Más que un partido perdido

Jose Mourinho during the Chelsea Press Conference at their Training Ground prior to their Premiership match against Liverpool this weekend.  Cobham
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08/05/2015

“Esto no va a seguir así, es un equipo de Mourinho”. Es una opinión que se escucha con menos frecuencia y menos convicción en los pubs de Inglaterra después cada tropezón de los blues esta temporada.

En junio de 2004, en su primera rueda de prensa en Inglaterra, un entrenador joven con un magnetismo natural se anunció como ‘Special One’. Su equipo, con el respaldo financiero del billonario ruso Roman Abramovich ganó la primera liga del Chelsea en cincuenta años y, a lo largo de cuatro temporadas, cambió el panorama del fútbol inglés. José Mourinho siempre tenía una aura de superioridad y brillantez calculada. Se estableció no sólo como un de los entrenadores más influyentes del mundo, sino como una de las personalidades más reconocibles del deporte. Gracias a este carisma se ganó el cariño de la prensa y los hinchas del fútbol. Siempre parecía tener el control de todo, así como una manera de ganar partidos y proteger a sus jugadores, darles confianza y desviar la atención pública de cualquier problema en el césped .

Cuando ‘Mou’ llegó de nuevo a Stamford Bridge hace 28 meses, el público inglés no recordaba las polémicas en Madrid, sino las acciones heroicas en Londres. En sus primeras dos temporadas todo fue bien, como se esperaba, éxito y armonía. Es verdad que el estilo de su equipo cambió en los últimos meses del curso, pero siempre con el fin de ganar. Esta temporada el escenario es casi igual, pero los resultados no tienen precedentes en la carrera del portugués. Tras diez fechas de la Premier League 2015-16, su equipo ha perdido cinco veces, encajando 19 goles. Hace once años, en toda la temporada 2004-05, perdió una vez y encajó solo 15 goles. Nadie esperaba que eso se repitiese, pero esta transformación es espectacular.

Jose Mourinho (Foto: Focus Images Ltd)
Jose Mourinho (Foto: Focus Images Ltd)

Y no sólo han cambiado las estadísticas de la clasificación, sino que la serenidad y disciplina del entrenador y su equipo también se esfumaron. Los mejores equipos pierden partidos, así es el fútbol, pero hubo un momento en la derrota contra el West Ham (2-1) en la que el Chelsea y Mourinho perdieron algo de lo que antes siempre parecían tener dominio, el control. Perdiendo 1-0 fuera de casa contra un equipo en buena racha, se habría esperado que el Mourinho de antaño encontrara una manera de ganar, pero no apareció ese sentido de invulnerabilidad. Se había adelantado el West Ham en el 17’ con un gol de Mauro Zarate a la salida de un córner ejecutado de Dimitri Payet. Los hammers continuaban controlando el juego con pocos problemas cuando en el 44’ llegó el momento en que se reveló la debilidad del Chelsea. Nemanja Matic derribó a Diafra Sakho en la banda derecha y vio la segunda tarjeta amarilla. La falta fue innecesaria y clarísima pero el equipo visitante se enfadó por la decisión. Los jugadores de camiseta azul rodearon al colegiado y Mourinho sonrió incrédulo. No es nada especial en el fútbol moderno, pero lo sorprendente fue la vehemencia y autenticidad con que protestaron una decisión tan indudable. Cesc Fàbregas y Diego Costa recibieron tarjetas amarillas y el preparador de porteros, Silvino Louro, fue expulsado por su reacción. Mourinho no volvió al banquillo en el segundo tiempo después de ser expulsado por intentar entrar en la sala del árbitro durante el descanso. El Chelsea perdió su autocontrol y disciplina.

Sin embargo, el fútbol es un juego extraño y después de la reanudación, pareció que el West Ham estuvo más afectado por el caos que había provocado su oponente. La intensidad de la primera parte desapareció y el Chelsea, sin mejorar drásticamente su nivel, empató a través de otro gol de córner. Adrián San Miguel, tan destacado en el resto de la temporada, vaciló y Gary Cahill definió con estilo muy parecido al gol de Zarate, otorgando al Chelsea una oportunidad para darle la vuelta al partido y, quizás, la temporada. Pero lo que vino después no fue un torrente de oportunidades. El entrenador croata Slaven Bilic quitó a Manuel Lanzini, goleador en Anfield en su primer partido como titular, y dio entrada a Andy Carroll. El gol fue sencillo y predecible. El lateral izquierdo, Aaron Cresswell, centró desde la banda y el delantero inglés superó fácilmente a César Azpilicueta en el aire y remató de cabeza para dar los tres puntos a los hammers. Los resultados sorprendentes se ven a menudo en la Premier League, pero éste no fue una sorpresa.

Slaven Bilic (Foto: Focus Images Ltd)
Slaven Bilic (Foto: Focus Images Ltd)
Foto de portada: Focus Images Ltd

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1 comments

“En su temporada del regreso todo fue bien, como se esperaba, éxito y armonía”.

En su temporada del regreso no ganó nada.

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