Un recordatorio de la realidad

Roberto Firmino of Liverpool (right) runs with the ball ahead of Cedric Soares of Southampton during the Barclays Premier League match at Anfield, Liverpool
Picture by Greg Kwasnik/Focus Images Ltd +44 7902 021456
24/10/2015

El once inicial del Liverpool en el empate nada espectacular (1-1) contra el Southampton, el tercer partido en el banquillo de Jürgen Klopp, mostró solo dos cambios con respecto al que se enfrentó al Everton en el último partido de Brendan Rodgers como entrenador de los reds. Es más, los dos jugadores que jugaron en el derby del Merseyside, Daniel Sturridge y Danny Ings, no se ausentaron por causa de una revolución táctica, sino por molestias físicas.

Cuando Klopp llegó a Anfield trajo una oleada de expectativas. En los diez días entre la confirmación del fichaje del alemán durante el parón de selecciones y su primer partido en el área técnica, la reputación y aspiraciones de su equipo parecían cambiar de manera irreconocible. Fueron casi olvidados los problemas defensivos, el nivel de la plantilla y la falta de estrellas del índole de Gerrard y Suárez. En su lugar, había júbilo por la llegada de una nueva era, optimismo absoluto, y apareció una palabra en alemán en la ciudad de Liverpool, gegenpressing. No se puede dudar el currículo de Jürgen Klopp, y ciertamente parece tener capacidades tan adecuadas como las de cualquier otro entrenador en el fútbol mundial para resolver los problemas del club, pero no podrá conseguirlo de inmediato. Las predicciones de una transformación instantánea, como las de los ex-jugadores David James y Steve McManaman en la televisión inglesa sobre una victoria de cuatro o cinco goles ante el Rubin Kazan, no son realistas y no ayudan a un entrenador en sus esfuerzos para edificar un equipo exitoso.

El partido contra los Saints mostró la realidad de este equipo: los problemas y la potencial. Es verdad que un nuevo entrenador puede traer ímpetu inmediato, una racha de cuatro o cinco victorias debida a un cambio psicológico, la introducción de conceptos diferentes y una hoja en blanco. Sin embargo, Klopp tiene dificultades adicionales. Desde que ha asumido sus funciones, ha perdido dos talentosos jugadores jóvenes, Ings y Joe Gomez, por lesiones serias de rodilla, y no ha podido empezar un partido con Daniel Sturridge, Christian Benteke, ni Roberto Firmino. En el primer tiempo contra el Southampton se notó demasiado que su equipo tenía al cuarto delantero sobre el campo. Divock Origi es un futbolista con un futuro prometedor, pero solo tocó la pelota diez veces en 45 minutos antes de ser sustituido por su compatriota belga, Christian Benteke, y ahora mismo no es el jugador que cualquier equipo luchando para jugar en la Champions League querría como su punto de fuga.

Benteke marcó un gol de cabeza (Foto: Focus Images Ltd)
Benteke marcó un gol de cabeza (Foto: Focus Images Ltd)

Con la reanudación vino la sustitución en la que no hizo falta ser un entrenador innovador para entender. Benteke, regresando paulatinamente de una lesión, entró para aportar un referente ofensivo y, dos minutos más tarde, combinó con el ex-capitán de los Saints, Lallana, para crear una ocasión que resultó en cuatro córners consecutivos para los de Klopp. A pesar de esta mejora, continuaron luchando para desmantelar la estructura defensiva del Southampton hasta el 77’, cuando James Milner centró desde la banda derecha y Benteke marcó con un cabezazo poderoso del estilo de Alan Shearer, llenando Anfield de optimismo de nuevo.

A cinco minutos del final, parecía que Klopp ganaría por primera vez con su chándal nuevo, pero durante todo el partido el Southampton había identificado la susceptibilidad de la defensa local en el juego aéreo y fue de este modo como llegó el gol de empate. Antes, Steven Davies y Virgil Van Dijk habían desperdiciado ocasiones claras después de errores aéreos de los reds, pero cuando la pelota vino a Sadio Mané de un cabezazo de Gastón Ramírez en el 86’, el senegalés la empujó al fondo de la red para dejar a Klopp esperando su primera victoria. Tras el gol, Mané fue expulsado por dos tarjetas amarillas innecesarias pero el Liverpool verdaderamente nunca amenazó con aprovecharse de la ventaja numérica y desnivelar el partido en los minutos restantes.

La realidad es que Klopp tiene las mismas herramientas que tenía Rodgers. Es buen entrenador, pero no es mago.

Foto de portada: Focus Images Ltd

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