El círculo de Claudio

Roberto Martinez manager of Everton greets Claudio Ranieri manager of Leicester City before the Barclays Premier League match at Goodison Park, Liverpool.
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19/12/2015

Este año me he acordado muchísimo de todos los periodistas que conocí en Grecia el pasado verano. Uno de ellos, si la memoria no me falla a la hora de recordar su nombre, era Michalis, que siempre me echó un cable en todo tipo de aspectos logísticos. En uno de mis primeros días en el país le pregunté por el estado de su selección nacional. La absoluta iba fatal, había despedido a su técnico, había perdido sus dos partidos contra las Islas Feroe y no iba a clasificarse para la primera Eurocopa de 24 selecciones. Era un equipo que venía de alcanzar los octavos del Mundial y que en cierta medida me transmitía que vivía del pasado. Charisteas, Zagorakis, Dellas, Goumas o Karagounis eran nombres presentes en las conversaciones y que servían para percibir cómo el país elevaba a los futbolistas que formaron parte de la hazaña de 2004 a una categoría de semidioses que difícilmente podía comparar con nada que conociera. “Han pasado muchas cosas”, se lamentaba Michalis, respondiendo a mis preguntas de forma escueta, casi brusca. No insistí más, aunque entre líneas era fácil leer que se trataba de un asunto estructural, que empezaba por la carencia de instalaciones de primer nivel y por la dificultad de producir futbolistas que relevaran a los héroes de 2004.

Una de esas causas era Claudio Ranieri, que fracasó en su periplo en la selección griega y fue despedido después de perder en casa ante las Islas Feroe, tras sumar un punto de los primeros doce posibles. Sin embargo, unos meses más tarde encontró equipo. Fichó por el Leicester y me acordé de mis amigos helenos. Me imaginé lo que pensarían: “¿Cómo puede ser que alguien apueste por él tan pronto, después de sus partidos con Grecia?” Tenía todo el sentido del mundo formularse esa pregunta, por otra parte. Y también debió pensar algo similar Ranieri, que aterrizó en Leicester con el claro objetivo de ganarse la confianza de sus futbolistas muy pronto. No debía ganarse el respeto, sino adaptarse a lo que ya tenía. Y ha terminado siendo la figura del padre al que todos adoran a partir de sus pequeños gestos, como las pizzas después de cada partido sin encajar, y todas su carismáticas declaraciones a lo largo de la temporada.

“Llegué en agosto y me puse a ver todos los partidos [del Leicester] de la temporada anterior. Vi que el equipo había hecho un fantástico final, corrían mucho. Cuando hablé con los jugadores me di cuenta de que tenían miedo a la táctica italiana. El fútbol de un entrenador italiano significa esto, táctica, tratar de controlar el partido siguiendo los esquemas e ideas del entrenador. Los jugadores no parecían convencidos. Les dije que yo confiaba en ellos, les hablaría poco sobre táctica. Lo importante para mí era que corriesen tanto como les había visto correr al final de la anterior temporada”.

Artículo relacionado: El éxito del Leicester explicado por Ranieri

Claudio Ranieri. Foto: Focus Images Ltd.
Claudio Ranieri ha ganado su primer título de liga. Foto: Focus Images Ltd.

Por eso, más que un exhaustivo trabajo táctico, el gran mérito de Ranieri reside en la gestión de un grupo al que nunca le ha entrado el vértigo. “Ya caerán”, pensábamos en septiembre. “Se les acabará el combustible”, repetíamos muchos en diciembre. Pero han ganado la liga, han derrotado a la mayoría de gigantes, han firmado grandes actuaciones, solo han perdido tres partidos y únicamente encadenaron dos encuentros seguidos de liga sin ganar entre diciembre y enero, cuando empataron a cero en casa ante Manchester City y Bournemouth. El Leicester ha sido la historia de un grupo de futbolistas que se ha creído capaz de ganar una liga en la que los grandes no han estado a la altura, cierto, pero en la que el equipo ha crecido a base de aplicar unas ideas muy simples. 4-4-2, equipo compacto en la medular, líneas juntas, pareja de centrales inexpugnable por arriba, centro del campo con enorme capacidad para realizar coberturas y robar balones, velocidad para desplegarse al contragolpe, la creatividad de un genio como Mahrez y la inspiración individual de casi todos sus futbolistas, que han realizado la temporada de sus vidas el mismo año.

