Prestigio

Riyad Mahrez, en lo más alto (Foto: Focus Images Ltd)

Es por la noche y el Leicester acaba de ganar la Premier League. Se supone que habíamos quedado en que haríamos varios artículos conmemorativos por su título -me correspondían dos y el segundo no lo vais a encontrar-, pero hace tiempo que no queda nada por explicar. Los del Leicester se han pasado los últimos meses diciéndonos a la cara, sin miedo alguno, todo lo que nosotros no queríamos reconocer. Lo repetían, insistían, y decíamos que no, que ya llegaría el Manchester City, o el Tottenham, o una lesión desafortunada para que la historia no se desviase demasiado de lo que creíamos como normal. Estábamos esperando el final del cuento con miedo pero con la ilusión de quien está deseando conocer mundo: si eran campeones, sucedería algo que jamás podíamos imaginar. Me siento culpable. Quienes nos dedicamos a contar cosas, en este caso relacionadas con el fútbol, podríamos haber aprovechado esta noche para enumerar una vez más todo lo bonito que han conseguido los de Claudio Ranieri, como ya hicimos en abril, en febrero, en diciembre y en mayo, ojo, el año pasado, cuando se salvaron, pero total, para qué, por qué, si no falta nadie por enterarse. La historia ya está escrita y a eso lo llamamos calcar.

Igual lo que prefiere el lector es que le recuerde los nombres de los once titulares y de los suplentes que cualquier hincha del Leicester se va a tatuar en su pecho. También podemos irnos hasta la tarde de Mahrez en el Etihad, con aquella bicicleta mágica que reventaba la liga inglesa. Otra opción es retroceder hasta la racha goleadora de Vardy, cuando todo aquello sólo era un sueño, o el gol de Morgan al Southampton, o la chilena de Okazaki al Newcastle, o el penalti en el descuento de Ulloa. Me da lo mismo, todo está bien. Si lo que el lector busca es la explicación, el capítulo a capítulo, le invito a encontrarla en el archivo de la web. Ahí están las respuestas a casi todo.

Me parece fantástico, adelante, pero el cuerpo me pide otra cosa.

Enhorabuena, Leicester (Foto: Focus Images Ltd)
Enhorabuena, Leicester City (Foto: Focus Images Ltd)

Lo que me pide el Leicester es que mire al fútbol de otra manera, sin que sea a través de un vídeo del móvil. Que, cuando vaya a su estadio, no grabe a la afición que canta, sino que cante con ellos. Que viva y me alimente de mi propio recuerdo. Que mi memoria sea la que me cuente cómo era el Leicester y que no necesite ver un vine para saber lo que ha pasado. Los Foxes nos están suplicando que atendamos a las pequeñas hazañas, que en este caso ha sido gigante. Que busque éxitos e historias donde nadie las podía imaginar. Y que las encuentre. Hace varios meses, en una zona mixta, un periodista que ha seguido al Leicester toda su vida decía que era “un cuento de hadas”, que era “Walt Disney”. En los próximos días va a publicar un libro sobre esta temporada que tendrá un título demoledor: “5.000-1, la historia del Leicester City“, la cuota que se pagaba en verano si salían campeones de la Premier League.

Hay una frase de la película ‘Birdman’ que lleva meses dando vueltas, me gustaría pensar, cerca del King Power Stadium: “La popularidad es la cuñadita guarra del prestigio“. Al contrario que la popularidad, que se centra en un boom temporal, lo prestigioso tiene un regusto del pasado: lo que ha ocurrido ha sido inmenso y va a durar para siempre. El prestigio no se gana de rebote y no es casualidad, sino solvencia y elegancia. El Leicester ha construido sobre la victoria, sobre muchas victorias, la mejor historia deportiva. Por eso han calado en todos nosotros. Queremos ver leicesters cada año y, aunque nos duela, aunque vayamos buscando parecidos, no los vamos a tener. Porque el resto de historias serán, esta vez sí, pequeñas. Pero para ello han tenido que perder. Han perdido muchísimo. Tanto como cualquiera.

Y, ahora, que es por la noche y el Leicester acaba de ganar la Premier League, lo que de verdad me pide el cuerpo es buscar un camino para ganar.

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Foto de portada: Focus Images Ltd

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