steven Gerrard, lejos de ayudar a Inglaterra, acabó impidiendo que ambos ofrecieran su mejor versión con la selección. Las similitudes posicionales entre ambos -se sentían cómodos si no jugaban de mediocentros puros con la obligación de mantener una disciplina táctica que limitara su vuelo, pero al mismo tiempo necesitaban vivir por detrás de la media punta, llegando a posiciones de remate más que partiendo desde ellas- acabaron por coartar su libertad: buscaban los mismos espacios, tiraban desmarques idénticos, y ambos tenían demasiada jerarquía como para que los distintos seleccionadores se atrevieran a elegir. El debate sobre quién fue mejor se convirtió en la mayor discusión futbolística de toda una generación en Inglaterra. Lampard, siempre más cerebral, conquistó por norma general a un público más refinado y exquisito. Gerrard, más ligado a la épica de Anfield y a la identificación con una grada más apasionada y volcánica, le superó en sus puntos álgidos, pero siempre quedó por detrás en las carreras de fondo y en el largo plazo. A Lampard no le ganó nadie en la evaluación continua, y difícilmente va a nacer alguien capaz de superarle en ese campo alguna vez.

Frank Lampard of Chelsea with his children during the lap of honour after the Barclays Premier League match at Stamford Bridge, London Picture by Richard Calver/Focus Images Ltd +447792 981244 04/05/2014
Foto: Richard Calver/Focus Images Ltd.
Foto de portada: Rob Fisher/Focus Images Ltd.

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6 comments

Uno de esos jugadores que te hacen emocionarte y que se echa de menos desde hace ya un tiempo. Gran artículo, Áxel.

Gran artículo para un grandísimo jugador que junto a otros,han ido engrandeciendo la premier.Una pena que no tuviera más suerte con la selección Inglesa en grandes torneos.

Gran artículo Axel!

Me cuesta entender que una Selección con dos centrocampistas de talla mundial como Lampard y Gerrard no consiguiera nunca triunfar en los Europeos / Mundiales. Tampoco entiendo como ningún seleccionador supo ubicar a ambos para que se complementaran, porque bajo mi punto de vista, eran bastante complementarios.

Personalmente nunca supe decantarme entre el jugador del Liverpool o el del Chelsea. Los dos me motivaban mucho.

Decir que Gerrard “siempre quedó por detrás en las carreras de fondo y en el largo plazo.” de Lampard es manifiestamente discutible.

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