“Quiero ganar la Premier League. No me importa cuándo”, dijo Ranieri en la sala de prensa de Old Trafford tras empatar el pasado domingo. Finalmente el título no llegó con el equipo jugando sobre el verde, sino con la plantilla reunida en casa de Vardy y Ranieri subido a un avión tras visitar a su madre, por lo que lo más probable es que al técnico italiano le vibre el móvil sin cesar cuando aterrice de nuevo en Inglaterra. Solo con eso sus labios ya dibujarán una sonrisa, pues la noticia será evidente. El destino le ha deparado un título otorgado por uno de sus exequipos, el Chelsea, un club donde de la mano de los primeros grandes fichajes de la era Abramovich empezó a sembrar el terreno para los éxitos que luego cosecharía Mourinho, el técnico con el que el Chelsea dio el paso definitivo para establecerse entre los grandes. Nadie podía imaginar que doce años después de su salida de la entidad londinense Ranieri celebraría una liga con un Leicester que había descendido al término de esa temporada 2003-04.

Leicester City manager Claudio Ranieri congratulates Jamie Vardy of Leicester City (left) and Wes Morgan of Leicester City (centre) after the Barclays Premier League match at the King Power Stadium, Leicester Picture by Andy Kearns/Focus Images Ltd 0781 864 4264 14/03/2016
Claudio Ranieri se ha ganado la confianza de sus jugadores desde el inicio. Foto: Focus Images Ltd.

Sin que nadie lo pudiese anticipar, el nombre de Claudio Ranieri ya forma parte de la historia del fútbol junto al de esos once futbolistas a los que todos nos sabemos de memoria: Schmeichel, Simpson, Huth, Morgan, Fuchs; Drinkwater, Kanté, Mahrez, Albrighton; Okazaki y Vardy, con los cameos destacados de Ulloa, Schlupp, Gray y Andy King. En las Midlands ya será considerado un héroe, seguramente un semidiós del que se contarán grandes gestas en el futuro. Incluso en esos sitios donde no dejó tan grato recuerdo. “¿Recuerdas que Ranieri fue incapaz de ganar un puto partido con Grecia?”, preguntaría Michalis en una sobremesa futbolística en el paseo marítimo de Salónica, seguramente apesadumbrado pensando por qué aquel entrenador que funcionó luego en el Leicester no encajó en su querida Grecia. Son esas preguntas propias de quien puede presumir a posteriori de haber disfrutado de un personaje o experiencia histórica a pesar de no ser consciente de su trascendencia en ese momento, del mismo modo que en Mende se levantarán este martes hablando de esa noche de enero en la que padecieron a Riyad Mahrez y no de las semifinales de la Champions League.

Cada persona recordará su propia anécdota en relación al título del Leicester, una de las historias más bellas que se escribirán este siglo. Dónde estuvo el día del Etihad, cuándo creyó de verdad que podían alzar el título, el día que descubrió la velocidad de Vardy, con quién vio el gol de Hazard o en quién piensa después de cada paso hacia la primera Premier League de la entidad. Será distinto, pero será lo mismo. Millones de puntos de vista diferentes sobre un mismo cuento de hadas.

También tendrán el suyo mis amigos griegos.

Sí, ha hecho historia. Foto: Focus Images Ltd.
Sí, ha hecho historia. Foto: Focus Images Ltd.

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Foto de portada: Focus Images Ltd.

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