Las voces de Old Trafford

2013-08-26 17.08.31

El martes al mediodía una pareja donostiarra se paseaba por la tercera planta del museo de fútbol de Manchester. Habían venido con un día de antelación. La ciudad no se tiñó de txuri-urdin hasta el miércoles por la mañana, cuando los aficionados de la Real Sociedad invadieron las pequeñas calles del centro y acabaron irremediablemente en el Sinclair’s, probablemente el pub con más encanto de la ciudad. Hace esquina con Shambles Square y tiene una terraza coqueta que cuando sale un poquito el sol hipnotiza al caminante y lo convierte en consumidor. Allí se repitió la fotografía que se habían hecho los seguidores del Athletic Club en marzo de 2012. El martes, en el museo, un hombre le explicaba a su mujer quién había sido George Best, haciendo hincapié en sus problemas con la bebida y señalando con el dedo índice un Mini Cooper negro expuesto en la sala, que quién sabe cómo demonios habrían subido hasta allí. Era el último coche que condujo Best antes de su defunción en noviembre de 2005. El seguidor de la Real también preparó a su pareja para lo que venía al día siguiente, Old Trafford: “Leí en el periódico el otro día que veníamos 6.000. Les daremos guerra”.

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El escenario impone terriblemente. El temor a perderlo todo antes incluso de que empiece a rodar el balón está ahí, en unas gradas que se estiran hacia arriba para conformar el segundo campo con más capacidad del Reino Unido. Para un primerizo, sucumbir a una embestida de Wayne Rooney y ponerse por debajo en el primer minuto es lo más normal del mundo. El gol en propia puerta de Iñigo Martínez dejó seca a la afición donostiarra, que se recuperó unos minutos después y se hizo oír con continuidad durante el resto del partido. Los miembros más comprometidos de la expedición del club vasco, jugadores y técnicos, no pudieron contenerse. Una vez en los vestuarios, terminado el partido, cuando supieron que los 6.000 seguían ahí, en la parte más alta de la East End con el resto del estadio vacío, volvieron a salir al césped para contemplar algo único. Fue su momento.

Unas semanas antes un grupo de poco más de 2.000 alemanes del Bayer Leverkusen, situados detrás de la portería de la misma zona, barrieron a todos los cánticos locales que intentaron imponerse en el estadio. El Manchester United era consciente del problema. En los grandes partidos Old Trafford ruge sin descanso, pero en partidos de menos categoría y especialmente si el equipo no ofrece un espectáculo notable -como sucede actualmente-, la animación local decrece de forma dramática.

Durante la temporada pasada, en un Manchester United – Liverpool, los habitantes de la Stretford End se quedaron sin voz animando a los suyos, como cada clásico de los últimos veinte años. No les oyó nadie. Los away fans del Liverpool habían producido niveles de ruido muchísimo más altos. El club reaccionó a las quejas de los aficionados y el pasado abril contrató a una empresa de expertos acústicos para determinar las zonas con mejor sonoridad del estadio. El informe de los expertos dictaminaba que la zona con mejor potencial era precisamente la que ocupaban los visitantes. El United lo vio fácil: “Les vamos a cambiar de sitio”. Pero no lo sería tanto. Por razones de seguridad varias, entre ellas porque tenían miedo de ponerlos en la Sir Alex Ferguson Stand y que a base de botar les flexionaran la estructura de la grada, a los away fans no se les podía mover.

“Una fuente del club revela que los seguidores de la Stretford End afirmaron haber hecho mucho ruido, pero que amigos suyos, ubicados en distintas partes del estadio, les dijeron que no les habían oído”. Manchester Evening News, abril de 2013.

Nos pensábamos que en Inglaterra el ambiente se daba por sentado, pero resulta que no es así. En agosto el club tomó finalmente una decisión: iban a crear una grada de animación y probarla en un partido estratégico en el que se esperase un volumen de aficionados visitantes muy elevados: la Real Sociedad. Un total de 1.400 red devils cambiaron su asiento habitual para juntarse en el Scoreboard End, uno de los córners del estadio, justo al lado de dónde suelen ubicarse los seguidores visitantes. En este caso los de la Real estarían en la segunda gradería, ellos en la primera, en una de las zonas recomendadas por la empresa encargada del asunto. Y funcionó.

Pese a la energía de los donostiarras, que les cuadruplicaban en número, la Singing Section se adueñó de la animación, cantándole a David Moyes, a Fergie Time, a Solksjaer, Cantona, Ronaldo… Hubo unos minutos durante la segunda parte cuando los cánticos hacia los futbolistas actuales fueron inexistentes. Su actuación en el césped no lo incentivaba.

“Ayudó. Cuando iba a los partidos de niño esta era la atmósfera. El Celtic de Glasgow ha organizado algo similar durante los últimos años y creo que realmente funciona. Algunos de los mejores estadios de Europa intimidan muchísimo y es así como queremos que sea Old Trafford”  David Moyes 

Estos días varios aficionados de otros clubes de la Premier League, como norma general anti United, se han reído del proyecto de la Singing Section porque el club ha recurrido a la animación con una maniobra forzada. Realmente es forzada. Pero si se establece ayudará a convertir Old Trafford en un estadio aún más imponente. Ahora lo necesitan mucho, porque a diferencia de otras temporadas el que no impone nada es el equipo. Parece que el único que lo interpretó de esta manera fue Jonny Evans, que fue el único futbolista que acabado el partido se dirigió a estos aficionados y les agradeció su apoyo.

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